Madrid – 13 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. La Guardia Nacional Republicana de Portugal (GNR) incautó 3.130 kilogramos de cocaína, distribuidos en 91 fardos, después de una persecución en la zona costera de Olhão, en el Algarve, en una de las mayores operaciones recientes contra el narcotráfico marítimo realizadas en territorio portugués.
La droga había sido desembarcada durante la noche desde embarcaciones rápidas y cargada en una furgoneta comercial que aguardaba en un camino de acceso a una playa. Los ocupantes del vehículo desobedecieron la orden de detenerse, huyeron durante varios minutos y finalmente abandonaron la camioneta para escapar a pie.
Los sospechosos continuaban prófugos y eran buscados por las fuerzas de seguridad portuguesas, mientras los investigadores intentaban identificar a la organización internacional responsable de transportar el cargamento y a la estructura local que debía recibirlo, almacenarlo y distribuirlo en Europa.
Portugal todavía no informó oficialmente el país exacto de procedencia de los estupefacientes. Sin embargo, el volumen incautado, la modalidad del transbordo en alta mar y las rutas utilizadas por las organizaciones criminales permiten sostener como principal hipótesis que la cocaína habría salido de América Latina y atravesado el océano Atlántico antes de llegar a las costas europeas. Según pudo saber Total News Agency de una fuente reservada en Portugal, investigan si el cargamento llegó de Argentina, entre otras posibilidades.
La operación comenzó cuando el sistema de vigilancia costera portugués detectó una embarcación de alta velocidad que navegaba de manera sospechosa a unas dos millas de la costa de Olhão, en el distrito de Faro.
Según la reconstrucción difundida por medios portugueses, la nave de mayor tamaño habría actuado como embarcación nodriza y transfirió los paquetes a dos barcos menores, encargados de realizar el último tramo hacia tierra firme. Esta modalidad permite mantener alejados de la costa a los buques con mayor autonomía y reducir el tiempo de exposición durante el desembarco.
Una vez detectada la operación, la GNR desplegó medios terrestres, marítimos y aéreos. Las patrullas navales intentaron interceptar las embarcaciones, mientras los efectivos apostados en la costa controlaban caminos, playas y posibles puntos de recepción.
Durante ese dispositivo, los agentes observaron una furgoneta que circulaba por una carretera cercana al sector donde se había producido el desembarco. Sobre este punto TNA pudo saber que se trataría de un vehículo de mayor tamaño a lo que aquí se conoce como camioneta.
Cuando los uniformados ordenaron al conductor que se detuviera, los ocupantes aceleraron y comenzó una persecución. Poco después abandonaron el vehículo y escaparon a pie por una zona cuya geografía facilitó la fuga.
Al revisar la furgoneta, los agentes encontraron 91 grandes fardos de cocaína, con un peso total estimado de 3.130 kilos. También secuestraron dos inhibidores de señales, utilizados presuntamente para bloquear teléfonos, comunicaciones policiales, sistemas de geolocalización o dispositivos de rastreo instalados en el vehículo o la carga.
Las autoridades no divulgaron la marca, el modelo, el color ni la matrícula de la camioneta. Tampoco informaron si había sido robada, alquilada, clonada o registrada a nombre de una empresa o persona utilizada como pantalla.
El vehículo quedó bajo custodia para la búsqueda de huellas, rastros genéticos, dispositivos electrónicos y documentación que permitan identificar a sus ocupantes y reconstruir sus movimientos anteriores.
La presencia de inhibidores de señales y la coordinación entre una embarcación nodriza, dos lanchas menores y un vehículo terrestre muestran que no se trató de una entrega improvisada. La operación habría requerido planificación, equipos de comunicación, conocimiento de la costa y una estructura preparada para sacar rápidamente más de tres toneladas de cocaína de la zona de desembarco.
La Policía Judicial portuguesa asumió la investigación destinada a determinar el origen, la propiedad y el destino final del cargamento. También deberá establecer si la droga debía permanecer en Portugal o si el país era solamente la puerta de entrada para su traslado hacia España, Francia, Bélgica, Países Bajos u otros mercados europeos.
La hipótesis latinoamericana se sustenta en que la cocaína consumida en Europa procede principalmente de países productores de Sudamérica. La Agencia de la Unión Europea sobre Drogas señala que los cargamentos parten habitualmente desde Brasil, Ecuador, Venezuela, pero en este caso, podría tratarse de Argentina, con droga producida originalmente en Colombia, Perú o Bolivia, según se nos informó.
Europol advirtió además que las organizaciones criminales utilizan cada vez con mayor frecuencia transbordos en alta mar, buques nodriza, semisumergibles y lanchas rápidas para introducir cocaína en la península ibérica sin pasar por los controles portuarios tradicionales.
En esas operaciones, los grandes cargamentos cruzan el Atlántico y son transferidos en la etapa final a embarcaciones más pequeñas, que desembarcan en playas, calas o marinas poco vigiladas de Portugal y España. El método coincide con la maniobra detectada frente a Olhão.
La costa portuguesa adquirió una importancia creciente dentro de las rutas internacionales del narcotráfico. En enero de 2026, las autoridades interceptaron cerca de las islas Azores un semisumergible procedente de América Latina que transportaba alrededor de nueve toneladas de cocaína, una cifra récord para ese tipo de embarcación.
En marzo de 2025, Portugal había secuestrado otras 6,5 toneladas en un semisumergible localizado a unos 500 kilómetros náuticos al sur de las Azores, en una operación realizada con apoyo de fuerzas españolas, británicas y estadounidenses.
Estos antecedentes refuerzan la posibilidad de que el cargamento encontrado en Olhão forme parte de una ruta transatlántica controlada por organizaciones sudamericanas asociadas con redes europeas encargadas de la recepción y distribución.
Europol informó durante 2026 sobre estructuras criminales brasileñas, colombianas y ecuatorianas que operan junto con grupos europeos para introducir decenas de toneladas de cocaína en Portugal, España, Bélgica y Países Bajos. Esas alianzas combinan proveedores latinoamericanos con redes logísticas radicadas en el continente europeo.
Los investigadores analizarán ahora los envoltorios, logotipos y marcas impresas en los paquetes, elementos que suelen utilizarse para identificar al proveedor, el destinatario o la calidad de la droga. También podrán realizar estudios químicos para establecer similitudes con cargamentos secuestrados anteriormente.
La incautación de 3.130 kilos de cocaína representa un golpe económico millonario para la organización responsable. El valor final habría aumentado varias veces después de que la droga fuera fraccionada, adulterada y distribuida en los principales mercados europeos.
La operación también dejó expuesta la capacidad logística de las redes del narcotráfico para trasladar toneladas de cocaína desde América Latina, atravesar el Atlántico, coordinar transbordos a escasa distancia de Europa y disponer de vehículos y equipos de interferencia para completar el último tramo del recorrido.
La cantidad de droga secuestrada y el profesionalismo de la maniobra indican que el cargamento no estaba destinado exclusivamente al mercado portugués. La principal línea investigativa apunta a una estructura transnacional con capacidad para distribuir cocaína en varios países de la Unión Europea.
Mientras continúa la búsqueda de los ocupantes de la furgoneta, las autoridades intentan determinar quiénes colaboraron desde tierra, dónde debía almacenarse la droga y qué organización latinoamericana financió o entregó el cargamento.




