El gobierno de Péter Magyar ordenó la salida de diez miembros de la misión rusa en Budapest por actividades “inaceptables” según la Convención de Viena. Moscú prometió una respuesta “dura y dolorosa”. La medida marca el giro más contundente de Hungría frente al Kremlin después de 16 años de cercanía política bajo Viktor Orbán y llega tras años de denuncias sobre espionaje ruso en el país.
Budapest – 8 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA-Hungría ordenó este martes la expulsión de 10 diplomáticos rusos por actividades consideradas incompatibles con su estatus, en una decisión que representa el quiebre más visible hasta ahora con la política de acercamiento a Moscú sostenida durante los 16 años de gobierno de Viktor Orbán.
La ministra de Asuntos Exteriores, Anita Orbán, informó que el embajador ruso en Budapest fue notificado de que diez integrantes de la misión habían desarrollado actividades “inaceptables para diplomáticos” conforme a la Convención de Viena. La funcionaria señaló que la medida busca proteger “la seguridad y la soberanía” de Hungría y aclaró que no supone la ruptura de relaciones diplomáticas con Rusia.
El gobierno no precisó públicamente qué acciones motivaron las expulsiones, pero la decisión se produce después de años de denuncias y advertencias sobre la utilización de Budapest como plataforma para actividades de inteligencia rusa. La respuesta del Kremlin fue inmediata. La portavoz de la Cancillería rusa, Maria Zakharova, advirtió que la reacción de Moscú será “dura y dolorosa” y atribuyó la decisión a lo que calificó como un “lobby rusófobo” dentro de la capital húngara.
El primer ministro Péter Magyar defendió la medida en el Parlamento y sostuvo que su gobierno no permitirá que ninguna potencia ponga en peligro la soberanía, la libertad o la independencia del país. Magyar llegó al poder después de la derrota electoral de Orbán en abril y desde entonces comenzó a desmontar algunas de las posiciones que habían convertido a Hungría en el interlocutor más próximo a Moscú dentro de la Unión Europea y la OTAN.
El cambio adquirió dimensión estratégica a fines de agosto, cuando el nuevo gobierno incorporó a Rusia como una amenaza para la seguridad de Hungría, Europa y el orden internacional dentro de las directrices de política exterior destinadas a orientar la actuación diplomática del país. Moscú reaccionó entonces con advertencias sobre las posibles consecuencias para el suministro energético ruso del que Hungría sigue dependiendo en buena medida.
La expulsión actual también revive antecedentes particularmente delicados. En 2022, el medio de investigación húngaro Direkt36 reveló que grupos vinculados con los servicios de inteligencia rusos FSB y GRU habían logrado penetrar durante años las redes informáticas del Ministerio de Relaciones Exteriores húngaro. Según aquella investigación, los atacantes alcanzaron incluso sistemas utilizados para transmitir información diplomática clasificada y documentos relacionados con la OTAN y la Unión Europea.
El caso resultó especialmente sensible porque el gobierno de Orbán había mantenido una relación política privilegiada con Vladimir Putin aun después de la invasión rusa de Ucrania. Budapest cuestionó o demoró reiteradamente sanciones europeas contra Moscú, preservó acuerdos energéticos y sostuvo canales políticos que provocaron tensiones permanentes con otros socios europeos.
La actividad rusa en Hungría tampoco quedó limitada al ciberespionaje. Investigaciones posteriores identificaron al entonces agregado militar ruso en Budapest, Oleg Smirnov, como oficial de la inteligencia militar GRU, mientras otros informes señalaron la amplitud de la presencia de posibles agentes y colaboradores vinculados con estructuras de inteligencia rusas alrededor de la embajada.
Desde su llegada al poder, Magyar comenzó a modificar esa relación. En mayo Budapest ya había expulsado a otro diplomático ruso acusado de realizar tareas de inteligencia bajo cobertura diplomática y convocó posteriormente al embajador ruso después de ataques con drones sobre la región ucraniana de Transcarpatia, donde reside una importante comunidad de origen húngaro.
La expulsión simultánea de diez miembros de la misión rusa eleva ahora el enfrentamiento a otro nivel y transmite una señal que alcanza tanto a Moscú como a los socios occidentales de Budapest. Durante años Hungría fue cuestionada dentro de la Unión Europea por mantener abierta una relación privilegiada con el Kremlin mientras otros países reducían drásticamente la presencia diplomática rusa por sospechas de espionaje y operaciones de influencia.
Con Magyar, Budapest parece comenzar a reconstruir su posición dentro del bloque occidental precisamente sobre uno de los terrenos donde Orbán había generado mayor desconfianza: la relación con los servicios y estructuras de poder de Moscú. La amenaza de represalias formulada por Zakharova muestra que el Kremlin también interpreta el movimiento como algo bastante más profundo que una expulsión diplomática ordinaria.
Fuentes consultadas: Gobierno de Hungría; Associated Press; Reuters; EFE; Euronews; Direkt36; Europa Press; The Moscow Times.
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