Buenos Aires, 11 de noviembre de 2025 – Total News Agency-TNA-Una fidelidad que ya no existe —la del gremio Sindicato de Camioneros que dirige Hugo Moyano— ha estallado en un conflicto abierto que combina crisis judicial, financiera y de liderazgo. Mientras avanza la investigación por un presunto desfalco de cerca de 10 millones de dólares, los empleados del sindicato, de su mutual y de la obra social comenzaron a recibir sus sueldos en cuotas, y brotaron violentas peleas entre facciones durante un torneo de fútbol, revelando la profundidad de la fractura interna.
El detonante formal de la crisis es la denuncia ante la Justicia de la Unidad Fiscal N.º 10 de Mar del Plata por presuntos sobreprecios en la renovación del hotel “15 de Diciembre”, propiedad del gremio. Los secretarios administrativo, Claudio Balazic, y tesorero, Paulo Villegas, ambos aliados de Moyano, fueron desplazados tras autorizar pagos que hoy se analizan en la pericia contable, que se espera esté concluida antes de fin de mes. Las fuentes afirman que ese caso reavivó resentimientos antiguos y puso en escena la disputa entre distintas líneas dirigentes.
La inestabilidad financiera del gremio se suma como factor agravante: la obra social registra un rojo alarmante y los pagos escalonados a trabajadores despertaron malestar en las bases. Carteles aparecieron en el sanatorio de San Justo que criticaban a Liliana Zulet —esposa de Moyano— por su papel en la gestión interna, lo que evidencia cómo la disputa familiar y de poder se entrelaza con la crisis gremial.
El sábado, durante un torneo organizado por la rama Agua y Gaseosas en la cancha de Argentino de Merlo, la tensión se volvió tangible: dos facciones del gremio se enfrascaron en una batalla campal que terminó con corridas, golpes y videos circulando masivamente en redes sociales. De acuerdo con testigos, un bando respondía a Pablo Moyano —hijo mayor del líder— y otro al sector más cercano a Jerónimo Moyano, hijo menor, alineado con su padre. Entre los agresores, se habría identificado también a miembros de barras de fútbol como la Banda del Oeste de River.

La pelea se inscribe en una sucesión de hechos: semanas antes, panfletos anónimos frente a la sede de Camioneros en Constitución atacaron a Marcelo “Aparicio”, secretario gremial señalado como hombre clave de la rama Recolección y próximo a Pablo Moyano. En ese clima, los desplazamientos de dirigentes históricos y la apertura de causas judiciales actúan como catalizadores de la fractura.

El fondo de la disputa combina dos ejes. Primero, el relevo generacional: Moyano tiene 81 años y su liderazgo, otrora incuestionado, ahora se deshilacha ante el ascenso de su hijo Pablo y otros referentes jóvenes. Esa dinámica se agrava con la falta de claridad sobre quién conduce el sindicato. En segundo lugar, la crisis política-económica del gremio exige nuevas respuestas de gestión que la estructura tradicional no está proveyendo: atrasos en prestaciones médicas, red interna de negocios paralelos con plantas de gaseosas y recolección y la percepción de que la estructura perdió su rumbo histórico.
El impacto de la crisis no se limita al interior del gremio: Camioneros, considerado por décadas un actor clave en la política y la economía argentina, ve cómo sus bases se desenganchan. En la rama Recolección —la más numerosa y combativa— se multiplican asambleas críticas donde delegados advierten que la “era moyanista” terminó. Mientras tanto, desde el entorno de Pablo Moyano se trabaja para capitalizar apoyos con pintadas en apoyo a Aparicio y campañas de respaldo que desafían al núcleo tradicional del gremio.
La combinación de inestabilidad financiera, conflictividad interna y desgaste en el liderazgo plantea un interrogante inmediato: ¿aguantará la conducción actual hasta 2027, cuando vence el mandato formal, o estallará la crisis antes de tiempo? En el seno de Camioneros algunos ya apuestan a que el colapso llegará antes de lo previsto.
La fractura ya trascendió las oficinas sindicales para irradiarse hacia la calle, el deporte, la obra social del gremio y su red de negocios. El torneo en Merlo y los videos de la pelea simbólica son apenas el reflejo más visible de un proceso profundo de descomposición del poder interno. El sindicato que supo erigir Moyano como polo de negociación y confrontación política ahora enfrenta el desafío de reconstruir su identidad o resignarse a la irrelevancia.

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