Buenos Aires, 15 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- La crisis política y judicial que envuelve al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, dejó de ser un problema exclusivo de la oposición dura y empezó a perforar la zona más sensible para la Casa Rosada: el vínculo con los aliados dialoguistas y con sectores del PRO que venían acompañando al oficialismo en el Congreso. En las últimas horas, distintas voces de ese universo comenzaron a plantear, en reserva pero con creciente firmeza, que la situación del funcionario ya se volvió un obstáculo para sostener acuerdos y para evitar que el Gobierno quede atrapado en una agenda defensiva que tapa cualquier otra noticia.
El malestar no apareció en un vacío. Según referentes de bloques que suelen acompañar a La Libertad Avanza y también gobernadores con perfil dialoguista admiten una preocupación cada vez mayor por el costo político del caso Adorni. El punto que más inquieta no es sólo la causa judicial en sí, sino el desgaste constante que genera sobre la gestión, la dificultad para tender puentes y la sensación de que el jefe de Gabinete se convirtió en un foco de conflicto permanente. El razonamiento que circula entre esos espacios es simple: mientras el funcionario siga en el centro del escándalo, cualquier intento del Gobierno por ordenar su agenda legislativa quedará contaminado.
Ese fastidio ya empezó a traducirse en pedidos concretos. De acuerdo con la misma reconstrucción periodística, desde la oposición dialoguista comenzaron a reclamar que el oficialismo tome medidas urgentes, y algunos dirigentes directamente plantean que Adorni debería renunciar. El reclamo incluye, además, una exigencia puntual: que el Gobierno desista de enviarlo al Congreso el próximo 29 de abril para presentar su informe de gestión. No se trata de una amenaza menor, porque los mismos sectores advierten que, mientras el jefe de Gabinete siga en su cargo en estas condiciones, no hay clima político para avanzar con proyectos que la Casa Rosada necesita discutir en el corto plazo, entre ellos la nueva ley de salud mental, la inviolabilidad de la propiedad privada y la reforma política.
El dato más delicado para el oficialismo es que el malhumor también alcanzó al PRO, donde ya no sólo se escuchan críticas por lo bajo, sino diagnósticos bastante terminantes sobre el futuro del ex vocero. Aunque el partido de Mauricio Macri mantiene una actitud de acompañamiento institucional en varios temas, dentro de ese espacio crece la idea de que el Gobierno no puede seguir perdiendo tiempo con una defensa cerrada de Adorni. Aun así, en el macrismo también convive otra mirada: la de que el oficialismo todavía tiene herramientas para revertir el daño, porque conserva respaldo social, tiempo político, una macroeconomía más ordenada que la heredada y una oposición fragmentada. Esa ambivalencia explica por qué, aunque el malestar exista, la presión todavía no se convirtió en una ruptura formal.
Frente a ese frente de tormenta, Javier Milei eligió por ahora el camino opuesto: blindar a su jefe de Gabinete y exhibirlo. El Presidente no sólo mantuvo la decisión de que Adorni se presente en Diputados, sino que además redobló el respaldo político al llevarlo a la cumbre de AmCham, donde el funcionario estuvo en la comitiva oficial y ocupó un lugar visible en medio del empresariado y del círculo rojo. El gesto fue leído en la Casa Rosada como una respuesta directa a quienes ya lo daban por políticamente liquidado. En esa misma línea, Martín Menem ratificó que el informe del 29 de abril sigue en pie y hasta anticipó una jornada de alta tensión.
Pero el problema para el Gobierno es que esa demostración de respaldo no alcanza, al menos por ahora, para calmar a quienes necesitan convivir con el costo parlamentario del caso. Incluso medios como Infobae y La Nación coinciden en que dentro del oficialismo hay preocupación por el daño acumulado y en que la cúpula del poder sigue sosteniendo a Adorni principalmente por la decisión de los hermanos Javier y Karina Milei, no porque su situación política haya mejorado. Más aún: la propia preparación de su defensa para la comparecencia en el Congreso muestra que el oficialismo asume que la exposición será áspera y que el tema está lejos de desinflarse.
En definitiva, el Gobierno enfrenta un dilema cada vez más incómodo. Si sostiene a Adorni, arriesga seguir atado a un desgaste que ya empezó a incomodar incluso a sus socios más útiles. Si lo corre, admitiría que el caso se llevó puesto a una de las figuras más visibles del dispositivo libertario. Por ahora, la decisión de Milei parece ser aguantar. Pero el dato político del momento es otro: el cerco ya no se lo arma sólo la oposición dura. Se lo empiezan a cerrar también aquellos aliados que, hasta hace poco, eran una pieza imprescindible para que el oficialismo pudiera gobernar sin sobresaltos.





