El argentino Rafael Grossi se mantuvo con siete apoyos en la segunda votación informal del Consejo de Seguridad y continúa en el lote principal junto con la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, que pasó al frente con ocho, y la costarricense Rebeca Grynspan, que cayó de diez a siete. La señal de alerta para Grossi es el aumento de votos negativos, de dos a seis. Ninguno alcanzó todavía los nueve respaldos necesarios y la verdadera batalla comenzará cuando Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido puedan dejar expuestos sus eventuales vetos.
Nueva York – 21 de agosto de 2026 – Total News Agency – TNA – La carrera por la conducción de las Naciones Unidas comenzó a reducirse alrededor de tres nombres, con el argentino Rafael Grossi todavía en competencia directa con Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana, y Rebeca Grynspan, de Costa Rica, después de la segunda votación secreta e informal realizada este viernes por los 15 miembros del Consejo de Seguridad.
Rodrigues-Birkett encabezó esta ronda con ocho votos que alentaron su candidatura, tres que la desalentaron y cuatro sin opinión. Grynspan, líder de la primera consulta, obtuvo siete respaldos, cuatro rechazos y cuatro abstenciones de posición, mientras Grossi mantuvo sus siete adhesiones, aunque recibió seis votos negativos y dos miembros no expresaron opinión.
El resultado introduce una modificación importante respecto del primer sondeo del 30 de julio. Entonces Grynspan había conseguido diez apoyos, apenas un voto de desaliento y cuatro sin opinión; Rodrigues-Birkett, nueve, dos y cuatro respectivamente; y Grossi, siete respaldos, dos rechazos y seis miembros que todavía no habían tomado posición.
Para el candidato argentino hay, por lo tanto, dos lecturas simultáneas. Conservó intactos los siete votos positivos y sigue compartiendo el segundo puesto, mientras sus dos principales rivales perdieron adhesiones. Pero cuatro de los seis integrantes que en julio no habían expresado opinión sobre Grossi pasaron ahora a desalentarlo, elevando de dos a seis el número de votos negativos.
La identidad de esos votos permanece oculta. En estas primeras consultas, los 15 integrantes utilizan papeletas idénticas y cada uno marca para cada candidato “Encouraged”, “Discouraged” o “No opinion expressed”. Los votos se destruyen posteriormente y todavía no puede distinguirse si un rechazo corresponde a alguno de los diez miembros electos o a Estados Unidos, China, Rusia, Francia o Reino Unido, los cinco permanentes con capacidad de veto.
Ese misterio es precisamente lo que impide considerar definitiva cualquier ventaja actual.
Para ser recomendado como secretario general, un candidato necesita como mínimo nueve votos favorables en el Consejo de Seguridad y ningún veto de los cinco miembros permanentes. Después, el nombre elegido pasa a la Asamblea General, donde los 193 Estados formalizan el nombramiento.
La etapa decisiva llegará cuando comiencen las denominadas votaciones con papeletas diferenciadas, que permitirán saber si un “Discourage” proviene de uno de los P5. En ese momento, un candidato podría aparecer con diez, once o incluso más respaldos y quedar prácticamente fuera de carrera si uno solo de los cinco grandes poderes decide bloquearlo.
Para Argentina, ese será el examen determinante de Grossi.
El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) fue postulado formalmente por el gobierno argentino el 26 de noviembre de 2025. Javier Milei puso detrás de su candidatura una estructura diplomática específica y la Cancillería sostiene que su experiencia negociando simultáneamente con Washington, Moscú, Pekín, Teherán, Kiev y las principales capitales europeas le proporciona una característica especialmente útil en una organización atravesada por guerras y confrontaciones entre grandes potencias.
Grossi llega además con un recorrido internacional difícil de igualar entre los candidatos: dirige el OIEA desde 2019 y estuvo directamente involucrado en las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, la seguridad de las centrales ucranianas durante la guerra con Rusia y la crisis alrededor de la planta de Zaporiyia.
En los meses previos, tanto Estados Unidos como Rusia habían expresado valoraciones favorables hacia su desempeño internacional, aunque ninguna de esas señales equivale todavía a comprometer un voto cuando llegue el momento decisivo. China, Francia y especialmente Reino Unido permanecen bajo observación de la diplomacia argentina.
La posición británica agrega una particularidad por la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. Londres dispone de veto y sectores políticos británicos comenzaron a plantear públicamente interrogantes sobre qué posición asumiría un secretario general argentino frente al conflicto. Hasta ahora, el gobierno británico no anunció una oposición formal a Grossi y señaló que evaluará las cualidades de los candidatos.
La competencia latinoamericana es particularmente intensa. La región concentra la mayor parte de los candidatos y existe además una fuerte campaña internacional para que, por primera vez en los 81 años de historia de la ONU, una mujer llegue a la Secretaría General. Nunca una mujer ocupó el cargo.
Ese factor beneficia a Rodrigues-Birkett y Grynspan. La primera, actual representante permanente de Guyana ante Naciones Unidas y ex canciller, cuenta con respaldo caribeño y podría convertirse simultáneamente en la primera mujer y la primera persona proveniente del Caribe en conducir la organización.
Grynspan, ex vicepresidenta de Costa Rica y actual secretaria general de ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD), empezó la competencia como favorita con diez respaldos, pero perdió tres votos positivos entre una ronda y otra. Su ventaja inicial quedó así prácticamente neutralizada.
Los restantes aspirantes aparecen a mayor distancia. Compiten también la ex presidente chilena Michelle Bachelet, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, el ex presidente senegalés Macky Sall, el ugandés Olara Otunnu y Ivonne A-Baki, incorporada recientemente mediante una nominación de Tonga. Esta última debutó este viernes con cero votos favorables, ocho negativos y siete sin opinión.
El escenario también podría recibir nuevos nombres. El embajador ruso ante la ONU, Vasily Nebenzya, advirtió esta semana que si ninguno de los candidatos actuales logra despegar y aparece un bloqueo entre las grandes potencias, podrían incorporarse otros aspirantes.
La elección se produce además en un momento especialmente crítico para una organización debilitada por su dificultad para intervenir eficazmente en guerras como las de Ucrania y Medio Oriente, por la confrontación permanente entre los miembros con veto y por una severa crisis financiera y burocrática. Incluso varios candidatos colocaron la reforma de Naciones Unidas entre los ejes centrales de sus campañas.
António Guterres concluirá el 31 de diciembre diez años al frente de una ONU cuya capacidad para prevenir guerras y ejecutar decisiones quedó profundamente cuestionada durante su mandato. Su sucesor asumirá el 1 de enero de 2027 y deberá convivir desde el primer día con intereses frecuentemente incompatibles de Donald Trump, Xi Jinping y Vladimir Putin.
Por eso, los números de este viernes son apenas la antesala de la votación realmente decisiva. Rodrigues-Birkett llega con ocho apoyos, Grynspan y Grossi con siete, pero todavía ninguno conoce el dato que puede terminar su candidatura en una sola papeleta: qué opinan realmente de ellos Washington, Pekín, Moscú, Londres y París cuando sus votos dejen de confundirse con los otros diez y el poder de veto aparezca sobre la mesa.
Fuentes consultadas: Naciones Unidas, Consejo de Seguridad de la ONU, Cancillería Argentina, Security Council Report, Reuters, EFE, The National, The Guardian y documentación oficial del proceso de selección del próximo secretario general.




