Por Luis Cino
¿Cómo creer en el llamado de Díaz-Canel a la paz y la concordia, a decir no al odio y la violencia, si 72 horas antes, al dar la orden de combate a los comunistas, incitó a la guerra civil y al deguello entre compatriotas?
Este 13 de julio, el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel volvió al espacio televisivo Mesa Redonda para hacer control de daños, luego de haber intentado sofocar las protestas contra su régimen echándole alcohol de reverbero a las llamas.
El sucesor de Raúl Castro quiso mostrarse atemperado y un poco más conciliatorio, llamando a la concordia y la armonía entre cubanos, pero no lo consiguió. Su discursar, en el que no pudo evitar que asomaran los epítetos despectivos, la soberbia y la guapería, sonó hueco, poco convincente, hipócrita.
El de ayer, así con soberbia y todo (es la naturaleza de los mandamases castristas), debió ser el discurso del domingo 11. Ahora, cuando corrió la sangre y todos vimos el rostro más feo de la represión, es tardío e insuficiente. Hay errores que no tienen rectificación posible.
¿Cómo creer en el llamado de Díaz-Canel a la paz y la concordia, a decir no al odio y la violencia, si 72 horas antes, al dar la orden de combate a los comunistas, incitó a la guerra civil y la degollina entre compatriotas?
Que avisen los mandamases si ya están dispuestos a un diálogo franco y civilizado con la sociedad civil independiente y los grupos de la oposición pro-democracia.
¿Cómo creer en el llamado de Díaz-Canel a la fraternidad si sigue insistiendo en llamar mercenarios y delincuentes a los manifestantes que no eran “confundidos”, según él, no tanto por el hambre y los abusos, sino por “las campañas mediáticas del enemigo imperialista en las redes sociales”?
Para que no haya dudas de lo que les espera a los arrestados durante las protestas, inmediatamente después de la alocución de Díaz-Canel, en el NTV y el programa Hacemos Cuba, que conduce el inefable Humberto López, advirtieron que habrá severas sanciones legales contra los acusados de cometer actos delictivos y de vandalismo. Los mismos actos que el castrismo celebra y justifica cuando ocurren, de modo mucho más vandálico, en Estados Unidos, Colombia o Chile.
Antes de que hablara Díaz-Canel, el primer ministro Manuel Marrero anunció el levantamiento temporal de las restricciones aduaneras a la importación por las personas que viajen a Cuba de medicinas, alimentos y artículos de aseo. Un anuncio que, como el llamado a la concordia de Díaz-Canel, debió hacerse antes de que la desesperación lanzara a las calles a protestar a millares de cubanos.
A tiros y a palos, el régimen logrará sobrevivir a este primer round con el pueblo. Pero si siguen con su cantaleta del bloqueo, si no toman medidas de calado para mejorar la muy precaria vida de los cubanos y no se deciden a hacer reformas democráticas, no pasará mucho tiempo sin que vengan otros rounds, probablemente más fuertes y organizados. Porque lo del 11 de julio, por mucho que los castristas digan lo contrario, fue espontáneo y nadie lo coordinó.
Los mandamases no deben olvidar que el pueblo ha dicho alto y claro en las calles que quiere libertad, y no se va a conformar con que le organicen las colas y le repartan un poco más de comida por la libreta de abastecimiento.
Fuente Cubanet
No dejes que el algoritmo oculte las noticias. Si confías en este sitio para obtener información confiable, por favor dedica un momento a seleccionarnos como tu fuente preferida en Google: haz clic aquí y marca el casillero o pulsa el botón de TotalNewsAgency.com para ver siempre nuestras noticias verificadas en tus preferencias.





