por Enrique Guillermo Avogadro
“La eterna historia del mundo, amigo mío: unas monedas de oro siempre marcan la diferencia. El arte de la política está en saber a quién ofrecérselas”.
Santiago Posteguillo
Ya importa menos si Manuel Adorni es inocente o culpable que el enorme costo que su permanencia en el cargo de Jefe de Gabinete de Ministros está acarreando a Javier Milei en su declarada lucha contra la corrupción. Muchos se preguntan si la irracional persistencia del Presidente en su defensa, por el contrario, obedece a la necesidad de utilizar al cuestionado funcionario como pararrayos preventivo en peores tormentas que, por debajo del radar de una sociedad adormecida por el Mundial de Fútbol, podrían generarse; un claro ejemplo son los oscuros tejes y manejes del Ministro de Justicia con los modos de selección y los pliegos de candidatos a jueces que, no olvidemos, implican cubrir las vacantes en nada menos que el 30% del Poder Judicial.
Lo absurdo es que el affaire Adorni opaca todas las buenas noticias económicas que se suceden sin solución de continuidad: una enorme cantidad de proyectos de inversión en áreas claves que no se limitan a la energía y la minería, la mejoría en la calificación de la deuda soberana (“riesgo-país”), el retroceso de la inflación, la notable caída en los pavorosos porcentajes de pobreza infantil, el crecimiento permanente de las exportaciones agropecuarias e industriales y, sobre todo, los avances en la infraestructura necesaria para aprovechar este alineamiento favorable de los astros globales que se da para nuestro país en materia de alimentos, gas y petróleo.
En el escenario internacional, la semana estuvo signada por la firma de Irán y EEUU de un muy frágil memorándum de intenciones para pausar, por 60 días renovables, la guerra en Medio Oriente y al cual no auguro futuro alguno. La retirada de EEUU ha constituido una derrota para un Donald Trump a quien el mundo ha perdido todo respeto, aún cuando siga siendo el comandante en jefe de las fuerzas armadas más potentes del globo.
Porque, más allá del costo que ha significado para los propios EEUU este conflicto, tanto en términos reputacionales cuanto en pérdidas de vidas humanas y material bélico, la destrucción de sus bases en los países vecinos y la desconfianza de sus aliados en el Pacífico, un somero análisis de los catorce puntos de ese memorándum permite percibirla claramente cuando se los compara con la situación en la zona antes del 28 de febrero y, sobre todo, con los propósitos que el Presidente enumeró como objetivos irrenunciables a lograr con sus acciones militares.
Se reabre el paso marítimo por el estrecho de Ormuz – que era libre y gratuito hasta entonces – y que Irán ha descubierto como su gran arma de presión sobre la economía global, no garantiza que deje de cobrar peajes, se levantan las sanciones a su petróleo y se liberan fondos embargados (US$ 24.000 millones) que le permitirán recomponer su arrasada economía y su arsenal misilístico y de drones y continuar financiando a sus terroristas milicias proxys – Hamás, Hezbollah y los yemenitas – en todo el mundo (como bien sabemos los argentinos), el uranio enriquecido seguirá en poder de Teherán aunque con algún control de la OIEA y, sobre todo, el régimen de los asesinos ayatollahs ha mostrado que puede sobrevivir a una guerra contra la principal potencia del mundo y salir fortalecido. Con respecto a los US$ 300.000 millones que serían invertidos en la reconstrucción y que, según Trump no saldrían del Tesoro de EEUU sino de las petromonarquías del golfo, seguramente permitirá a la familia del magnate hacer nuevos negocios particulares, como hizo en todos los mercados con intrade information antes de cada declaración (40 a esta altura) de paz o de guerra del Presidente.
Este mini-acuerdo incluye la imposición a Israel – que no fue parte de la negociación – de detener su guerra en Líbano y, según fuentes estadounidense, se habría firmado ayer un cese de fuego entre Tel Aviv y Hezbollah, pero los ataques de ambos bandos continuaron, frustrando la reunión formal entre el Vicepresidente de EEUU, J.D. Vance, y el Ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Haraghchi, prevista para ayer en Suiza y poniendo en duda la subsistencia del famoso memorándum. Lo curioso es que Trump dijo que la eliminación del grupo terrorista sería encomendada a Siria, hoy presidida por Ahmed Al-Sharaa, un antiguo miembro del terrible ISIS.
En la “operación especial”, como llama Vladimir Putin a su invasión a Ucrania, también se produjeron hechos violentos cuyos responsables y los daños ocasionados, como siempre, siguen en discusión. Me refiero tanto a los sangrientos ataques a objetivos civiles que Bielorrusia adjudica a Volodimir Zelensky cuanto a las nubes de drones con que Ucrania oscureció los cielos de Moscú para incendiar refinerías como réplica a los grandes daños que Rusia está causando a Kiev. Si bien es presumible que el prestigio personal de Putin se haya visto duramente perjudicado por esas reacciones ucranianas, no es probable que sea removido de su cargo y, en cualquier caso y como sucedió en Irán, todo reemplazo del líder sería por alguien aún peor y más fanático.
En nuestra región, Latinoamérica, debemos centrar nuestra mirada en Colombia, donde mañana se sustanciará el ballotage entre Abelardo de la Espriella, de derecha, e Iván Cepeda, delfín de Gustavo Petro, un evento tan dramático como el que vive aún Perú por la muy pequeña ventaja obtenida por Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez, heredero de Pedro Castillo, el izquierdista ex Presidente. Sobre ambos países sobrevuela el fantasma de la violencia política, algo que los seguidores de Evo Morales, que resiste la orden de comparecencia dictada en su contra por la Justicia por los delitos de estupro y terrorismo, concretan todos los días en Bolivia, intentando derrocar a Rodrigo Paz, el nuevo Presidente que asumió hace menos de seis meses, mediante el bloqueo de las rutas que llevan a La Paz; el mandatario aún no ha dictado el estado de excepción, que le permitiría ordenar a las fuerzas armadas intervenir.
Creo que Cuba será el siguiente objetivo de Trump, en especial para compensar ante su fuerte electorado de Florida la imagen de derrota que trae desde el Golfo Pérsico. Y allí no le resultará posible replicar la operación que le permitió capturar a Nicolás Maduro en Caracas.




