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Brasil en la balanza del poder

14 septiembre, 2026
Brasil en la balanza del poder
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Lula continúa encabezando la mayoría de las mediciones de primera vuelta, pero ningún sondeo permite tratar un eventual balotaje como resuelto. Flávio Bolsonaro ha estrechado la competencia y Augusto Cury conserva un espacio suficiente para alterar la aritmética de octubre. La elección también definirá cómo Brasil administrará su relación con Washington, Pekín y los BRICS en un escenario de competencia creciente entre las grandes potencias.

Por Sandra Mossayebeh

Luiz Inácio Lula da Silva llega a las últimas semanas de la campaña con una ventaja visible en la primera vuelta, pero que deja de ofrecer seguridad cuando la competencia se reduce a un enfrentamiento directo con Flávio Bolsonaro. El 4 de octubre los brasileños elegirán presidente, gobernadores, senadores y diputados, y el Tribunal Superior Electoral fijó el 25 de octubre para una eventual segunda vuelta. La elección se ha estrechado en un momento en que la política doméstica y la posición internacional de Brasil comienzan a mezclarse con una intensidad poco habitual. Lo que se decida en las urnas afectará también la forma en que la principal potencia sudamericana negociará con Estados Unidos, China y los BRICS.

Las mediciones más recientes describen una competencia abierta. Datafolha, con trabajo de campo entre el 8 y el 10 de septiembre, ubicó a Lula con 39 por ciento de intención de voto en primera vuelta, frente a 35 por ciento de Flávio Bolsonaro y 6 por ciento de Augusto Cury. En un eventual balotaje, Lula registró 46 por ciento y Flávio 44, dentro de un margen de error de dos puntos. Quaest, difundida el 14 de septiembre, mostró a Lula en 36 por ciento, Flávio en 31 y Cury en 7. En esa medición, Flávio apareció numéricamente delante en segunda vuelta con 42 por ciento frente a 40 de Lula, también dentro del margen de error.

El mismo día, BTG/Nexus volvió a mostrar una fotografía diferente y la misma incertidumbre. Lula obtuvo 42 por ciento en primera vuelta, Flávio 37 y Cury 6, mientras la segunda vuelta quedó en 47 por ciento para Lula y 46 para Flávio. PoderData/Aya había registrado cuatro días antes una ventaja numérica inversa, con 47 por ciento para Flávio y 45 para Lula. Las metodologías y los modos de entrevista no son intercambiables, por lo que los porcentajes no deben promediarse de manera mecánica. La coincidencia políticamente relevante es que ninguno de los principales estudios permite considerar resuelto un eventual segundo turno.

Augusto Cury sigue lejos de los dos favoritos, pero dejó de ser una presencia testimonial. Las tres mediciones más recientes lo colocan entre 6 y 7 por ciento, un volumen suficiente para que sus votantes se conviertan en una reserva disputada si la elección llega al balotaje. La dificultad aumenta por el rechazo que soportan los dos principales candidatos. Datafolha registró el 11 de septiembre un 46 por ciento de rechazo tanto para Lula como para Flávio Bolsonaro. En una contienda tan polarizada, ganar exige convencer a sectores que no se identifican plenamente con ninguno de los dos proyectos.

Reducir la elección a una nueva confrontación entre izquierda y derecha dejaría fuera una dimensión decisiva para la región. Brasil no es solamente la mayor economía sudamericana ni el país de mayor dimensión territorial y demográfica de América Latina. Su mercado, sus recursos naturales y su inserción simultánea en distintos espacios de poder le conceden un margen de maniobra que pocos Estados de la región poseen. Ese margen vuelve a Brasil más valioso para Washington y Pekín y, al mismo tiempo, más expuesto a las presiones derivadas de su competencia.

Los datos comerciales muestran por qué ningún gobierno brasileño puede convertir la política exterior en una elección simple entre dos potencias. Entre enero y agosto de 2026, Brasil exportó a China unos 77.070 millones de dólares, equivalentes al 30,72 por ciento de sus ventas externas. En el mismo período, las exportaciones hacia Estados Unidos alcanzaron unos 24.105 millones y representaron el 9,61 por ciento del total. La corriente de comercio con China llegó a aproximadamente 128.630 millones de dólares, frente a 51.420 millones con Estados Unidos, según el Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios. La diferencia no convierte a Brasil en un actor subordinado a Pekín, pero limita cualquier estrategia que pretenda tratar el vínculo chino como una variable secundaria.

Durante el tercer gobierno de Lula, Brasilia procuró preservar una política exterior basada en la diversificación de interlocutores y en la autonomía de decisión. Estados Unidos continúa siendo un socio político, financiero y tecnológico indispensable, mientras China ocupa una posición estructural en el comercio y los BRICS ofrecen una plataforma adicional de negociación. Flávio Bolsonaro propone modificar ese equilibrio. Su programa utiliza un lenguaje más moderado que algunas de sus intervenciones públicas, pero el candidato ha defendido una relación más próxima con Washington, ha cuestionado la creciente dependencia respecto de China y ha dicho que reevaluaría la permanencia de Brasil en los BRICS.

La relación con Estados Unidos ya ingresó de lleno en la campaña por una vía concreta. En julio, la administración de Donald Trump impuso un arancel del 25 por ciento a importaciones brasileñas alegando prácticas comerciales injustas y pocos días después aplicó otro gravamen del 12,5 por ciento dentro de una medida más amplia vinculada al cumplimiento de prohibiciones sobre trabajo forzoso. Las conversaciones bilaterales se retomaron a fines de agosto, aunque la primera reunión ministerial terminó sin avances sustantivos. Lula utiliza la disputa para reforzar un discurso de soberanía, mientras Flávio intenta presentarse como el dirigente capaz de recomponer una relación política más fluida con Washington. Ese impacto electoral no equivale a demostrar una operación estadounidense destinada a determinar el resultado de la elección.

La distinción importa porque una campaña tan ajustada vuelve políticamente costoso cualquier gesto externo que pueda interpretarse como presión. Brasil posee una tradición diplomática que valora la autonomía y atraviesa gobiernos de orientaciones diferentes. Una presión excesiva desde Washington podría fortalecer precisamente el discurso soberanista que busca debilitar, mientras una presencia económica china demasiado concentrada también puede generar resistencias internas. La ventaja brasileña consiste en que ambos polos necesitan algo que el país puede ofrecer. El riesgo aparece cuando esa capacidad de negociación se transforma en dependencia de uno solo de ellos.

Los minerales críticos muestran con especial claridad esa nueva geometría. Estados Unidos lleva meses buscando un acuerdo con Brasil sobre cadenas de suministro y ha identificado al país como una fuente potencial para reducir la concentración global del procesamiento en manos chinas. Brasil posee reservas relevantes de tierras raras, litio, niobio y otros minerales indispensables para tecnologías avanzadas, transición energética y defensa. Las negociaciones no son sencillas porque Brasilia pretende atraer capital y tecnología sin aceptar mecanismos que limiten su capacidad de vender a otros mercados ni reproducir un patrón de exportación de materias primas sin procesamiento local.

El Congreso comenzó a traducir esa preocupación en política pública. El Senado aprobó el 2 de septiembre el proyecto que crea la Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos, con instrumentos de apoyo de hasta 7.000 millones de reales para proyectos de procesamiento y transformación. El texto fue remitido al presidente el 4 de septiembre y, al 14 de septiembre, continuaba aguardando sanción, con plazo abierto hasta el 25. El énfasis no se limita a extraer más minerales, sino a ampliar el procesamiento y la transformación local y aumentar la capacidad nacional de agregar valor antes de que esos recursos ingresen a cadenas productivas dominadas por otros países.

Quien asuma la presidencia el 5 de enero de 2027 deberá administrar una competencia que ya involucra a varias potencias. Estados Unidos necesita diversificar suministros, China procura conservar una relación económica estructural con Brasil y otras economías industriales buscan exactamente el mismo tipo de seguridad. Para Brasil, esa disputa puede convertirse en una fuente excepcional de inversión, tecnología y poder negociador. También puede transformarse en una vulnerabilidad si el próximo gobierno confunde asociación estratégica con alineamiento automático o autonomía con equidistancia improductiva.

Una nueva presidencia de Lula previsiblemente mantendría la búsqueda de autonomía, la relación profunda con China y la permanencia activa en los BRICS, sin abandonar los canales con Washington. Un gobierno de Flávio Bolsonaro modificaría prioridades y lenguaje, especialmente frente a Estados Unidos, pero tendría poco margen económico para ignorar el peso comercial de China o para sustituirlo rápidamente. La diferencia no estaría necesariamente en elegir una potencia y abandonar la otra, sino en las condiciones políticas bajo las cuales Brasil negociaría con cada una. Esa es la decisión estratégica que se esconde detrás de una campaña dominada, en apariencia, por la política interna.

Octubre pondrá a prueba mucho más que la continuidad de un gobierno. Pondrá a prueba la capacidad brasileña para transformar tamaño, recursos y acceso a mercados en influencia internacional sin quedar absorbida por la rivalidad entre las grandes potencias. El vencedor heredará un país demasiado importante para actuar como un actor periférico, pero demasiado interdependiente para refugiarse en una política de bloques cerrados. Entre Lula y Flávio permanece además un electorado que no se reconoce enteramente en ninguno de los polos y que puede resultar decisivo en una segunda vuelta. Esos votantes pueden terminar definiendo no sólo quién ocupará el Palacio del Planalto, sino también los términos bajo los cuales Brasil negociará su lugar en un orden internacional cada vez más competitivo.

Tags: AUGUSTO CURYBrasilBTG/NEXUSFLAVIO BOLSONAROLULATNTOTAL NEWS
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