Buenos Aires – 8 julio 2026 – Total News Agency – TNA — La actividad de la construcción volvió a crecer en mayo y se convirtió en uno de los pocos datos positivos de la economía real, en contraste con la nueva caída de la industria manufacturera. Según el INDEC, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) registró una suba interanual de 4,1%, revirtió la baja de abril y acumuló una mejora de 2,5% en los primeros cinco meses de 2026.
El repunte fue todavía más marcado en la comparación mensual. La serie desestacionalizada avanzó 6,3% respecto de abril, mientras que la serie tendencia-ciclo mostró una mejora de 0,6%. El dato permitió al Gobierno destacar que la construcción volvió a mostrar señales de recuperación después de un abril negativo, cuando el indicador había caído 2,8% interanual y 4% mensual.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el resultado en redes sociales y lo presentó como una señal de reactivación sectorial. Para el Palacio de Hacienda, la mejora del ISAC acompaña la narrativa oficial de estabilización: menor inflación, orden fiscal, recuperación de algunas ramas de actividad y expectativas de inversión privada. Sin embargo, el dato exige una lectura más cuidadosa, porque el avance general convive con una fuerte disparidad entre insumos y con expectativas empresarias todavía prudentes.
La construcción aparece, por ahora, como un sector que empieza a recomponerse después del derrumbe provocado por la parálisis de la obra pública, la caída del crédito, el encarecimiento de costos y la recesión inicial del plan económico. A diferencia de la industria manufacturera, que volvió a retroceder en mayo, el ISAC logró cerrar el quinto mes del año en terreno positivo y sostener un acumulado favorable.
El informe oficial muestra que no todos los componentes acompañaron la recuperación. De los 13 insumos relevados, ocho terminaron con bajas interanuales. Entre las caídas se ubicaron artículos sanitarios de cerámica con -3,2%, asfalto con -8,2%, cales con -6,8%, cemento portland con -1,3%, ladrillos huecos con -8%, pisos y revestimientos cerámicos con -19,6%, placas de yeso con -7,8% y yeso con -7,4%.
El índice general logró quedar en positivo por la tracción de rubros específicos. Pinturas para construcción lideró las subas con un avance de 23,6%, seguido por el segmento “resto”, que creció 18,3%. También se destacaron mosaicos graníticos y calcáreos, con 11,1%, hormigón elaborado, con 10,1%, y hierro redondo y aceros para la construcción, con 9,6%. Esa composición sugiere que la mejora se concentró en determinados consumos y obras puntuales, más que en una expansión homogénea de todo el sector.
El dato del cemento es relevante. Aunque la construcción creció, el cemento portland cayó 1,3% interanual, lo que indica que todavía no hay un salto generalizado de obra nueva de gran escala. La suba del hormigón elaborado y del hierro puede estar mostrando avance en determinados proyectos privados, desarrollos inmobiliarios específicos o ejecución de obras ya iniciadas, pero la baja en cemento, ladrillos y revestimientos advierte que la recuperación aún no se distribuye con fuerza por toda la cadena.
El contraste con la industria manufacturera refuerza esa lectura. Mientras el ISAC creció 4,1% interanual en mayo, el IPI manufacturero cayó 0,3% en el mismo período y acumuló una baja de 2,3% entre enero y mayo. La economía real muestra así un comportamiento desigual: la construcción ofrece señales de rebote, pero buena parte de la industria vinculada al consumo, bienes durables, maquinaria y automotores sigue en retroceso.
El avance de la construcción también debe mirarse desde una base de comparación baja. El sector venía de una fuerte contracción en 2024 y de meses irregulares en 2026. En febrero cayó 1,5% interanual y en abril retrocedió 2,8%, pero las subas de los otros meses permitieron sostener una tendencia acumulada positiva. La recuperación existe, pero todavía está lejos de configurar un boom.
La encuesta cualitativa del INDEC muestra que los empresarios mantienen cautela para el período junio-agosto. Entre quienes se dedican principalmente a obras privadas, el 67,3% estima que la actividad no cambiará en los próximos meses, mientras que el 18,3% espera una disminución. Entre las empresas vinculadas a obra pública, el 60,2% prevé estabilidad y el 23,7% anticipa una baja. Es decir, el rebote de mayo no se tradujo todavía en expectativas expansivas generalizadas.
La diferencia entre obra privada y pública sigue siendo central. La decisión del Gobierno nacional de reducir al mínimo la obra pública dejó al sector dependiendo más de desarrollos privados, inversión inmobiliaria, refacciones, proyectos provinciales y obras financiadas por otros niveles del Estado. El desafío para la construcción es sostener crecimiento sin el impulso tradicional del gasto nacional, en un contexto donde el crédito hipotecario y el financiamiento de largo plazo siguen siendo variables decisivas.
El costo de la construcción también pesa sobre las decisiones de inversión. El Índice del Costo de la Construcción del INDEC para el Gran Buenos Aires registró en mayo una suba mensual de 2,7%, con aumentos en materiales, mano de obra y gastos generales. Aunque la inflación general viene mostrando una tendencia de desaceleración, los costos sectoriales continúan condicionando presupuestos, márgenes y decisiones de inicio de obra.
El Índice Construya, que mide la evolución de despachos de insumos de un grupo de empresas líderes, también mostró señales mixtas. En mayo registró una mejora mensual desestacionalizada y una suba interanual de 1,5%, con un acumulado anual positivo pero moderado. El dato confirma que el sector empieza a recomponerse, aunque todavía con una recuperación lenta y selectiva.
Para el Gobierno, el número de mayo llega en un momento oportuno. Caputo venía de presentar el programa financiero 2026-2027, el riesgo país tocó mínimos de la era Milei y el oficialismo intenta instalar que la economía dejó atrás la fase más dura del ajuste. La construcción, por su efecto multiplicador sobre empleo, insumos, transporte, comercio y actividad inmobiliaria, es un sector clave para sostener esa narrativa.
Pero el dato positivo no alcanza para ocultar las fragilidades. Ocho de trece insumos siguen en baja, las expectativas empresarias son moderadas, la obra pública continúa deprimida y el rebote parte de niveles bajos. Además, la recuperación de la construcción no compensa por sí sola la debilidad industrial ni garantiza una mejora sostenida del empleo formal si no se consolida durante varios meses.
La construcción suele anticipar cambios de ciclo económico. Cuando crece, arrastra materiales, transporte, metalurgia, comercio, servicios profesionales y empleo. Cuando cae, profundiza recesiones. Por eso, el repunte de mayo es una buena noticia para el Gobierno, pero también una prueba: deberá demostrar que no se trata de un rebote estadístico, sino del inicio de una recuperación real.
El sector mostró señales de vida. Ahora necesita continuidad. Sin crédito, sin previsibilidad regulatoria, sin recuperación sostenida del poder adquisitivo y sin una estrategia clara para reemplazar el peso de la obra pública nacional, el crecimiento puede quedar limitado a proyectos privados puntuales. Mayo trajo alivio, pero junio, julio y agosto dirán si la construcción realmente volvió a ponerse de pie o si apenas tomó aire después de la caída de abril.





