Washington – 3 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA – Estados Unidos exhibió la destrucción de una de las principales instalaciones de ensamblaje de misiles balísticos de Irán como muestra de su capacidad para seguir degradando el arsenal de la República Islámica, mientras el presidente Donald Trump condicionó la suspensión de nuevos ataques a la apertura completa, inmediata y segura del Estrecho de Ormuz.
La información sobre la fábrica alcanzada no corresponde a un bombardeo realizado este lunes, sino a una operación anterior contra el complejo de Kuh-e Barjamali, situado en las proximidades de Teherán, cuyos daños volvieron a difundirse en las últimas horas junto con la advertencia de la Casa Blanca.
El Comando Central de Estados Unidos —CENTCOM— publicó imágenes satelitales del antes y después de la instalación, que describió como una de las mayores plantas iraníes dedicadas al ensamblaje de misiles balísticos. Las fotografías mostraron la destrucción de edificios industriales, depósitos y sectores vinculados con la producción de proyectiles.
La ofensiva contra Kuh-e Barjamali fue ejecutada durante la campaña aérea iniciada en marzo y no constituye, por sí sola, la confirmación de una nueva oleada lanzada el 3 de agosto. Informes especializados señalaron posteriormente que Irán comenzó a reparar o reconstruir parte de su infraestructura misilística, incluida aquella dañada en complejos como Parchin, lo que convirtió nuevamente esas instalaciones en posibles objetivos de Estados Unidos e Israel.
La difusión simultánea de las imágenes y del ultimátum generó versiones según las cuales la fábrica acababa de ser destruida por misiles estadounidenses. La secuencia verificada indica que Washington utilizó el resultado de ataques anteriores para reforzar la credibilidad de su amenaza actual contra Teherán.
Trump había fijado un plazo de 48 horas para que Irán permitiera el tránsito sin amenazas por Ormuz. En un mensaje publicado en Truth Social, afirmó que, si el estrecho no era abierto completamente, Estados Unidos atacaría objetivos iraníes con una intensidad mayor. Posteriormente aceptó suspender la ofensiva proyectada, condicionada al cumplimiento iraní.
La decisión introdujo una nueva pausa en la campaña militar después de trece noches consecutivas de ataques estadounidenses contra sistemas de defensa aérea, radares costeros, depósitos de drones, instalaciones navales, centros de mando y posiciones de la Guardia Revolucionaria Islámica.
La Casa Blanca esperaba ejecutar durante el fin de semana una ofensiva de mayor alcance. Sin embargo, las advertencias de Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos sobre una posible represalia iraní contra instalaciones petroleras, plantas de gas y sistemas de desalinización influyeron en la decisión de Trump de conceder espacio a las gestiones diplomáticas.
Irán había amenazado con atacar los yacimientos petroleros sauditas y emiratíes, las instalaciones gasíferas de Qatar e Israel y otros objetivos regionales si Estados Unidos golpeaba su red energética. El régimen también mantuvo ataques contra bases estadounidenses, buques mercantes y países del Golfo a los que acusa de colaborar con Washington.
El presidente estadounidense aseguró que existía la posibilidad de alcanzar rápidamente un acuerdo para reabrir Ormuz y retomar las discusiones sobre el programa nuclear iraní. Teherán desmintió que hubiera negociaciones directas en marcha y sostuvo que los únicos contactos concretos se desarrollaban con Omán para establecer un mecanismo temporal de navegación.
Las conversaciones impulsadas por Mascate analizan una ruta que atravesaría aguas iraníes y omaníes. Irán exige garantías contra nuevos ataques y alivio de sanciones antes de permitir el tránsito comercial bajo ese esquema, mientras Estados Unidos rechaza que la Guardia Revolucionaria cobre peajes o controle unilateralmente la circulación internacional.
El paso marítimo permanece restringido desde que la Guardia Revolucionaria anunció su cierre y comenzó a disparar contra barcos considerados no autorizados. Antes de la guerra, aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados mundialmente atravesaba el estrecho.
La interrupción provocó desvíos de buques, fuertes aumentos de los seguros marítimos, demoras en las entregas y volatilidad en los precios internacionales de la energía. Estados Unidos desplegó fuerzas navales para escoltar embarcaciones y aplicar un bloqueo a los puertos iraníes, pero no consiguió restablecer una circulación normal y permanente.
La destrucción de plantas de producción forma parte de una estrategia destinada a reducir la capacidad de Irán para reponer los misiles utilizados contra bases estadounidenses, Israel y países árabes. Kuh-e Barjamali era considerada una pieza relevante porque concentraba tareas de ensamblaje de proyectiles balísticos de diferentes alcances.
El ataque contra una fábrica no significa que el programa misilístico iraní haya sido eliminado. La República Islámica distribuyó durante años sus componentes entre instalaciones subterráneas, complejos militares y establecimientos industriales dispersos, además de desarrollar líneas de producción capaces de ser reconstruidas.
Imágenes obtenidas durante junio y julio mostraron trabajos de reparación en varios emplazamientos previamente bombardeados. Funcionarios israelíes advirtieron que volverán a intervenir si Teherán recompone sus industrias nuclear o balística, con independencia del resultado de las gestiones entre Irán, Omán y Estados Unidos.
La amenaza de Washington se produjo después de nuevos ataques iraníes contra fuerzas estadounidenses en Jordania y contra embarcaciones en Ormuz. Trump prometió “golpear muy fuerte” a Teherán luego de que misiles balísticos fueran lanzados contra una base norteamericana y milicias respaldadas por Irán atacaran posiciones regionales.
La confrontación dejó expuestas las dificultades estadounidenses para combinar sus objetivos. Washington procura mantener abiertos los corredores energéticos, destruir capacidades militares iraníes y evitar una guerra regional que obligue a defender simultáneamente bases, puertos, refinerías y ciudades de sus aliados.
La última suspensión tampoco constituye un cese del fuego formal. El Pentágono mantiene desplegados portaaviones, destructores, bombarderos, cazas y sistemas antimisiles, mientras CENTCOM continúa preparado para atacar radares, lanzadores, centros de almacenamiento y fábricas si la Guardia Revolucionaria vuelve a impedir la navegación.
Irán busca convertir el control de Ormuz en una herramienta de negociación. En lugar de ofrecer una reapertura incondicional, pretende obtener reconocimiento de sus normas sobre el tráfico marítimo, garantías de seguridad y compensaciones económicas, exigencias que Washington y los países árabes consideran incompatibles con el carácter internacional de la vía.
Fuentes consultadas: Casa Blanca; Truth Social; Comando Central de Estados Unidos; Departamento de Defensa; Guardia Revolucionaria Islámica; Gobierno de Omán; Reuters; Associated Press; The Wall Street Journal; The Guardian; CBS News; Institute for Science and International Security.




