Un acertado artículo del General de Brigada (R) Dr. Oscar Armanelli ofrece una lectura estratégica de enorme actualidad sobre el nuevo escenario nuclear global. A partir de la expiración del Tratado Nuevo START, el autor advierte que el sistema internacional ingresó en una etapa de desregulación peligrosa, donde las grandes potencias ya no operan bajo los límites jurídicos que ordenaron la disuasión durante décadas.
En ese marco, Armanelli interpreta el reciente lanzamiento misilístico chino desde una plataforma submarina en el Pacífico como mucho más que una prueba militar: lo define como una señal de poder, una demostración de capacidad de segundo golpe y la confirmación de que Pekín dejó atrás la lógica de disuasión mínima para consolidarse como potencia nuclear plena.
El texto resulta especialmente valioso porque vincula el avance militar chino con el deterioro del orden jurídico internacional, la reacción de Occidente, la fragilidad diplomática de los Estados insulares del Pacífico y el creciente eje naval entre China y Rusia. Su análisis permite comprender que el Pacífico Occidental ya no es solo un espacio de competencia regional, sino el principal laboratorio de la disuasión estratégica del siglo XXI.
El año cero de la desregulación nuclear y el mensaje de Pekín en el Pacífico
GB (R) Doctor Oscar Armanelli julio 8, 2026

«La suprema excelencia consiste en quebrar la resistencia del enemigo sin combatir.» Sun Tzu
El equilibrio estratégico global ha ingresado en una fase de anarquía jurídica irreversible. La expiración definitiva del Tratado Nuevo START a principios de este año descabezó el último andamiaje normativo que limitaba el despliegue de ojivas y vectores entre las superpotencias. En este vacío legal, el Pacífico Occidental se ha transformado en el principal laboratorio de la disuasión contemporánea. El reciente lanzamiento misilístico de China no es un hecho aislado; es la constatación empírica de una nueva era en la arquitectura de la seguridad internacional.
El colapso del control de armamentos
La arquitectura global de control de armamentos heredada de la Guerra Fría colapsó formalmente a inicios de este año al vencer el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Nuevo START). Al no renovarse este instrumento por la falta de adhesión y la desconfianza mutua entre Washington y Moscú, el sistema internacional perdió sus mecanismos de verificación recíproca e inspecciones in situ.
Aunque Pekín nunca integró este acuerdo, la vigencia del tratado le otorgaba una previsibilidad matemática sobre el techo de los arsenales de sus competidores. En el entorno desregulado de este año, la ausencia de límites legales ha empujado a China a acelerar la consolidación de sus propias capacidades, eliminando cualquier incentivo para la transparencia y priorizando la paridad estratégica por encima del consenso diplomático.
El lanzamiento del 6 de julio y la capacidad de segundo golpe
El 6 de julio marcó un salto cualitativo en la proyección de poder del Ejército Popular de Liberación (EPL). Desde una plataforma submarina de propulsión nuclear operando en aguas del Pacífico, China ejecutó con éxito el lanzamiento de un misil balístico estratégico de largo alcance (SLBM).
A diferencia del histórico ensayo terrestre de septiembre de 2024, validar un vector desde las profundidades del océano implica certificar la capacidad de supervivencia de la fuerza. Este hito confirma que Pekín dispone de una capacidad de segundo golpe (second-strike capability) plenamente operativa: incluso si sus bases continentales e infraestructura de silos fijos sufrieran un ataque sorpresa, su flota silente garantiza una respuesta de destrucción mutua asegurada.
Las reacciones de Occidente y sus matices
La respuesta de la arquitectura de seguridad de Occidente evidenció la alarma ante la alteración del statu quo, aunque expuso matices interpretativos entre los miembros del esquema de contención regional. Estados Unidos enfocó su crítica en la opacidad del programa nuclear chino y la falta de canales formales de notificación mutua para mitigar el error de cálculo militar. Australia calificó la actividad como «desestabilizadora» y contraria a los esfuerzos de desescalada en el Indo-Pacífico, alineando su discurso a las prioridades operativas de la alianza AUKUS.

Nueva Zelanda denunció que el impacto del vector se produjo dentro de los límites de la Zona Libre de Armas Nucleares del Pacífico Sur (Tratado de Rarotonga), priorizando una agenda de seguridad ambiental y jurídica regional. Y finalmente India observó el ensayo con cautela estratégica; para Nueva Delhi, la consolidación naval de China en el Pacífico anticipa una mayor presión y despliegue de sumergibles en el Océano Índico, desafiando de manera directa el esquema del Quad.
La diplomacia insular subordinada al poder militar
El lanzamiento del 6 de julio coincidió cronológicamente con un hito diplomático de la contraparte occidental: la firma de la Alianza del Océano de la Paz entre Australia y Fiyi. Este acuerdo buscaba blindar la influencia política y la seguridad de las naciones insulares frente a la penetración de Pekín.
Sin embargo, la acción militar china expuso la fragilidad de estos marcos de concertación civil. Pekín demostró que, en la persecución de sus objetivos de disuasión global frente a los Estados Unidos, está dispuesto a asumir el costo político y el descontento de los pequeños Estados insulares, subordinando la diplomacia regional a la cruda lógica del poder militar.
El eje naval con Rusia
De forma simultánea al lanzamiento estratégico, las armadas de China y Rusia iniciaron el ejercicio naval combinado «Maritime Joint» en la estratégica región de Qingdao. El significado de estas maniobras excede las tareas de adiestramiento táctico secundario, demostrando en primer lugar un alto grado de interoperabilidad que demuestra que ambas potencias perfeccionan la integración de sus flotas para actuar como una fuerza de coalición en teatros en disputa; en segundo lugar un contrapeso geopolítico al cerco estratégico occidental (AUKUS, Quad) y por último asegura una distracción estratégica, donde Pekín valida que, ante un eventual conflicto por el control del Estrecho de Taiwán o el Mar de la China Meridional, el Pentágono no se enfrentará a un actor insular, sino a una alianza defensiva coordinada.
Una tríada nuclear plenamente operativa
El ensayo del 6 de julio clausura una etapa histórica y consolida la transición de la doctrina de defensa de China: Pekín ha abandonado definitivamente el concepto de disuasión mínima para erigirse en un igual militar absoluto frente a las potencias tradicionales.
Con un vector terrestre de alta movilidad apoyado en silos de última generación, la modernización de su vector aéreo, y la certificación de su capacidad submarina profunda a través del reciente lanzamiento del misil SLBM, la tríada nuclear china es hoy una realidad plenamente operativa y diversificada. En el año cero de la desregulación normativa, China no solo ha alcanzado la paridad técnica; ha fijado las nuevas reglas de juego de la disuasión en el siglo XXI.
Fuente Reporter Asía




