Buenos Aires – 31 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. La vicepresidenta Victoria Villarruel profundizó su enfrentamiento con el presidente Javier Milei al cuestionar públicamente que el mandatario reproduzca acusaciones sin pruebas y afirmar que siente una “genuina preocupación por su estado” y por las “persecuciones imaginarias” que, según sostuvo, el jefe de Estado replica tanto dentro como fuera de la Argentina.
El nuevo episodio se desencadenó después de que Milei difundiera en la red social X un mensaje vinculado con una acusación formulada por la diputada libertaria Lilia Lemoine, quien presentó a Villarruel como parte de una supuesta maniobra política integrada por dirigentes peronistas y figuras enfrentadas con la conducción de La Libertad Avanza.
“Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”, escribió la titular del Senado al responder a un usuario que le mostró la publicación atribuida al mandatario.
La vicepresidenta elevó todavía más el tono cuando puso inicialmente en duda que el propio jefe de Estado hubiera compartido el contenido. “El presidente de la Nación no puede haber twitteado semejante estupidez”, sostuvo, antes de exigir que presentara pruebas de las afirmaciones difundidas.
“Si es así, que muestre todas las pruebas de estas afirmaciones inventadas por cerebro de microbio Bolukalo”, agregó Villarruel, utilizando el segundo apellido de Lemoine, cuyo nombre completo es Lilia Adela Bolukalo Lemoine. La expresión convirtió una disputa política en un ataque personal de extrema dureza entre dos de las principales figuras surgidas del espacio libertario.
Al observar una captura de la publicación compartida por el Presidente, Villarruel insistió: “¿Esta locura galopante la retwitteó el Presidente? Parece contagioso el delirio”. El mensaje ya no estuvo dirigido únicamente contra la diputada, sino que colocó directamente a Milei como responsable de amplificar versiones que la vicepresidenta considera falsas.
La controversia constituye un nuevo escalón en una ruptura política que dejó hace tiempo de limitarse a diferencias internas. El Presidente excluyó a Villarruel de las decisiones del Poder Ejecutivo, la vinculó con “la casta” y permitió que funcionarios y legisladores de su espacio la acusaran de actuar en beneficio del kirchnerismo o de preparar una alternativa electoral propia para 2027.
La vicepresidenta, por su parte, comenzó a desplegar una agenda política autónoma desde el Senado, recibió a representantes sindicales y judiciales enfrentados con decisiones de la Casa Rosada, respaldó reclamos docentes y cuestionó la política oficial en asuntos relacionados con la industria, las Fuerzas Armadas, las jubilaciones y el funcionamiento del Congreso.
Durante julio, el conflicto volvió a quedar expuesto en una sucesión de episodios. En la celebración oficial del Día de la Independencia, en Tucumán, Milei evitó saludar públicamente a Villarruel, mientras la vicepresidenta confirmó que su único contacto con integrantes del Poder Ejecutivo había sido con el nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli.
Días después, Villarruel mantuvo un áspero intercambio con Patricia Bullrich, presidenta del bloque oficialista en el Senado, por la organización de una sesión vinculada con la denominada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y la posible eliminación de restricciones a la extranjerización de tierras. Ambas debieron reunirse posteriormente para intentar reducir una confrontación que ya afectaba la coordinación parlamentaria del oficialismo.
Lemoine también había atacado a la vicepresidenta por su respaldo a los futbolistas argentinos que exhibieron una bandera con la consigna “Las Malvinas son argentinas” tras el partido contra Inglaterra. La diputada la calificó entonces de “egoísta” y “ridícula” y la responsabilizó por una eventual sanción internacional, pese a que posteriormente el propio Milei redujo el episodio a una conducta ocurrida dentro de una cancha.
La intensidad del nuevo cruce adquiere una dimensión institucional porque la vicepresidenta no se limitó a cuestionar una decisión política: afirmó públicamente que el Presidente reproduce “persecuciones imaginarias” y expresó preocupación por su estado. Se trata de una declaración excepcional proveniente de quien ocupa el primer lugar en la línea sucesoria presidencial.
El enfrentamiento también expone el riesgo de que las redes sociales continúen reemplazando los mecanismos formales de diálogo entre las máximas autoridades nacionales. El Presidente y la vicepresidenta prácticamente no mantienen conversaciones políticas, mientras sus diferencias se tramitan mediante publicaciones, insultos, acusaciones de traición y teorías sobre supuestas conspiraciones internas.
La disputa complica además la tarea de Santilli, quien intenta ordenar la gestión, reconstruir acuerdos legislativos y establecer canales con gobernadores y bloques aliados. El jefe de Gabinete necesita de la vicepresidenta para organizar la actividad del Senado, pero debe responder simultáneamente a una conducción presidencial que la considera una adversaria y tolera los ataques permanentes de legisladores cercanos.
Villarruel conserva su cargo, controla administrativamente la Cámara alta y no puede ser desplazada por decisión presidencial. Su continuidad hasta diciembre de 2027 obliga al Gobierno a convivir con una vicepresidenta que ya no oculta sus diferencias, construye una identidad propia y ahora puso públicamente bajo cuestionamiento la conducta del Presidente.




