Por Enrique Guillermo Avogadro
“Por primera vez en mucho tiempo, la vulgaridad y los insultos personales han dejado de ser tabú”. Giuliano da Empoli
Partamos de una certeza: a Javier Milei, que aspira a convertirse en el líder de la derecha latinoamericana, le conviene que Luiz Inácio Lula da Silva resulte nuevamente reelegido en las elecciones presidenciales del 4 de octubre, porque un Flavio Bolsonaro triunfante volcaría sobre éste las preferencias regionales y, en especial, las de Donald Trump. Sus agraviantes ataques verbales al Presidente de Brasil – y a un Juez del Supremo Tribunal Federal -, sólo beneficiaron a quien los recibió, ya que galvanizó el nacionalismo de la ciudadanía en su respaldo. La rápida desescalada en el conflicto encabezada por Itamaraty (la Cancillería), además del claro interés de la poderosa FIESP y de la industria argentina – ambos países son importantísimos socios comerciales – ratifica esta verdad de Perogrullo.
No terminaron allí los titulares que la semana dejó en Latinoamérica. El tirano Daniel Ortega y la co-Presidente, su mujer Rosario Murillo, decretaron que nunca más habrá elecciones en Nicaragua; así, la democracia ha sido enterrada. Acosado por la crisis terminal que afecta a Cuba, su homólogo Miguel Díaz-Canel firmó la partida de defunción de la economía tan férreamente estatizada que impuso Fidel Castro hace casi 70 años, y que ha llevado a la isla al estado de inanición y atraso que hoy vive. Y en Bolivia, donde Rodrigo Paz asumió la Presidencia hace sólo 8 meses, la probabilidad de un conflicto armado con el delincuente Evo Morales – prohijado por el kirchnerismo – y sus huestes se acentuó, impulsada por las aspiraciones golpistas del mismo Vicepresidente, el demente Edman “Capitán” Lara.
Venezuela, por su parte, sigue dando que hablar, toda vez que el Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, ha publicado una ruta hacia la normalización institucional que incluye la formación de un “consejo” que sería integrado por representantes de la oposición y del chavismo, algo que, por supuesto, ha sido rechazado por Edmundo González y María Corina Machado, quienes ganaron por amplísima mayoría las últimas elecciones celebradas bajo la tiranía de Nicolás Maduro. Por lo demás, EEUU controla totalmente el petróleo venezolano y el producido de todas las operaciones que con él se realizan termina en un oscuro fondo bajo su exclusivo dominio.
En Perú asumió la Presidencia Keiko Fujimori, nueva integrante de la ola derechista que recorre Latinoamérica. A pesar de haber tenido nada menos que ocho antecesores, el país goza de una estabilidad económica que muchos vecinos, Argentina en especial, envidian; se debe, precisamente, a la independencia de su Banco Central, comandado por el mismo Julio Velarde Flores hace la friolera de 20 años.
En ese camino, Milei anunció el jueves que impulsará una serie de leyes que buscan ese mismo objetivo, cuidar el valor de nuestra moneda y ponerla a resguardo de la voracidad de los diferentes gobiernos que, por vía de la emisión descontrolada para financiar la política y el populismo irracional, ha llevado a nuestro pobre peso a perder nada menos que once ceros desde 1970 (con distintos nombres: Ley 18.188, Argentino, Austral, Convertible). La sociedad haría bien, si quiere recuperar la soberanía, el respeto internacional y la confianza pública, conceptos esenciales para recibir inversiones genuinas generadoras de empleo registrado y hasta para nuestro reclamo por Malvinas, en exigir al Congreso la aprobación de estas medidas.
Pero, a contramano de esos tres objetivos, el Poder Ejecutivo sigue construyendo en Tribunales un sistema de impunidad para proteger a políticos (Sergio Massa, sobre todo), empresarios (Cristóbal López es sólo un ejemplo) y directivos de AFA (Claudio Chiqui Tapia, Pablo Toviggino y sus cómplices). Y esta sensación horrible también está repercutiendo en la calificación interna del Gobierno, asaltada diariamente – sin percibir que todo lo anterior era un falso regalo, pues se pagaba con inflación – por los fuertes aumentos de los servicios públicos que aprietan, y mucho, a la capacidad de llegar a fin de mes con salarios deprimidos.
Europa ha vuelto al centro de atención por la masiva llegada de migrantes marroquíes a Ceuta, el enclave español africano frente al estrecho de Gibraltar. La crisis, desatada a raíz de la contienda entre Marruecos y Argelia pero, sobre todo, a la absurda ley del gobierno de Pedro Sánchez para regularizar a cientos de miles de inmigrantes, ha mostrado las diferentes actitudes de los gobiernos de los países de la Unión frente a un problema – en gran parte, derivado del colonialismo – que ha sido desatendido desde hace décadas, a punto tal que Italia y Finlandia han propuesto excluir del Espacio Schengen (inexistencia de fronteras dentro de la Comunidad) a España.
La “operación especial” de Vladimir Putin contra Ucrania tuvo, también, un agravante con el impacto de un misil, presumiblemente ruso, en territorio de Polonia, que podría permitir a este país a invocar el artículo 5° del pacto de la OTAN – que ya financia y arma a Volodimir Zelensky – que obliga a todos los miembros a defenderlo de una agresión externa. La situación entre ambas violentas guerras (la otra, en el Golfo Pérsico) tienen vasos comunicantes: la grave disminución de los stocks balísticos de EEUU, reconocido por el Pentágono, y la silente participación de China en ambas, sobre todo con inteligencia y armamento enviado a través de terceros países.
En Oriente Medio se aleja una solución diplomática. El tráfico de petróleo y fertilizantes por el estrecho de Ormuz sigue interrumpido, y ya se han visto ataques a plantas desalizadoras en Irán y Kuwait. Los ataques yemeníes pro-iraníes a Egipto y Arabia Saudita ponen en duda la subsistencia del tránsito marítimo (comercio general) por el estrecho de Bab el-Mandeb.





