Caracas – 25 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. Venezuela declaró la emergencia nacional después de que dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieran el norte del país, dejaran al menos 164 muertos y 971 heridos, y provocaran una carrera desesperada de rescatistas, bomberos y personal sanitario para encontrar sobrevivientes entre edificios colapsados.
La presidenta interina Delcy Rodríguez confirmó el nuevo balance de víctimas este jueves, aunque las autoridades advirtieron que la cifra podría seguir aumentando a medida que los equipos de emergencia logren ingresar a las zonas más golpeadas. El estado de La Guaira, al norte de Caracas, fue declarado “zona de desastre” por la magnitud de los derrumbes, el daño estructural y la cantidad de personas que permanecen atrapadas.

Los sismos ocurrieron el miércoles por la noche y fueron sentidos con fuerza en la capital venezolana y en varios estados del centro-norte del país. Según reportes internacionales, el primero alcanzó magnitud 7,2 y fue seguido menos de un minuto después por otro de magnitud 7,5, una secuencia que especialistas describieron como un doblete sísmico de altísima energía. El movimiento provocó escenas de pánico, caída de estructuras, cortes de servicios y evacuaciones masivas.
En Caracas, miles de personas pasaron la madrugada en la calle, dentro de vehículos o en refugios improvisados por temor a nuevas réplicas. Vecinos de edificios altos abandonaron sus departamentos después de ver grietas, desprendimientos y movimientos bruscos en las estructuras. En barrios densamente poblados, familiares y voluntarios intentaron remover escombros con herramientas precarias antes de la llegada de los equipos de rescate.

Las autoridades reportaron daños en La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo, Falcón, Yaracuy, Lara y Mérida, además de afectaciones severas en Caracas. En varios puntos se registraron derrumbes parciales y totales, vías bloqueadas, fallas eléctricas, interrupciones de agua y cierres preventivos de gas para evitar explosiones o incendios.
El principal aeropuerto del país, ubicado en Maiquetía, sufrió afectaciones que obligaron a restringir sus operaciones, una situación que complica el ingreso de ayuda humanitaria y el traslado de heridos. También se suspendieron clases y servicios no esenciales, mientras hospitales y centros de salud trabajaban al límite de su capacidad para atender fracturas, politraumatismos, crisis respiratorias y heridas provocadas por el colapso de viviendas.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) advirtió que el impacto podría ser mucho más grave que el primer balance oficial. Sus modelos de estimación de daños señalaron una alta probabilidad de que la cifra final de muertos supere ampliamente los registros iniciales, debido a la intensidad de los sismos, la cercanía con zonas urbanas y la vulnerabilidad de numerosas construcciones.
La situación más dramática se vive en La Guaira, donde el colapso de edificios, la cercanía a la costa y la dificultad de acceso a algunos sectores obligaron a desplegar unidades especiales de búsqueda y rescate. Testimonios recogidos por medios locales describieron calles cubiertas de escombros, vehículos aplastados y familias enteras intentando localizar a personas desaparecidas.
Una sobreviviente describió la escena como “una película de terror”, al recordar los segundos en los que comenzaron los movimientos y varias construcciones se desplomaron. Videos difundidos por vecinos mostraron gritos, polvo, cables caídos, fachadas desprendidas y personas que intentaban rescatar con sus propias manos a familiares atrapados antes de que llegaran las brigadas oficiales.
La emergencia también abrió un frente internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su país está “listo y dispuesto” para asistir a Venezuela y ordenó a las agencias federales coordinar una respuesta humanitaria. El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció el envío de equipos de búsqueda y rescate, asistencia médica, insumos de emergencia y apoyo logístico.
La oferta estadounidense se suma a la de más de una decena de países de América Latina, Europa y Asia, que pusieron a disposición recursos para colaborar con las tareas de rescate. Organismos humanitarios también comenzaron a coordinar ayuda, aunque la capacidad de respuesta está condicionada por el estado de rutas, aeropuertos, hospitales y servicios básicos.
El desastre ocurre en un país que ya venía de años de deterioro institucional, fragilidad económica e infraestructura debilitada. Esa combinación vuelve más compleja la atención de la emergencia: hospitales con recursos limitados, servicios públicos irregulares, edificios sin mantenimiento adecuado y una red logística golpeada por años de crisis.
Desde una prisión en Nueva York, el ex presidente Nicolás Maduro, detenido desde enero, difundió un mensaje dirigido al pueblo venezolano. “Pueblo amado de Venezuela: ante el poderoso terremoto que ha golpeado a nuestra Patria, Cilia y yo elevamos nuestras oraciones por cada familia afectada”, escribió en redes sociales. También llamó a la “máxima unión, máxima solidaridad y máxima acción” para enfrentar la tragedia.
El mensaje de Maduro se produjo mientras Delcy Rodríguez intentaba centralizar la respuesta oficial y ordenar el despliegue de fuerzas de rescate, personal sanitario y cuerpos de seguridad. La magnitud de la emergencia, sin embargo, supera por ahora la capacidad inicial de respuesta y obliga a priorizar zonas críticas, hospitales colapsados y estructuras con personas atrapadas.
La región norte de Venezuela se encuentra en una zona tectónicamente activa, asociada al contacto entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana. Ese corredor ha producido terremotos destructivos en la historia venezolana y mantiene un riesgo permanente para ciudades densamente pobladas como Caracas, La Guaira, Valencia, Maracay y áreas costeras del centro-norte.
Los especialistas advierten que las réplicas pueden continuar durante horas o días. Por eso, las autoridades recomendaron no ingresar a edificios dañados, evitar zonas con cables caídos, revisar instalaciones de gas y electricidad, y mantenerse atentos a comunicaciones oficiales. En sismos de esta magnitud, incluso réplicas menores pueden terminar de derribar estructuras ya debilitadas.
El balance sigue siendo provisional. La prioridad inmediata es rescatar sobrevivientes durante las primeras horas críticas, cuando aumentan las posibilidades de hallar personas con vida bajo los escombros. Después vendrá una segunda etapa igualmente difícil: restablecer servicios, habilitar corredores humanitarios, reubicar familias y medir el costo económico de una catástrofe que ya golpea el corazón urbano e institucional de Venezuela.
La tragedia deja una advertencia regional. Un terremoto de esta magnitud en la costa venezolana no es solo un desastre nacional: puede afectar al Caribe, complicar rutas aéreas y marítimas, activar ayuda internacional y exigir coordinación entre gobiernos que, en condiciones normales, mantienen profundas diferencias políticas. Esta vez, la urgencia humanitaria se impuso sobre cualquier disputa.





