Bruselas – 19 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, volvió a cerrar filas en torno al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, pero evitó responder si debería devolver las joyas que la UDEF encontró en una caja fuerte de su despacho, en el marco de la investigación judicial vinculada al caso Plus Ultra.
Consultado en Bruselas, al término del Consejo Europeo, sobre si el exmandatario socialista debería entregar esas piezas al patrimonio público, Sánchez esquivó una definición directa. “Eso más bien deberían preguntarle al presidente Zapatero”, respondió, trasladando toda la responsabilidad política y ética al propio expresidente.
La frase dejó expuesto el incómodo equilibrio del jefe del Ejecutivo español: respaldar a Zapatero, defender la presunción de inocencia y, al mismo tiempo, evitar quedar personalmente asociado a la decisión de conservar joyas de alto valor presuntamente recibidas durante viajes oficiales o contactos institucionales.
Sánchez intentó contextualizar el episodio al señalar que, en su experiencia, los presidentes suelen recibir regalos durante viajes al exterior y que muchas veces no tienen conocimiento preciso de ellos hasta su regreso a Madrid. “Cuando uno viaja recibe regalos de los cuales no tiene constancia hasta que regresa”, sostuvo. También indicó que ese tipo de obsequios suelen ser presentados como gestos de respeto hacia las instituciones, más que hacia la persona que circunstancialmente ocupa el cargo.
Sin embargo, la explicación no despejó la cuestión de fondo: si esos bienes fueron recibidos en el ejercicio de funciones públicas, la pregunta política es si correspondía que quedaran en manos privadas o si debían ser incorporados al Patrimonio del Estado.
La polémica se produce después de la declaración de Zapatero ante la Audiencia Nacional, donde fue interrogado por el juez José Luis Calama. El expresidente negó haber influido irregularmente en el rescate de la aerolínea Plus Ultra, aunque admitió haber puesto en contacto a directivos de la compañía con el Banco Santander. Tras esa declaración, la situación judicial se amplió con la imputación de sus hijas, Alba y Laura Rodríguez Espinosa, y de su secretaria, Gertrudis Alcázar.
La investigación apunta a determinar si determinadas sociedades vinculadas al entorno familiar y personal de Zapatero pudieron haber sido utilizadas para canalizar pagos o fondos irregulares. La defensa del expresidente sostiene que no existió tráfico de influencias y que las tareas atribuidas a sus hijas correspondían a trabajos reales.
Sánchez, lejos de tomar distancia, expresó nuevamente su apoyo político y personal al exjefe del Gobierno socialista. Dijo confiar en su inocencia, reivindicó el respeto a la Justicia y transmitió su “empatía” y “solidaridad” hacia Zapatero y su familia, en especial por la situación que atraviesan sus hijas.
El respaldo del actual presidente al exmandatario llega en un momento delicado para el PSOE, golpeado por causas judiciales, sospechas de corrupción y presiones parlamentarias. En ese clima, cada declaración sobre Zapatero adquiere una dimensión que excede el expediente judicial y se proyecta sobre la estabilidad política del Gobierno.
En la misma rueda de prensa, Sánchez también fue consultado por un eventual adelanto electoral si no consigue apoyo suficiente para aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Su respuesta tampoco terminó de despejar la incertidumbre.
“Presentaremos los Presupuestos en 2026 y habrá elecciones en 2027”, afirmó. También descartó que los comicios generales se celebren conjuntamente con las elecciones municipales y autonómicas. Pero evitó precisar si esas elecciones generales de 2027 serían al final natural de la legislatura o antes de lo previsto.
El propio Sánchez reconoció que “la realidad es muy dinámica”, aunque insistió en que su objetivo es agotar los plazos. “Las legislaturas, cuando no gobierna la derecha, también son de cuatro años”, remarcó, en una frase dirigida a sus adversarios políticos.
El resultado fue una doble ambigüedad: no exigió a Zapatero que devuelva las joyas y tampoco cerró por completo la puerta a un adelanto electoral dentro de 2027. En ambos casos, Sánchez buscó ganar tiempo, preservar margen de maniobra y evitar una definición que pueda agravar el desgaste del Gobierno.
La escena de Bruselas dejó así una imagen política nítida: el presidente español defiende a Zapatero, pero no responde por sus joyas; promete elecciones en 2027, pero no precisa cuándo; y mantiene en suspenso un tablero político cada vez más condicionado por la Justicia, los Presupuestos y la fragilidad de sus apoyos parlamentarios.




