Jerusalén – 31 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) completaron el desmantelamiento de sectores centrales de la extensa red de túneles construida por Hezbolá bajo la cordillera de Beaufort, en el sur del Líbano, mientras Hamás intentó obtener en Gaza una tregua de entre diez y quince años que le permitiría sobrevivir como estructura armada, conservar parte de sus armas pesadas y evitar la destrucción completa de sus propios túneles.
Los dos acontecimientos exponen una misma estrategia de las organizaciones financiadas durante años por Irán: utilizar negociaciones, treguas y acuerdos parciales para proteger la infraestructura militar que no pudieron defender frente a las operaciones israelíes.
La actividad de las FDI en Beaufort se desarrolló dentro de la denominada zona de seguridad establecida por Israel en el sur libanés. Tropas de la 36ª División, la Brigada Golani, la unidad de comandos Maglan y especialistas de ingeniería de Yahalom tomaron el control operativo de la elevación y comenzaron a limpiar un sistema subterráneo construido durante más de una década con financiamiento y planificación iraníes.
La red estaba situada a apenas seis kilómetros de Metula y dominaba geográficamente el denominado Dedo de Galilea. Según la información militar israelí, funcionaba como centro de mando de Hezbolá y podía albergar simultáneamente a cientos de combatientes en habitaciones preparadas para permanencias prolongadas.
Uno de los túneles tenía aproximadamente un kilómetro de extensión e incluía seis accesos subterráneos, depósitos de armas, posiciones para misiles antitanque, granadas, municiones, equipamiento de combate y material médico avanzado. También contenía dormitorios, duchas, sanitarios, cocinas y hasta un quirófano, lo que confirma que no se trataba de simples refugios defensivos, sino de una instalación militar diseñada para sostener operaciones prolongadas.
Desde ese complejo fueron lanzados drones, misiles portátiles y proyectiles antitanque contra tropas israelíes y localidades del norte de Israel. Las FDI señalaron además que la infraestructura se encontraba cerca de posiciones del Ejército libanés, pero que Hezbolá impidió que las fuerzas oficiales de Beirut intervinieran para eliminarla.
El complejo servía como una instalación estratégica de la denominada Unidad Bader de Hezbolá, encargada de operar en sectores del sur del Líbano. Su destrucción requirió centenares de toneladas de explosivos y culminó después de semanas de control israelí sobre el área.
La demolición de Beaufort representa un golpe directo a la doctrina militar construida por Hassan Nasrallah y sus sucesores bajo supervisión iraní: esconder centros de mando, combatientes y sistemas de armas debajo de zonas civiles, desde donde podían dirigir ataques contra Israel y regresar rápidamente a posiciones protegidas.
Mientras esa estructura era destruida en el Líbano, los dirigentes de Hamás buscaron garantizar que una red similar permaneciera intacta en Gaza.
Según la información difundida inicialmente por el Canal 13 de Israel, la conducción del grupo terrorista redactó una carta en inglés dirigida al presidente estadounidense Donald Trump, en la que ofrecía una hudna —una tregua prolongada— de entre diez y quince años.
Hamás habría propuesto una entrega gradual de determinadas armas, pero sin desprenderse inmediatamente de su armamento pesado. También exigía que Israel suspendiera los ataques, pusiera fin a las eliminaciones selectivas de sus comandantes y comenzara una retirada progresiva de la Franja.
La propuesta contemplaba además que países árabes pagaran indemnizaciones o beneficios de retiro a funcionarios de Hamás desplazados por un comité tecnocrático. La organización conservaría así recursos económicos, cuadros políticos y buena parte de su capacidad de reorganización.
El punto más grave era la ausencia de un compromiso verificable para revelar y destruir la red de túneles de Gaza. La infraestructura subterránea permitió a Hamás esconder armas, mantener cautivos, movilizar combatientes y preparar los ataques iniciados el 7 de octubre de 2023, cuando aproximadamente 1.200 personas fueron asesinadas en Israel y otras 251 fueron secuestradas.
Una tregua de quince años sin desmantelamiento total habría otorgado al grupo el tiempo necesario para reconstruir arsenales, reclutar nuevos combatientes, restablecer mandos y preparar otra guerra. Israel habría quedado obligado a suspender sus operaciones mientras la organización responsable de la masacre de octubre conservaba los instrumentos para repetirla.
Funcionarios israelíes calificaron esa fórmula como una maniobra destinada a ganar tiempo y evitar que Hamás fuera declarado en violación del plan promovido por Trump. La posición israelí sostiene que cualquier proceso político debe comenzar con la eliminación completa de las capacidades militares del grupo, el retiro de todas las armas y la destrucción de su infraestructura subterránea.
Durante las últimas horas, Trump anunció un principio de acuerdo más amplio para avanzar hacia el desarme de Hamás, el traspaso del gobierno de Gaza a un comité palestino tecnocrático y una retirada israelí escalonada. Sin embargo, las diferencias sobre el orden de aplicación continúan siendo profundas.
La hoja de ruta difundida por Estados Unidos contempla que las armas sean almacenadas bajo control del Comité Nacional para la Administración de Gaza, con supervisión de una Fuerza Internacional de Estabilización. También incluye la remoción de infraestructura militar y túneles, aunque los plazos mencionados para completar el proceso oscilan entre 200 y 350 días.
Hamás aceptó discutir el almacenamiento de armas, pero condicionó cualquier avance a que Israel detenga primero sus operaciones, abra los cruces y retire sus fuerzas. La organización evita utilizar el término desarme y rechaza entregar el armamento a Israel o a una potencia extranjera.
Israel, por su parte, no confirmó su adhesión definitiva al esquema y mantiene la exigencia de que las armas sean retiradas de Gaza, no simplemente guardadas bajo una autoridad palestina cuya capacidad de control todavía no ha sido demostrada.
La experiencia de Beaufort explica la negativa israelí a aceptar promesas ambiguas. Durante años, Hezbolá construyó bajo territorio libanés una verdadera ciudad militar financiada por Irán mientras participaba formalmente de la política libanesa y alegaba actuar como una fuerza de resistencia.
Hamás pretende ahora obtener en Gaza la misma oportunidad: suspender la presión militar, conservar una parte sustancial de su estructura y presentar como desarme lo que podría convertirse únicamente en un almacenamiento temporal de armas.
Una tregua de diez o quince años solo podría ser considerada después de la entrega verificable de todo el arsenal, la destrucción de los túneles, la desaparición de la cadena de mando terrorista y la instalación de una autoridad capaz de impedir el rearme. Sin esas condiciones, no sería un acuerdo de paz, sino una pausa concedida a Hamás para reconstruir la maquinaria que Israel está desmantelando bajo tierra en el Líbano.





