Buenos Aires, 13 de junio de 2026-Total News Agency-TNA-. . La vieja Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) celebra su ochenta aniversario. Ocho décadas de mitos perturbadores, archivos devorados por el fuego político y una doctrina de seguridad nacional que hoy languidece en el descompuesto altar de la simulación.
Juan Domingo Perón creó la estructura de inteligencia en 1946 durante su primera presidencia. El organismo nació específicamente el 26 de febrero de 1946 mediante el Decreto Ejecutivo 0337/46, bajo la denominación original de Coordinación de Informaciones de Estado (CIDE), que posteriormente derivaría en la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). En términos simples: nació como CIDE en 1946, pasó a ser conocida históricamente como SIDE, en 1976, quedó formalmente como Secretaría de Inteligencia, en 2015 fue reemplazada por la AFI, y en 2024 el gobierno de Milei disolvió la AFI y restauró la denominación SIDE.El 13 de mayo de 1976, el gobierno militar de Jorge Rafael Videla firmó el decreto que le otorgó oficialmente el nombre de Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), con el que ahora se la conoce.
Quienes conocen los pasillos de la calle 25 de Mayo y analizan la periferia del submundo del espionaje, no necesitan dobles agentes para diagnosticar la parálisis. El veredicto es de una crudeza que estremece a cualquier profesional de la seguridad estratégica.
La realidad intramuros se desglosa en tres verdades incómodas:
Gestión nula: La conducción actual de la central opera en un agujero negro administrativo. No hay rumbo, no hay objetivos estratégicos, sólo la inercia de ocupar un sillón.
Pero el verdadero escándalo —aquel que hace crujir los manuales de la contrainteligencia occidental— no reside en la ineficacia de sus cuadros, sino en una vulnerabilidad sistémica que roza la negligencia criminal.
Para gestionar su capital humano, la SIDE ha decidido incorporarse a la modernidad digital mediante la contratación de “Tango Software”. Sí, leyó bien. La central encargada de custodiar los secretos más sensibles de la República administra sus Recursos Humanos, sus legajos y la liquidación de sus sueldos con un sistema cerrado comercial masivo. Un “enlatado” diseñado para la pequeña y mediana empresa, la concesionaria de autos o el supermercado de barrio.
Cualquier experto en doctrina de inteligencia comprende de inmediato la gravedad y la contraindicación absoluta de semejante despropósito:
Acceso universal para el “de a pie”: Tango es una herramienta maravillosa para el comercio, conocida al detalle por cualquier persona de a pie con un mero título de contador público o un curso básico de liquidación de sueldos. Sus estructuras de tablas, sus parches, sus lógicas de base de datos y sus fallas de seguridad son de dominio público.
La entrega del padrón secreto: Poner la estructura de personal, los viáticos operativos y las identidades encubiertas sobre una plataforma comercial standard es el equivalente a colocarle un candado de bicicleta a la bóveda del Banco Central. No se requiere un ciberataque sofisticado de una potencia extranjera; basta un soporte técnico tercerizado o un auditor contable estándar para desnudar la dotación completa de la agencia.
Capitulación de la soberanía tecnológica: La doctrina más elemental exige que los sistemas informáticos de una agencia de inteligencia sean propios, encriptados, aislados de las redes comerciales y estrictamente compartimentados. Confundir la seguridad nacional con la administración de una PYME textil es una muestra explícita de amateurismo.
”La inteligencia nacional exige secreto y compartimentación. Entregar la gestión de la fuerza al mismo software con el que el almacenero de la esquina computa el stock de mercadería es, lisa y llanamente, la defunción de la contrainteligencia.”
Ochenta años no son nada, muchachos. Sigan vigilando el pasado y debatiendo el siglo XX con Storani, y el contador. Total, a fin de mes, el algoritmo de uso público se encargará de recordarles cuánto vale el secreto en la Argentina. Desolador.





