Por Nicolás J. Portino González
Madrugada del 31 de mayo de 2026.
Buenos Aires, 1 de junio de 2026‑Total News Agency‑TNA‑ Un informe reservado que comenzó a circular este 1 de junio bajo la denominación Black Folder 5IG traza un escenario inquietante para la oposición y, al mismo tiempo, alentador para el oficialismo: si las tendencias actuales se consolidan, Javier Milei llegaría como primera minoría al balotaje presidencial de 2027 y tendría serias chances de imponerse gracias a la fragmentación opositora, la mejora relativa de variables económicas sensibles y una transferencia de votos que, por ahora, le sigue resultando favorable.
El trabajo sostiene que el núcleo explicativo del fenómeno no pasa tanto por un enamoramiento político con el Presidente como por una combinación más pedestre, pero eficaz: alivio económico relativo, desgaste extremo de las alternativas y ausencia de un relato opositor creíble. En esa lógica, el votante no estaría premiando una utopía, sino comparando lo actual con el desastre previo y concluyendo, aunque sea con reservas, que hoy está menos mal que antes.
Para fundamentar ese diagnóstico, el informe reconstruye la experiencia combinada entre inflación, salario y tipo de cambio. Según el documento, al final del gobierno de Alberto Fernández, en diciembre de 2023, el salario promedio era de US$404, luego de un período signado por una inflación acumulada de 393,2%. Hoy, dos años y medio después, el salario promedio se ubicaría en US$1.042 mensuales, con un tipo de cambio liberado que ronda los $1.440 por dólar y sin cepo cambiario. Bajo esa mirada, el salario en dólares se habría multiplicado por 2,58 veces en treinta meses.

El otro dato que el informe usa para sostener su hipótesis es la desaceleración inflacionaria. Siempre según Black Folder 5IG, la inflación acumulada fue de 117,8% en 2024, de 31,5% en 2025 y de 12,3% en los primeros seis meses de 2026. Aunque los períodos no son homogéneos y exigen prudencia analítica, el documento interpreta la secuencia como una mejora visible para una sociedad agotada por años de inflación crónica y deterioro monetario.

El informe pone especial énfasis en la estructura social. Allí aparece uno de sus hallazgos más relevantes: el 76% de la población —clases media baja, baja superior y baja inferior— vive con ingresos inferiores o apenas superiores al salario promedio. En cambio, la llamada clase media típica representaría apenas el 18%, con ingresos mensuales estimados en US$2.639, mientras que la clase alta, un 6%, concentraría un tercio de la riqueza. Dicho de otro modo: la Argentina sigue siendo un país socialmente achatado, con un volumen enorme de población para la cual cualquier mejora relativa del ingreso tiene impacto político inmediato.

Dentro de ese universo, el documento identifica una franja decisiva: los 20,5 millones de argentinos de entre 16 y 43 años. Allí conviven los votantes primerizos de 2027, nacidos en 2010 y 2011, y también los adultos jóvenes que, por primera vez, superan los US$1.000 de salario. En ese grupo aparecen además quienes hoy tienen entre 42 y 43 años, nacidos en 1983, que comenzaron su vida laboral bajo el kirchnerismo, atravesaron el estancamiento, la inflación, la volatilidad del macrismo y el colapso final del gobierno de Alberto Fernández. Según la lectura del informe, ese segmento no votaría a Milei por mística ideológica, sino por una mezcla de alivio económico y hartazgo con el pasado.
La oposición, mientras tanto, aparece atrapada en sus propios antecedentes. El kirchnerismo carga con la marca de haber dejado un salario promedio de US$404 y una inflación acumulada de 393,2% en su tramo final. El macrismo, a su vez, quedó asociado a una inflación de 296%. El PRO sigue reducido, sin épica y sin una narrativa potente. En ese escenario, el documento menciona un hecho novedoso y políticamente explosivo: Horacio Rodríguez Larreta estaría reclutando militantes de La Cámpora, en una configuración que abre la hipótesis de un eventual entendimiento con Cristina Fernández de Kirchner. Pero aun si ese frente K-Larreta se consolidara, la transferencia de votos en un balotaje seguiría favoreciendo al oficialismo.
La matriz de flujo que presenta el informe es elocuente. El voto del PRO, estimado en 13%, migraría hacia Milei en un 89%. El eventual espacio K-Larreta le terminaría transfiriendo al oficialismo el 70% de sus votos en segunda vuelta. En tanto, el peronismo federal de Miguel Ángel Pichetto, valuado en 14%, aportaría a Milei un 35% de su caudal. A eso se sumaría un “voto oculto” equivalente a 2,5 puntos adicionales.

Con esos insumos, el informe proyecta una base electoral favorable al Presidente. La simulación de Monte Carlo sobre 10.000 iteraciones ubica a Milei por encima del 52% en el 50,5% de los escenarios. Y si el Gobierno efectivamente implementa una batería de medidas preelectorales —reducción del IVA, baja del Impuesto a las Ganancias y una moratoria con refinanciación para empresas endeudadas—, el escenario base podría elevarse del 52% al 54%.

El trabajo agrega, además, un dato delicado: detecta una supuesta filtración y operación desde el Servicio de Inteligencia Argentino (S.I.A.), bajo la órbita de la SIDE, contra el propio Gobierno, en articulación con actores opositores y cabilderos. Entre los nombres mencionados aparece Eugenio Casielles, uno de los ex armadores de Milei en 2023. La hipótesis del informe es que esas maniobras apuntan a erosionar la gobernabilidad y drenar votos hacia candidaturas marginales.
A catorce meses de las PASO de agosto de 2027, la conclusión del informe es brutalmente simple: Milei no ganaría por amor, sino por descarte. Ganaría porque la mejora relativa de salario, inflación y dólar le da oxígeno en un segmento social masivo; porque la oposición arrastra el peso de sus propios fracasos; y porque, aun con desgaste, sigue sin aparecer del otro lado una alternativa competitiva, coherente y deseable. En términos de ciencia política, eso se parece bastante a una victoria por knockout técnico.





