Buenos Aires – 16 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA – El Banco Central de la República Argentina (BCRA) redujo en agosto sus compras de dólares al ritmo más bajo del año y dejó expuesta una tensión cada vez más evidente dentro del programa económico: acumular reservas para fortalecer el balance de la autoridad monetaria o limitar su propia demanda de divisas para evitar que el tipo de cambio supere la zona de los $1.500 y vuelva a presionar sobre la inflación. En las primeras diez jornadas hábiles del mes, el Central adquirió apenas US$330 millones, a un promedio diario de US$33 millones, muy por debajo de los registros de los meses anteriores.
La desaceleración es significativa. En julio, el BCRA había comprado US$2.163 millones, equivalentes a un promedio diario cercano a US$103 millones y al 17,9% del volumen operado en el mercado. Durante agosto, la participación de la autoridad monetaria cayó a apenas 4,9%, según cálculos de GMA Capital.
La comparación con los meses anteriores permite dimensionar el cambio de estrategia. En abril, las compras habían alcanzado US$2.770 millones, con un promedio diario de US$138 millones. Incluso junio, que hasta ahora había sido el mes de menor acumulación, terminó con US$1.468 millones y unos US$68 millones diarios. Agosto recortó esa velocidad a menos de la mitad.
La explicación que domina entre los analistas es cambiaria. El Gobierno parece haber identificado la zona de los $1.500 por dólar mayorista como un nivel políticamente sensible, no porque exista formalmente un techo en ese valor, sino porque un movimiento sostenido por encima podría comenzar a trasladarse nuevamente a precios y complicar el proceso de desaceleración inflacionaria.
El viernes 14 de agosto, el tipo de cambio mayorista de referencia del BCRA cerró en $1.488,70, mientras el dólar minorista terminó en $1.510 en el Banco Nación. Durante la última semana, el mayorista había retrocedido unos $11 después de aproximarse nuevamente a la zona de $1.500.
La mecánica es sencilla: cuando el Banco Central compra dólares en el mercado se convierte en un demandante adicional. Si esa demanda se incrementa considerablemente en un momento de oferta limitada, puede contribuir a empujar la cotización hacia arriba. Reduciendo su intervención, deja más divisas disponibles para la demanda privada y disminuye la presión sobre el precio, aunque al mismo tiempo acumula reservas con mayor lentitud.
GMA Capital interpretó la estrategia en esos términos y señaló que la prioridad parece ser mantener el dólar debajo de los $1.500, aun resignando velocidad en la acumulación de reservas. IEB coincidió en que la presión privada sobre el mercado disminuyó durante los últimos días, pero destacó que, pese a esa menor demanda, las compras oficiales continuaron en mínimos del año.
El dilema no es menor porque Argentina todavía necesita fortalecer sus reservas. La gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia advirtió que reducir las compras no resulta consistente con las necesidades de mediano plazo de la economía, dado que el nivel de reservas continúa siendo reducido bajo buena parte de las métricas habituales, aunque reconoció que la decisión resulta comprensible dentro del objetivo inmediato de impedir una nueva aceleración inflacionaria.
El Gobierno puede mostrar, sin embargo, un resultado acumulado considerable: el BCRA ya compró más de US$13.600 millones durante 2026. Esa cifra constituye uno de los principales argumentos oficiales para sostener que el programa cambiario consiguió recomponer reservas sin abandonar el esquema de bandas y sin recurrir a una devaluación brusca.
El problema aparece hacia adelante. El viceministro de Economía José Luis Daza afirmó esta semana que el Central pretende comprar otros US$10.000 millones antes de las elecciones de 2027. Cumplir ese objetivo exigiría elevar nuevamente el ritmo de compras, especialmente si la oferta del sector privado no aumenta en igual proporción.
Si el ritmo observado en las primeras diez jornadas de agosto —US$33 millones diarios— se mantuviera sin cambios, acumular otros US$10.000 millones demandaría más de 300 ruedas cambiarias, un plazo incompatible con el objetivo anunciado antes de los comicios del próximo año. El cálculo muestra que la actual moderación difícilmente pueda convertirse en una política permanente si Economía pretende cumplir la meta planteada por Daza.
La tensión se vuelve todavía más delicada porque el tipo de cambio desempeña un papel central en la estrategia antiinflacionaria. Después de varios años en los que las devaluaciones se trasladaron rápidamente a alimentos, combustibles, bienes durables e insumos importados, el equipo económico intenta evitar que una nueva suba del dólar modifique expectativas y provoque una recomposición preventiva de precios.
Pero sostener ese objetivo mediante una menor compra de reservas también tiene un costo. Un Banco Central con menor capacidad de acumulación conserva menos margen frente a episodios de volatilidad, vencimientos externos o shocks sobre la demanda de divisas. La discusión, por eso, no pasa solamente por cuántos dólares tiene el Central en términos brutos, sino por su disponibilidad efectiva una vez descontados encajes, swaps y otras obligaciones.
La propia página estadística del BCRA continúa colocando las reservas internacionales entre los indicadores centrales para evaluar la posición monetaria y externa, junto con el tipo de cambio mayorista y el régimen de bandas. La coexistencia de esos objetivos obliga a la autoridad monetaria a calibrar diariamente cuánto puede comprar sin provocar un movimiento del dólar que termine interfiriendo con la estrategia de precios.
La actual política expone así una contradicción que el Gobierno deberá resolver durante los próximos meses: cuanto más agresivamente compre el Central para cumplir la meta de reservas, mayor puede ser la presión alcista sobre el dólar; cuanto más limite sus compras para defender la zona de $1.500, más difícil será alcanzar los US$10.000 millones adicionales prometidos antes de 2027.
Por ahora, Santiago Bausili parece haber elegido cautela. Después de las compras récord de abril y del fuerte ritmo de julio, agosto comenzó con una presencia mucho menor del Central en el mercado, al mismo tiempo que el mayorista volvió a colocarse debajo de $1.500. El próximo período de fuerte liquidación exportadora mostrará hasta qué punto el Gobierno está dispuesto a aprovechar una mayor oferta para acelerar las compras sin alterar el precio que hoy considera compatible con su estrategia inflacionaria.
Fuentes consultadas: Banco Central de la República Argentina (BCRA); TN; GMA Capital; Banco Provincia; IEB; declaraciones públicas del viceministro de Economía José Luis Daza.




