Buenos Aires, 16 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- El presidente Javier Milei reafirmó su respaldo político e institucional al mandatario boliviano Rodrigo Paz Pereira, jaqueado por una crisis social, económica y de abastecimiento que derivó en bloqueos de rutas, protestas violentas y una ofensiva de sectores sindicales, campesinos y mineros que ya reclaman abiertamente la renuncia del gobierno democráticamente electo.
El apoyo argentino se expresó con hechos concretos: el envío de aviones Hércules de la Fuerza Aérea Argentina para tareas de asistencia humanitaria y transporte de alimentos hacia zonas afectadas por los bloqueos, en particular La Paz y El Alto, ciudades que quedaron golpeadas por el desabastecimiento tras dos semanas de cortes.
Paz Pereira utilizó su cuenta de X para agradecer públicamente a Milei por el “invaluable apoyo” de la Argentina. El mandatario boliviano sostuvo que el envío de los aviones no sólo fortalece los lazos históricos de hermandad entre ambos países, sino que representa “un alivio vital” para comunidades que atraviesan un momento de enorme necesidad.
La respuesta de Milei tuvo un claro contenido político. El Presidente argentino afirmó que la República Argentina acompaña al pueblo boliviano y respalda a las autoridades democráticamente electas “frente a quienes buscan desestabilizar y obstaculizar el camino de la libertad y el progreso”. También aseguró que el Gobierno argentino seguirá acompañando a Bolivia “con cooperación, decisión y hechos concretos”.
La definición no fue casual. Bolivia atraviesa una crisis de gobernabilidad apenas seis meses después de la asunción de Rodrigo Paz, quien llegó al poder tras dos décadas de predominio del Movimiento al Socialismo y con una agenda de reformas orientadas a corregir una economía golpeada por escasez de dólares, falta de combustibles, deterioro energético y presión social acumulada.
Durante las últimas dos semanas, bloqueos liderados por la Central Obrera Boliviana (COB), sindicatos campesinos, sectores mineros y grupos afines al evismo provocaron una virtual parálisis en rutas estratégicas. La falta de alimentos, combustibles y oxígeno medicinal golpeó especialmente a La Paz, donde hospitales y mercados comenzaron a sentir con crudeza el impacto del cerco.
El gobierno boliviano denunció que detrás de la escalada existen sectores vinculados al expresidente Evo Morales, quien mantiene una fuerte influencia territorial, especialmente en el Chapare, y enfrenta además un proceso judicial por presunta trata de personas. La Justicia boliviana ordenó recientemente su captura tras declararlo en rebeldía por no presentarse a una audiencia, un dato que agrega combustible a un escenario político ya extremadamente inflamable.
La crisis escaló cuando mineros intentaron avanzar sobre zonas sensibles de La Paz y se produjeron enfrentamientos con fuerzas de seguridad. Según reportes internacionales, algunos manifestantes utilizaron dinamita y explosivos artesanales, mientras la Policía respondió con gases lacrimógenos. Los reclamos iniciales por combustibles, explosivos, normas laborales y reformas económicas derivaron luego en una consigna más dura: la salida de Paz Pereira del poder.
En ese contexto, el gobierno boliviano ordenó en la madrugada del sábado un operativo de desbloqueo de rutas para permitir el ingreso de alimentos, combustibles y suministros médicos. Más de 3.500 efectivos policiales y militares comenzaron a abrir corredores humanitarios en los principales accesos a La Paz, con instrucciones oficiales de no utilizar armas letales. El objetivo declarado fue restablecer la circulación de camiones, cisternas y cargas esenciales retenidas durante días.
El viceministro de Régimen Interior, Hernán Paredes, explicó que las fuerzas actuarían como dispositivo disuasivo y que el apoyo militar tendría como finalidad evitar un colapso humanitario. El comandante de la Policía, Mirko Sokol, definió la operación con una frase clara: “Estamos abriendo un corredor humanitario”.
La magnitud del bloqueo dejó consecuencias dramáticas. El gobierno boliviano informó que al menos tres personas murieron por falta de auxilio médico en medio de las interrupciones de tránsito y el desabastecimiento. También se registraron hospitales con reservas críticas de oxígeno, mercados con faltantes y precios en alza, y camiones de exportación varados durante días.
La ofensiva callejera contra Paz Pereira tiene elementos clásicos de una presión destituyente: cortes prolongados, desabastecimiento de centros urbanos, escalada de violencia, uso de sectores corporativos para condicionar al Ejecutivo y pedidos de renuncia apenas meses después de la elección. Que los reclamos sociales existan no habilita a convertirlos en un mecanismo de asfixia institucional.
Desde una mirada regional, el respaldo de Milei tiene una lectura estratégica. La Argentina no sólo envió asistencia humanitaria: también fijó posición frente a una crisis donde se juega la estabilidad democrática de un país vecino. Para el Gobierno argentino, permitir que una coalición de sindicatos, mineros, campesinos y operadores políticos empuje la caída de un presidente electo sería convalidar una metodología que América Latina ya conoce demasiado bien.
El mensaje también apunta contra el eje populista que durante años dominó buena parte de la política regional. Evo Morales, que gobernó Bolivia entre 2006 y 2019, conserva capacidad de movilización y de presión. Su entorno y sus bases siguen siendo actores centrales en la disputa. Pero el país ya votó otro rumbo, y el respeto a ese mandato popular es una condición básica para cualquier convivencia democrática.
La situación boliviana combina una crisis económica real con una pulseada política de alto voltaje. Hay reclamos por salarios, combustibles, acceso a insumos mineros y medidas del gobierno. Pero también hay una disputa por el poder. Los bloqueos no sólo buscan respuestas sectoriales; buscan debilitar a un Ejecutivo sin mayoría legislativa robusta y sin un partido de masas que pueda defenderlo en la calle.
En ese marco, la ayuda argentina adquiere valor político y humanitario. Los aviones Hércules permiten sortear los bloqueos terrestres y llevar insumos donde las rutas quedaron cerradas. Es una respuesta concreta frente a una crisis fabricada, en parte, por quienes utilizan el desabastecimiento como herramienta de presión política.
Para Milei, el respaldo a Paz Pereira también es coherente con su discurso regional: apoyo a gobiernos que enfrenten estructuras populistas, defensa de la libertad económica y rechazo a maniobras de desestabilización. En un continente donde los golpes tradicionales fueron reemplazados muchas veces por golpes de calle, bloqueos, judicialización selectiva, violencia sindical o asfixia económica, la posición argentina busca marcar una frontera.
La crisis boliviana todavía está lejos de resolverse. El desbloqueo puede aliviar el ingreso de alimentos y combustibles, pero no desactiva por sí solo la confrontación política. Si los sectores movilizados mantienen el reclamo de renuncia y el gobierno no logra recomponer abastecimiento, autoridad y diálogo, el conflicto puede profundizarse.
Lo que sí quedó claro es que Milei eligió no mirar para otro lado. En lugar de limitarse a un comunicado diplomático, envió ayuda humanitaria y respaldó explícitamente al presidente boliviano. En tiempos de inestabilidad regional, ese gesto importa: la defensa de la democracia no se mide sólo en discursos, sino también en aviones, alimentos, cooperación y decisiones concretas.




