Por Darío Rosatti
Jorge Ferraresi dejó la intendencia de Avellaneda para recorrer la provincia y alimentar su proyecto de llegar a la gobernación, pero apenas un mes después regresó al municipio por una puerta lateral: su esposa y sucesora, Magdalena Sierra, creó una Jefatura de Asesoramiento Institucional y lo designó al frente con categoría superior, adicionales y un salario que la oposición calcula por encima de los $10 millones mensuales. La escena alimenta inevitablemente la ironía sobre una suerte de “familia real” de Avellaneda, donde la conducción municipal pasó del marido a la esposa y el exintendente volvió convertido en asesor de quien lo reemplazó. El episodio se suma a una larga gestión atravesada por investigaciones y denuncias sobre obra pública, contrataciones y funcionarios municipales, aunque varias de esas actuaciones no derivaron hasta ahora en condenas contra Ferraresi.
Buenos Aires – 13 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA.- En algunas monarquías la corona pasa del rey a sus descendientes. En Avellaneda encontraron una versión más práctica: el intendente renuncia, asume su esposa y, pocas semanas después, ella crea un cargo para devolverlo al palacio municipal. No habrá cetro ni capa de armiño, pero el mecanismo consiguió que Jorge Ferraresi continúe dentro de la estructura que gobernó durante 15 años, ahora bajo la autoridad formal de Magdalena Sierra. Ahora Ferraresi seguira gobernando Avellaneda detras del “cetro” de su esposa.
La esposa del exintendente asumió la conducción municipal el 3 de julio de 2026, después de desempeñarse como jefa de Gabinete y tras la renuncia de Ferraresi, que decidió concentrarse en la construcción política del Movimiento Derecho al Futuro y en una eventual candidatura a gobernador bonaerense. El municipio informó entonces que Sierra conduciría Avellaneda hasta completar el mandato vigente.
El alejamiento del ahora exjefe comunal resultó bastante menos dramático de lo que podía suponerse. Mediante un decreto firmado por su esposa se creó la Jefatura de Asesoramiento Institucional, dependiente directamente de la Intendencia, y Ferraresi fue designado para ocuparla. La norma establece que deberá intervenir en la formulación, coordinación y seguimiento de políticas, programas y proyectos municipales, evaluar su cumplimiento y coordinar acciones entre secretarías: en otras palabras, buena parte de las funciones que permiten seguir teniendo una mirada bastante amplia sobre la administración que él mismo condujo.
El decreto modificó además el escalafón superior para equiparar el nuevo cargo con una categoría jerárquica y le reconoció adicionales por título universitario, dedicación exclusiva y una bonificación por computación del 150%. El concejal opositor Lucas Yacob, del PRO, estimó que la remuneración puede superar los $10 millones mensuales; otras fuentes políticas locales la ubican incluso entre $12 millones y $13 millones al sumar antigüedad y otros adicionales. La cifra exacta no fue publicada oficialmente junto con la designación.
La explicación oficial es que Ferraresi había anticipado que seguiría participando activamente de la gestión local mientras recorría la provincia, y sus allegados sostienen que el nuevo salario es inferior al que percibía como intendente. La oposición observa el episodio desde otro ángulo: renunció para hacer política provincial, dejó la Intendencia en manos de su esposa y regresó mediante un puesto creado dentro de la administración municipal.
La postal invita a cierta sorna porque Sierra no apareció de manera improvisada en la vida pública de Avellaneda. Su propia biografía política recuerda que desde comienzos de los años 2000 construyó junto con Ferraresi la Agrupación Eva Perón, nacida alrededor del trabajo territorial que se realizaba desde el área de Obras y Servicios Públicos municipal. Con los años fue concejal, senadora provincial, diputada nacional y jefa de Gabinete antes de asumir finalmente la Intendencia.
No existe, naturalmente, una sucesión hereditaria en términos jurídicos. Pero políticamente la imagen resulta difícil de evitar: el hombre que convirtió Avellaneda en su principal base de poder se retira para buscar un cargo mayor, la esposa recibe el mando y después firma el decreto que lo reincorpora como asesor jerárquico. En la “Casa Ferraresi”, al parecer, la línea sucesoria funciona con notable eficiencia administrativa.
Y la corona viene con historia.
En 2019, una investigación del juez federal de Quilmes Luis Armella derivó en allanamientos en la Municipalidad de Avellaneda dentro de una causa que examinaba presuntas irregularidades en el manejo de fondos destinados a obra pública. Infobae informó entonces que la Justicia analizaba si contratos habían sido direccionados hacia un reducido grupo de constructoras cercanas a funcionarios municipales. Los investigadores habían detectado empresas sin empleados registrados, sociedades con domicilios considerados inconsistentes y relaciones entre compañías adjudicatarias y personas vinculadas con el entorno político local.
Según aquella investigación, Avellaneda había recibido aproximadamente $2.800 millones del Estado nacional entre 2010 y 2015, período en el que se examinó la distribución de contratos. Fuentes judiciales citadas entonces incluso señalaron que funcionarios municipales y una hija de Ferraresi utilizaban vehículos registrados a nombre de sociedades investigadas, circunstancia que formó parte de las hipótesis que la Justicia intentó reconstruir. Esas sospechas deben ser entendidas como antecedentes de una investigación judicial y no como hechos acreditados por una sentencia condenatoria contra el exintendente.
Más recientemente, una denuncia relacionada con la construcción del CAPS N°16 Brisas del Plata, en Dock Sud, volvió a colocar bajo cuestionamiento a funcionarios municipales. El expediente PP-20-00-018391-25/00 se inició a partir de daños denunciados por dos vecinos y posteriormente incorporó reclamos relacionados con supuestas deficiencias constructivas, seguridad, condiciones sanitarias y falta de respuesta administrativa. Entre quienes los denunciantes afirmaron haber puesto en conocimiento de la situación aparecen Ferraresi, Sierra y distintos funcionarios locales. La propia publicación que reconstruyó el caso aclaró que el exintendente no figuraba imputado penalmente en ese momento.
Esos antecedentes ayudan a comprender por qué la creación de un cargo a medida para el exintendente genera algo más que bromas sobre nepotismo municipal. Ferraresi construyó durante más de quince años una estructura política extremadamente sólida en Avellaneda, ganó sucesivamente elecciones con mayorías amplias y convirtió la obra pública y la presencia territorial del municipio en una de las principales herramientas de su modelo de gestión.
Ahora pretende exportar ese modelo a la provincia.
Para hacerlo necesitaba abandonar formalmente la intendencia y disponer de tiempo para recorrer municipios, conversar con intendentes y disputar espacio dentro del peronismo bonaerense. Lo hizo. Pero su alejamiento administrativo duró apenas unas semanas: Sierra firmó el decreto que creó la nueva jefatura y el antiguo dueño del despacho principal regresó al edificio municipal con salario, jerarquía y funciones transversales sobre la gestión.
En Avellaneda podrán discutir si corresponde hablar de continuidad política, sociedad matrimonial o dinastía municipal. Lo indiscutible es la secuencia: Ferraresi gobernó durante años, su esposa ocupó posiciones centrales dentro de la misma estructura, finalmente lo sucedió como intendente y después lo reincorporó mediante un cargo creado durante su propia administración. Si alguna vez la política argentina necesitaba una demostración de que la república también puede desarrollar costumbres cortesanas, el municipio acaba de aportar un ejemplo difícil de superar.




