Buenos Aires-04 junio 2026-Total News Agency-TNA– El Senado le propinó este jueves un golpe político al presidente Javier Milei al aprobar el pliego de María Verónica Michelli, la candidata a jueza federal que el Gobierno intentó retirar por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, en una decisión que había generado rechazo incluso dentro del propio oficialismo.
La postulación de Michelli fue aprobada por 44 votos afirmativos, 18 negativos y 2 abstenciones, con apoyo del peronismo, bloques dialoguistas y el libertario Francisco Paoltroni. En contra votaron senadores de La Libertad Avanza, mientras que la jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, se abstuvo junto a la radical chaqueña Silvina Schneider.

Para amortiguar el impacto político de la derrota, Milei buscó presentar la sesión como una victoria institucional. Desde su cuenta de X, el Presidente celebró la aprobación de 74 pliegos judiciales y escribió: “EL INICIO DE LA RECONSTRUCCIÓN DE LA JUSTICIA: en un verdadero hito se aprobaron 74 pliegos”. El mensaje fue acompañado por el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, pese a que dentro del paquete aprobado quedó incluida justamente la postulación que la Casa Rosada había intentado frenar.
La maniobra dejó una imagen incómoda para el Gobierno: el Presidente festejó como éxito global una votación que, en uno de sus puntos más sensibles, significó una derrota directa para su decisión política. El oficialismo buscaba retirar el pliego de Michelli, pero el Senado avanzó igual y terminó convalidando la candidatura de la funcionaria judicial para ocupar una vocalía en el Tribunal Oral Federal de La Plata.
El conflicto había escalado luego de que trascendiera que el Gobierno pretendía retirar el pliego por el vínculo familiar de Michelli con Alconada Mon, periodista de La Nación que publicó investigaciones sensibles para la administración libertaria. La explicación generó cuestionamientos de sectores opositores, organizaciones de abogados y legisladores aliados, que advirtieron sobre una posible discriminación por parentesco y un mensaje intimidatorio hacia la prensa.
La propia Bullrich marcó distancia de la línea presidencial. Durante el debate, la senadora sostuvo que tenía una “objeción de conciencia” y afirmó que no podía atribuirse una consecuencia disciplinaria a una persona por una relación familiar. “La evaluación que hace el Senado es por los méritos y estos se han merituado en los distintos pasos”, planteó la jefa del bloque libertario, en una definición que expuso la fractura interna de La Libertad Avanza.
La sesión fue tensa desde el inicio. El acuerdo previo de Labor Parlamentaria contemplaba tratar una cantidad menor de pliegos, pero antes del debate se incorporó un paquete más amplio. La situación derivó en cruces entre bloques, reclamos del peronismo y un cuarto intermedio pedido por Bullrich para ordenar la sesión. Tras casi una hora de negociaciones, se acordó avanzar con todos los pliegos que estaban en condiciones de ser tratados.
El presidente del interbloque peronista, José Mayans, denunció que se estaban rompiendo los acuerdos de buena fe alcanzados en Labor Parlamentaria y pidió precisiones sobre la cantidad de pliegos incluidos. La vicepresidenta Victoria Villarruel, a cargo de la sesión, reconoció que originalmente se habían mencionado 50 pliegos, pero que antes del inicio se sumó la totalidad de los expedientes disponibles.
Finalmente, el Senado aprobó primero por amplia mayoría 73 pliegos judiciales y luego avanzó con el caso Michelli, que se transformó en el punto político más caliente de la jornada. El resultado dejó a la oposición y a bloques dialoguistas con capacidad de imponer agenda frente a una Casa Rosada que no logró disciplinar siquiera a todos los senadores de su propio espacio.
Entre los pliegos aprobados figuran nombres vinculados a la llamada “familia judicial”. Fue avalada la designación de Emilio Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti; también la de Ana María Cristina Juan, esposa del juez federal Marcelo Martínez de Giorgi; la de Juan Pablo Moldes, hijo del ex fiscal Germán Moldes; y la de Laureano Durán, hijo del ex camarista Alberto Durán.
También fue aprobado el pliego de María Julia Sosa, secretaria del juzgado de Julián Ercolini, magistrado que intervino en causas de alto perfil contra la ex presidente Cristina Kirchner, como Vialidad y Hotesur-Los Sauces. En la lista también aparece el ex funcionario macrista Jorge Djivaris, quien consiguió respaldo para convertirse en vocal de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal, pese a haber recibido una impugnación.
El paquete incluyó además al secretario de juzgado Juan Pedro Guidici, propuesto para el Juzgado de Primera Instancia en lo Comercial de la Capital Federal; al fiscal de Morón, Mario Ferrario, como juez de Cámara del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°2 de San Martín; a Nicolás Pacilio, hijo del ex camarista Antonio Pacilio; y a Pablo Wilk, propuesto para el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°2 de La Plata, mencionado en la causa conocida como “Gestapo antisindical”.
Quedaron pendientes, en cambio, los pliegos de Alejandro Catania y Juan Galván Greenway, señalados por presuntos vínculos con el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia. También fue postergada la designación de Juan Manuel Mejuto, observado por su posible cercanía con el kirchnerismo y con la agrupación Justicia Legítima.
La aprobación de Michelli tuvo una lectura institucional fuerte. El Poder Ejecutivo había intentado retirar una candidatura que ya había ingresado al Senado, pasado por la audiencia pública correspondiente y obtenido dictamen. El debate jurídico se centró en si el Presidente conserva la potestad de retirar un pliego una vez que la Cámara alta inició su intervención o si, a esa altura, el proceso ya forma parte de un acto complejo entre dos poderes del Estado.
Milei había respaldado públicamente la idea de que podía retirar la postulación. Lo hizo al difundir una interpretación del ex juez Ricardo Rojas, según la cual el Poder Ejecutivo puede desistir de una propuesta antes de que el Senado preste acuerdo definitivo. Pero la Cámara alta decidió actuar políticamente en sentido contrario y avanzar con la votación, aun frente a la resistencia del oficialismo.
El caso también dejó expuesta una tensión interna más profunda. Bullrich, convertida en jefa del bloque libertario en el Senado, quedó enfrentada a la posición más dura de la Casa Rosada y especialmente al criterio impulsado por el entorno de Karina Milei. Su abstención no fue un voto a favor de Michelli, pero sí significó un rechazo explícito al argumento de castigar o bloquear a una candidata por su parentesco con un periodista.
El resultado final fue políticamente incómodo para el oficialismo. Por un lado, Milei consiguió que el Senado aprobara una tanda amplia de jueces, algo que el Gobierno necesitaba para mostrar avance en la cobertura de vacantes judiciales. Por otro, no pudo impedir que dentro de ese mismo paquete quedara consagrada la candidatura que la Casa Rosada había querido bajar.
Por eso, el festejo presidencial tuvo sabor a control de daños. El Gobierno eligió destacar el número total de pliegos aprobados y hablar de “reconstrucción de la Justicia”, pero el dato político de la jornada fue otro: el Senado desoyó al Presidente, rescató el pliego de Michelli y convirtió una sesión judicial en una señal de autonomía frente al poder presidencial.
La votación también marcó un límite para la estrategia de confrontación de Milei con el periodismo. Si el intento de retirar a Michelli buscaba enviar un mensaje por su vínculo familiar con Alconada Mon, la respuesta del Senado terminó generando el efecto contrario: la candidata fue aprobada con una mayoría transversal y el Gobierno quedó obligado a celebrar un paquete que incluía su propia derrota.
En una jornada atravesada por negociaciones, internas y gestos cruzados, el oficialismo consiguió jueces, pero perdió la pulseada simbólica. Milei podrá presentar los 74 pliegos como un hito administrativo. Sin embargo, el nombre que ordenó políticamente la sesión fue María Verónica Michelli, la candidata que la Casa Rosada quiso vetar y que el Senado decidió aprobar.





