El fenómeno ya está instalado y se fortalece rápidamente: la NOAA calcula más de 90% de probabilidad de que alcance una intensidad “muy fuerte” durante los próximos meses y asigna un 69% de chances a un episodio capaz de superar los registros existentes desde 1950. El Litoral, la cuenca del Plata y la Pampa Húmeda aparecen entre las áreas argentinas más expuestas a lluvias intensas, crecidas y anegamientos.
Buenos Aires – 26 de agosto de 2026 – Total News Agency – TNA – El Niño dejó de ser solamente una amenaza proyectada para convertirse en un fenómeno climático plenamente instalado y en rápido fortalecimiento, con pronósticos internacionales que ya contemplan la posibilidad de que el episodio 2026-2027 alcance una intensidad histórica y coloque bajo especial vigilancia a amplias zonas de la Argentina, principalmente el Litoral y toda la cuenca del Plata.
El dato más contundente surge de la actualización del Climate Prediction Center (CPC) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) del 13 de agosto: existe más de 90% de probabilidad de que El Niño alcance una categoría “muy fuerte” durante el otoño e invierno del hemisferio norte 2026-2027. El organismo fue todavía más lejos y calculó en 69% la posibilidad de que entre octubre y diciembre alcance una magnitud histórica, superando los episodios registrados desde 1950.
Ese escenario colocaría al actual evento en la misma discusión que los grandes El Niño de 1982-83, 1997-98 y 2015-16, considerados entre los más intensos de las últimas décadas. Los registros de la NOAA muestran que los dos últimos produjeron anomalías oceánicas y atmosféricas extraordinarias en el Pacífico tropical. La eventual superación de aquellos niveles no significa que sus impactos se repetirán de manera idéntica, porque cada episodio interactúa con condiciones atmosféricas y regionales diferentes.
En la Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ya considera que las condiciones oceánicas y atmosféricas son consistentes con una fase cálida del El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Las temperaturas de la superficie del Pacífico ecuatorial presentan anomalías positivas en toda la región, con los valores más elevados próximos a las costas sudamericanas, mientras los vientos alisios se encuentran debilitados y el Índice de Oscilación del Sur mantiene valores negativos. Para el trimestre agosto-septiembre-octubre, el organismo estima una probabilidad cercana al 100% de continuidad de El Niño.
La presidenta del Centro Argentino de Meteorólogos (CAM), Carla Gulizia, explicó en declaraciones a Agencia Noticias Argentinas (NA) que la región potencialmente más comprometida es el Litoral, especialmente por su pertenencia al sistema de la cuenca del Plata. La combinación de precipitaciones superiores a las normales y acumulaciones persistentes puede traducirse en crecidas de los ríos Paraná, Uruguay, Paraguay e Iguazú, además de inundaciones urbanas y rurales.
El mecanismo se origina a miles de kilómetros. El Niño corresponde a un calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial que altera la interacción entre el océano y la atmósfera y termina modificando grandes patrones de circulación planetaria. En algunas regiones provoca sequedad; en otras, como suele ocurrir sobre el noreste argentino durante eventos importantes, aumenta las probabilidades de precipitaciones superiores a los valores normales.
“Los eventos extremos cada vez son más frecuentes y más intensos”, advirtió Gulizia, quien señaló que el impacto debe analizarse además dentro de un contexto climático global en transformación. La especialista subrayó que un El Niño intenso no determina que necesariamente ocurrirá una catástrofe en cada área señalada, pero sí eleva las condiciones favorables para lluvias extraordinarias, desbordes y eventos hidrológicos importantes.
La preocupación se extiende desde Misiones, Corrientes y Entre Ríos hacia sectores de Santa Fe, Chaco y Formosa, aunque las señales pueden alcanzar también al centro y norte del territorio argentino. La Pampa Húmeda constituye otra zona sensible porque un exceso prolongado de lluvias puede favorecer inicialmente los cultivos y recomponer reservas hídricas, pero convertirse posteriormente en un problema para el agro si deriva en anegamientos, dificultades de implantación, enfermedades o imposibilidad de ingresar maquinaria a los campos.
El comportamiento de los grandes ríos será uno de los indicadores clave. La relación entre episodios de El Niño y grandes inundaciones de los ríos Paraná y Uruguay está documentada desde hace décadas. Estudios recopilados por organismos científicos de Estados Unidos describen una asociación entre los eventos cálidos del Pacífico y crecidas extraordinarias dentro del sistema del Río de la Plata.
En Cuyo y la Cordillera Central, el efecto puede ser diferente. Condiciones asociadas a El Niño suelen favorecer mayores nevadas durante el período frío, circunstancia que posteriormente puede traducirse en mejores caudales de deshielo durante el verano, un factor particularmente relevante para provincias dependientes de los recursos hídricos cordilleranos.
La aceleración del fenómeno durante los últimos meses llamó especialmente la atención. En marzo, la NOAA calculaba apenas una posibilidad de uno en tres de que el episodio llegara a categoría fuerte durante octubre-diciembre. Cinco meses después, la evaluación oficial pasó a más del 90% para un evento muy fuerte y 69% para uno potencialmente histórico, una variación que refleja la velocidad con la que se calentó el Pacífico y se consolidó el acoplamiento entre océano y atmósfera.
Durante julio, las anomalías de temperatura superaron +2 °C en sectores del Pacífico ecuatorial oriental, mientras el índice Niño 1+2 llegó a +2,9 °C. La NOAA detectó además anomalías térmicas subsuperficiales de hasta +10 °C, una enorme reserva de calor oceánico capaz de continuar alimentando el desarrollo del fenómeno durante los próximos meses.
Para Gulizia, uno de los problemas centrales ya no radica exclusivamente en pronosticar el fenómeno, sino en transformar esa información en prevención efectiva. La meteoróloga planteó la necesidad de fortalecer el sistema de alerta temprana del SMN, mejorar la coordinación entre autoridades nacionales, provinciales, municipales y defensas civiles, y disponer de recursos humanos, infraestructura y tecnología capaces de anticipar episodios peligrosos.
Los modelos modernos permiten hoy representar mucho mejor la interacción océano-atmósfera y reconocer que no existen dos eventos El Niño exactamente iguales. Esa mejora tecnológica permite delimitar probabilidades y regiones vulnerables con mayor anticipación, pero no elimina la incertidumbre sobre dónde caerán las lluvias más extremas o cuándo se producirán las crecidas.
El desafío inmediato para la Argentina será, por lo tanto, aprovechar los meses de anticipación que ofrecen los modelos. Si las proyecciones actuales se mantienen, la primavera y el verano encontrarán al país frente a uno de los El Niño más intensos desde que existen mediciones modernas, con la cuenca del Plata como una de las regiones donde la vigilancia hidrológica, las defensas contra inundaciones y los sistemas de evacuación pueden adquirir especial importancia.
Fuentes consultadas: Servicio Meteorológico Nacional (SMN); Climate Prediction Center (CPC) de la NOAA; Centro Argentino de Meteorólogos (CAM); antecedentes científicos sobre ENOS y la cuenca del Plata.




