Buenos Aires – 25 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. La recuperación del dólar durante junio le puso un freno brusco a una de las estrategias financieras más rentables de la primera parte del año: vender divisas, pasarse a pesos, capturar tasa y volver luego a moneda dura. El llamado carry trade, que venía generando ganancias en dólares para inversores locales y externos, empezó a mostrar pérdidas mensuales cuando el tipo de cambio despertó después de varios meses de calma.
El movimiento no fue menor. Desde fines de mayo, el dólar mayorista acumuló una suba cercana al 5% en el mes, mientras las cotizaciones financieras acompañaron la tendencia. El MEP superó la zona de los $1.500 y el contado con liquidación volvió a ubicarse por encima de los $1.550, niveles que modificaron el tablero de corto plazo para quienes habían ingresado tarde a la bicicleta financiera.
La clave está en el punto de entrada. Los inversores que apostaron al peso desde enero todavía mantienen ganancias importantes medidas en dólares. Según estimaciones de mercado, quienes eligieron bonos ajustados por CER acumulan retornos cercanos al 18% en moneda dura, mientras quienes optaron por Lecap conservan ganancias del orden del 12%. Pero quienes entraron en junio ya enfrentan una cuenta distinta: la suba del dólar absorbió el rendimiento de la tasa.
El economista Nery Persichini, de GMA Capital, señaló que en lo que va del mes el contado con liquidación trepó alrededor de 4,4% nominal y superó ampliamente el devengamiento de la tasa en pesos. Como resultado, la estrategia más simple de carry, evaluada contra instrumentos tradicionales como plazos fijos, dejó una pérdida directa cercana al 2,9% en dólares, el peor registro desde septiembre de 2025.
La misma lectura aparece en otros instrumentos de pesos. Justina Gedikian, estratega de renta fija de Cohen, advirtió que junio también fue negativo para quienes operaron con Lecap y bonos CER. Esos activos subieron entre 1,2% y 1,5% en el mes, pero el MEP avanzó más de 4%, lo que dejó una pérdida en dólares de casi 3% para el período.
El cambio de clima financiero obliga ahora a distinguir entre una corrección transitoria y una nueva normalidad cambiaria. Para algunos analistas, junio marca apenas una toma de ganancias después de meses excepcionales para la estrategia en pesos. Para otros, el mercado empieza a anticipar un escenario menos cómodo: menor oferta estacional de dólares, más demanda privada y tasas que ya no compensan plenamente el riesgo de quedarse en moneda local.
La primera parte del año había ofrecido un escenario ideal para el carry. El ingreso de divisas del agro, la estabilidad cambiaria, la acumulación de reservas del Banco Central y la expectativa de continuidad del programa económico generaron un circuito favorable. Los inversores vendían dólares, colocaban pesos en instrumentos de corto plazo y obtenían una ganancia en moneda dura mientras el tipo de cambio permanecía casi quieto.
Ese equilibrio empezó a cambiar con el final del llamado “trimestre de oro” de la cosecha gruesa. La liquidación del agro sigue aportando oferta, pero ya no con la misma fuerza estacional. Al mismo tiempo, la mejora gradual de la actividad económica podría estar impulsando una mayor demanda de divisas para importaciones, lo que reduce el margen de calma cambiaria.
El problema para el Gobierno no es solamente financiero. La estabilidad del dólar fue una pieza central para sostener la desaceleración inflacionaria, permitir compras de reservas y reforzar la credibilidad del programa. Si el tipo de cambio empieza a moverse con más frecuencia, también se recalculan expectativas de precios, márgenes empresarios y decisiones de cobertura.
El BCRA venía de una acumulación significativa de reservas durante 2026, con compras netas superiores a los US$ 10.000 millones en los primeros meses del año. Ese resultado fue presentado como una señal de fortaleza. Sin embargo, el mercado observa ahora si esa capacidad de compra se mantiene cuando el flujo comercial favorable pierde fuerza y la demanda privada vuelve a aparecer.
La pregunta de la City es si la zona de $1.500 para el dólar financiero representa un nuevo punto de entrada para hacer carry o apenas una escala dentro de una corrección más amplia. En otras palabras: si el inversor que hoy vende dólares y compra pesos está ingresando en una oportunidad, o si está tomando riesgo justo cuando el mercado empieza a exigir una prima cambiaria más alta.
Matías Fernández, de Aurum Valores, planteó que el balance del carry debe analizarse según el momento de ingreso. Quien vendió dólares a comienzos de año todavía conserva retornos positivos. Incluso quienes entraron en momentos menos favorables, como los mínimos de febrero, no necesariamente perdieron: simplemente vieron reducirse la ganancia acumulada. Pero el dato nuevo es que el margen dejó de ser automático.
Esa es la diferencia central con los meses anteriores. Hasta mayo, la apuesta al peso parecía tener viento a favor por tasa, estabilidad cambiaria y compras del Banco Central. En junio, el dólar obligó a los inversores a mirar nuevamente el riesgo de salida. Ya no alcanza con calcular cuánto rinde una Lecap o un bono CER; ahora hay que estimar cuánto puede moverse el tipo de cambio mientras dura la posición.
Para Juan Manuel Truffa, de Outlier, el carry contra el contado con liquidación dejó de ser positivo desde hace algunas semanas. Aun así, considera posible que la presión cambiaria se modere si la demanda reciente responde a factores estacionales, como formación de activos externos, y no a una recuperación más persistente de importaciones.
Otros analistas, en cambio, ponen el foco en las señales de demanda. Si el aumento del dólar no responde solo a cobertura financiera sino también a mayor necesidad de divisas por importaciones, el escenario puede ser más estructural. En ese caso, la economía estaría mostrando una recuperación que exige más dólares reales, no solo un mercado financiero desarmando posiciones.
La lectura internacional también pesa. La fortaleza global del dólar y la debilidad de monedas emergentes agregan presión sobre los activos argentinos. En un mercado todavía sensible, cualquier cambio externo puede acelerar la salida de posiciones en pesos, especialmente cuando los inversores perciben que la tasa local ya no paga lo suficiente frente al riesgo cambiario.
El Gobierno enfrenta así un desafío delicado. Si sube demasiado la tasa para sostener el carry, puede encarecer el crédito y enfriar la recuperación. Si la deja baja, corre el riesgo de que más inversores desarmen pesos y busquen cobertura en dólares. El equilibrio entre actividad, inflación, reservas y tipo de cambio vuelve a ocupar el centro de la escena.
Por ahora, la película completa de 2026 sigue mostrando ganancias para quienes apostaron temprano al peso. Pero la foto de junio cambió el humor del mercado. La bicicleta financiera dejó de ser una autopista de retorno asegurado y volvió a depender de una variable que en Argentina nunca desaparece: la velocidad del dólar.
El mensaje para los inversores es claro. La tasa en pesos todavía puede ser atractiva, pero ya no alcanza por sí sola. El nuevo cálculo exige mirar liquidez, vencimientos, cobertura cambiaria, flujo de importaciones, liquidación del agro y señales del Banco Central. Junio no terminó con el carry trade, pero sí le quitó la comodidad.





