Por Adalberto Agozino
La retirada del reconocimiento a la República Árabe Saharaui Democrática coincide con nuevos apoyos europeos al plan marroquí de autonomía y refuerza la ofensiva diplomática impulsada por Rabat bajo la dirección de Mohammed VI
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La decisión de Honduras de suspender su reconocimiento a la falsa e inexistencia República Árabe Saharaui Democrática marca un nuevo punto de inflexión en la prolongada disputa por el Sáhara. En un contexto internacional cada vez más inclinado hacia las tesis de Marruecos, el movimiento hondureño no solo reordena equilibrios en América Latina, sino que contribuye a profundizar el aislamiento del Frente Polisario, cuyo respaldo externo se concentra hoy esencialmente en Argelia.
La medida, comunicada oficialmente por Tegucigalpa, se inscribe en una lógica de respaldo a los esfuerzos de Naciones Unidas para alcanzar una solución política negociada. Al mismo tiempo, implica un distanciamiento explícito de las posiciones históricamente favorables a los separatistas apoyados por Argel, en línea con una tendencia creciente de apoyo a los derechos de Marruecos, que se registra en países de distintos continentes.
Ese viraje diplomático coincide con un refuerzo significativo del apoyo europeo a la propuesta marroquí de autonomía. Austria ha expresado recientemente su respaldo a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que considera que una autonomía “real” bajo soberanía marroquí puede constituir una de las soluciones más viables al conflicto . Este posicionamiento no solo valida el enfoque defendido por Rabat, sino que lo sitúa dentro del marco de referencia multilateral impulsado por Naciones Unidas.
En paralelo, el Reino Unido ha consolidado una postura aún más explícita. Londres ha reiterado que la Propuesta para la Negociación de un Plan de Autonomía para la Región del Sáhara, presentado por Marruecos, constituye “la base más creíble, viable y pragmática” para alcanzar una solución duradera, reforzando así su alineamiento con la iniciativa marroquí. Este respaldo se ha visto acompañado por un fortalecimiento de las relaciones bilaterales entre ambos países, en un contexto de creciente cooperación estratégica.
Igual posición fue expresada en una Comunicación conjunta adoptada por Ignazio Cassis, consejero federal, vicepresidente de la Confederación Suiza, jefe del Departamento Federal de Asuntos Exteriores, quién en una declaración dada a conocer en Berna expresó que, Suiza saluda” “la adopción de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad”, afirmando que una “verdadera autonomía bajo soberanía marroquí podría constituir una de las soluciones más viables”.
En este escenario, el aislamiento del Frente Polisario se hace cada vez más evidente. Aunque la organización mantiene su reivindicación de un referéndum de autodeterminación, la pérdida progresiva de apoyos diplomáticos y el reposicionamiento de numerosos Estados debilitan su capacidad de influencia. Argelia continúa siendo su principal sostén político, financiero y militar, pero ese respaldo resulta insuficiente para contrarrestar la tendencia global.
La acumulación de decisiones como la de Honduras forma parte de una dinámica más amplia que Marruecos presenta como una serie de éxitos diplomáticos sostenidos. En los últimos años, Rabat ha logrado atraer a un número creciente de países hacia su propuesta, apoyándose en una estrategia que combina pragmatismo político, cooperación económica y una intensa actividad en foros internacionales.
En el centro de esta ofensiva se encuentra la figura del rey Mohammed VI. Bajo sus directrices, Marruecos ha articulado una política exterior coherente y persistente que ha logrado reposicionar el conflicto del Sáhara en términos favorables a sus intereses. La insistencia en presentar la autonomía como una solución realista y negociada ha ido permeando en la comunidad internacional, generando un cambio progresivo en las percepciones.
El resultado es un tablero en transformación, donde el reconocimiento a la inexistente República Árabe Saharaui Democrática pierde terreno mientras se consolida una corriente favorable a la propuesta marroquí. La decisión de Honduras, junto con los respaldos explícitos de Austria y el Reino Unido, no hace sino confirmar una tendencia de fondo que redefine los márgenes de la negociación futura.
En medio de este reequilibrio, el conflicto artificial en el Sáhara continúa abierto. Sin embargo, la dirección de los apoyos internacionales parece cada vez más clara, dibujando un horizonte en el que la propuesta de autonomía de Marruecos gana centralidad mientras la opción separatista se enfrenta a un aislamiento creciente.





