El embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, volvió a apuntar contra Huawei y advirtió que su ingreso en infraestructura tecnológica vinculada con Vaca Muerta puede comprometer datos estratégicos y desalentar inversiones internacionales. La discusión dejó de ser exclusivamente comercial: CALF negocia con la empresa china equipamiento para ampliar su red de fibra óptica y desarrollar infraestructura de datos en Neuquén, mientras Washington sostiene que las leyes de inteligencia de Beijing obligan a las compañías chinas a colaborar con el Estado. Huawei figura además desde hace años en la lista de equipos considerados por la FCC estadounidense como un riesgo inaceptable para la seguridad nacional. Para una cuenca que concentra producción, telecomunicaciones, redes eléctricas, logística e información industrial de enorme valor, permitir que un proveedor cuestionado por las principales potencias occidentales gane posiciones sensibles merece, como mínimo, una evaluación de seguridad nacional mucho más profunda que una simple comparación de precios.
Buenos Aires – 13 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA.- La disputa entre Estados Unidos y China por el ingreso de Huawei en infraestructura tecnológica relacionada con Vaca Muerta escaló este jueves cuando el embajador estadounidense Peter Lamelas sostuvo ante empresarios que la seguridad de los datos energéticos debe ser considerada parte de la seguridad nacional y advirtió que la presencia de la compañía china puede desalentar nuevas inversiones en la principal formación de hidrocarburos no convencionales de la Argentina.
“China exige a sus empresas que le den al Estado cualquier dato que pase por su tecnología y sus redes de inteligencia artificial”, afirmó Lamelas durante el AmCham Energy Forum 2026, antes de agregar que “todo está controlado por el Partido Comunista Chino” y que semejante escenario “tampoco va a ayudar a traer inversores extranjeros a Vaca Muerta”. El diplomático formuló esas declaraciones apenas un día después de mantener contactos con autoridades de la cooperativa neuquina CALF, que negocia la adquisición de tecnología de Huawei.
La controversia comenzó cuando trascendieron mensajes enviados por un funcionario de la Embajada estadounidense a un gerente de la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén Limitada (CALF). En ellos se hacía referencia a una política de Washington que podría restringir o revocar visas a directivos vinculados con proyectos que expandieran la participación de Huawei. La cooperativa consideró esos contactos una presión indebida y planteó formalmente el episodio ante la Cancillería argentina.
Pero detrás del choque diplomático existe una cuestión estratégica que excede largamente la discusión por las visas.
CALF no es una empresa cualquiera dentro de la geografía neuquina. Opera la principal red eléctrica de la capital provincial y presta también servicios de conectividad mediante fibra óptica. Según explicó uno de sus directivos a EFE, la cooperativa ya adquirió en el pasado servidores y equipamiento de Huawei y ahora analiza incorporar nuevas unidades de fibra, routers, terminales y convertidores para extender internet hacia zonas que incluyen Vaca Muerta, Rincón de los Sauces, Cutral Có y Plaza Huincul, alcanzando tanto hogares como compañías vinculadas con la actividad petrolera.
Ese detalle modifica sustancialmente la dimensión del problema. Una red de comunicaciones desplegada sobre un área petrolera no transporta solamente correos electrónicos o conexiones domésticas. Puede terminar siendo soporte de comunicaciones empresariales, telemetría, servicios en la nube, sistemas de mantenimiento, información logística, datos de proveedores, planificación industrial y accesos remotos. Si además evoluciona hacia centros de procesamiento o almacenamiento de datos, la relevancia estratégica aumenta todavía más.
Eso no significa que exista evidencia pública de que Huawei esté actualmente accediendo a información operativa secreta de Vaca Muerta. Sí significa que incorporar tecnología de un proveedor considerado de alto riesgo por organismos de seguridad extranjeros dentro de la infraestructura digital que rodea al principal activo energético argentino genera una vulnerabilidad potencial que el Estado no debería evaluar únicamente desde el precio, el financiamiento o la calidad técnica.
La preocupación estadounidense tampoco apareció con Lamelas ni con la disputa de Neuquén. La Federal Communications Commission (FCC) mantiene equipos y servicios de telecomunicaciones producidos por Huawei Technologies dentro de su Covered List, destinada a tecnologías consideradas capaces de representar “un riesgo inaceptable para la seguridad nacional de Estados Unidos o para la seguridad de las personas estadounidenses”. Washington prohibió además nuevas autorizaciones de determinados equipos de Huawei dentro de su mercado.
Por eso Lamelas lanzó ante los empresarios una pregunta deliberadamente provocadora: si Estados Unidos es una de las economías más abiertas y capitalistas del mundo, ¿por qué allí existen restricciones severas contra los equipos Huawei? Su argumento es que las compañías internacionales que proyectan inversiones multimillonarias necesitan tener certeza de que sus comunicaciones y datos circularán por lo que Washington denomina “redes de confianza”.
La inquietud tiene particular relevancia en Vaca Muerta porque allí están comprometidas inversiones de empresas estadounidenses y occidentales de primera línea. La formación neuquina se consolidó como el motor del crecimiento energético argentino y su producción de petróleo ya ronda niveles récord, mientras se desarrollan oleoductos, proyectos de GNL y nueva infraestructura exportadora. Reuters estimó este año que el superávit comercial energético argentino podría ubicarse entre US$8.500 millones y US$10.000 millones en 2026, impulsado principalmente por la producción no convencional.
La proyección hacia el final de la década es todavía mayor. Consultoras internacionales consideran que Vaca Muerta puede superar el millón de barriles diarios, mientras proyectos en marcha incluyen un oleoducto de 550.000 barriles diarios y desarrollos destinados a convertir a Argentina en exportadora relevante de gas natural licuado.
En ese contexto, el riesgo tecnológico tiene una doble dimensión.
La primera es de ciberseguridad. Cuanto más digitalizado se vuelve un sistema energético, mayor importancia adquieren sus redes de comunicaciones. Producción, transporte, electricidad, almacenamiento y logística dependen crecientemente de sistemas interconectados. Un proveedor que ocupe posiciones significativas dentro de esa arquitectura puede, al menos potencialmente, transformarse en un punto crítico de confianza, actualización de software, mantenimiento o acceso remoto.
La segunda dimensión es comercial y geopolítica. Las advertencias de Lamelas apuntan a que compañías estadounidenses podrían considerar negativamente que infraestructura vinculada con sus proyectos utilice proveedores que Washington clasifica como riesgosos. El embajador lo expresó sin demasiados rodeos: “La seguridad energética de los datos es la seguridad nacional de ambos países”.
China rechaza por completo esa interpretación. Su Embajada en Buenos Aires acusó a Estados Unidos de promover deliberadamente una “teoría de la amenaza china”, calificó la actuación norteamericana como una intromisión y sostuvo que Argentina, como país soberano, tiene derecho a elegir libremente sus proveedores. Beijing también cuestionó la utilización de restricciones migratorias como instrumento para influir en decisiones empresariales locales.
Ese argumento merece ser considerado porque la definición del proveedor corresponde efectivamente a actores argentinos y debe respetar las leyes nacionales. Pero soberanía también significa evaluar autónomamente riesgos estratégicos. Elegir libremente no obliga a elegir ingenuamente.
La cuestión central para Argentina debería ser menos ideológica que técnica: qué información podría circular por la red, quién controla el hardware y el software, dónde se almacenan los datos, qué mecanismos de actualización remota existen, quién posee las claves de administración, cuáles son las auditorías independientes disponibles y qué capacidad real tendría el Estado argentino para detectar accesos no autorizados o extracción de información.
En infraestructura común esas preguntas son importantes; alrededor de Vaca Muerta resultan esenciales.
La experiencia internacional demuestra además que el problema no está limitado a Estados Unidos. La Unión Europea diseñó su denominada 5G Toolbox precisamente para reducir los riesgos derivados de proveedores considerados de alto riesgo dentro de redes críticas, imponiendo restricciones y criterios adicionales de seguridad y resiliencia.
El enfrentamiento entre Washington y Beijing puede tener naturalmente componentes comerciales. Huawei compite con fabricantes estadounidenses y europeos, y la batalla por estándares tecnológicos forma parte de una disputa económica global. Pero reducir todo el problema a proteccionismo sería tan simplista como aceptar sin examen cada afirmación estadounidense.
Vaca Muerta se está transformando en uno de los activos económicos más importantes que tuvo Argentina en décadas. Atrae capital estadounidense, europeo, canadiense y regional, alimentará exportaciones por miles de millones de dólares y puede terminar siendo decisiva para la seguridad energética de terceros países. La red digital que acompañe ese desarrollo no puede tratarse como si fuera el Wi-Fi de una oficina.
Lamelas acompañó su advertencia con un mensaje mucho más favorable a la Argentina: destacó la producción petrolera récord, el crecimiento del superávit energético y confirmó que organismos estadounidenses como la DFC y el Eximbank trabajan para movilizar financiamiento hacia proyectos locales. También exhortó a los empresarios a aprovechar el momento con una expresión muy argentina: “Cocodrilo que se duerme, es cartera”.
Precisamente porque Vaca Muerta está dejando de ser una promesa para convertirse en infraestructura estratégica de escala mundial, la discusión sobre Huawei merece abandonar el terreno de las chicanas diplomáticas. Antes de permitir que cualquier proveedor —chino, estadounidense, europeo o de cualquier origen— ocupe posiciones sensibles dentro de redes asociadas con la cuenca, Argentina debería exigir auditorías técnicas independientes, segmentación de redes, control soberano de datos y estándares especiales para infraestructura crítica.
El costo de elegir mal en telecomunicaciones puede cambiarse con una licitación futura. El costo de entregar inadvertidamente visibilidad sobre información estratégica, capacidades operativas o comunicaciones vinculadas con el principal recurso energético argentino podría resultar bastante más difícil de reparar.
Fuentes consultadas: La Nación, Infobae, Financial Times, EFE, Reuters, El País, Federal Communications Commission (FCC), Comisión Europea, AmCham Argentina, declaraciones públicas de Peter Lamelas, comunicaciones de CALF y de las embajadas de Estados Unidos y China en la Argentina.





