La desaceleración de la inflación convive con una realidad mucho más áspera dentro de miles de empresas argentinas: 57.045 firmas registran pagos irregulares, casi el 12% de las aproximadamente 480.000 compañías activas relevadas, mientras la cantidad de empresas morosas creció 56,5% interanual. Comercio, industria manufacturera y agro muestran algunos de los mayores incrementos, en un escenario atravesado por debilidad del consumo, caída de la producción, costos financieros y una cadena de pagos cada vez más exigida. El contraste resulta significativo: mientras petróleo, gas y minería consiguen financiamiento para proyectos de expansión y las exportaciones generan superávit, una parte importante del aparato productivo orientado al mercado interno comienza a mostrar señales crecientes de asfixia financiera.
Buenos Aires – 17 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA- La economía argentina comenzó a mostrar una contradicción que amenaza con convertirse en uno de los principales desafíos de los próximos meses: mientras la inflación desacelera, el comercio exterior mantiene superávit y sectores vinculados con energía y minería proyectan inversiones multimillonarias, 57.045 empresas ya registran una situación irregular de pagos, una señal de deterioro financiero que se extiende particularmente entre las actividades dependientes del mercado interno.
El dato surge del último Sistema de Evaluación de Riesgo Financiero (SERF) elaborado por la consultora Fidelitas. Su indicador cayó durante agosto hasta 38,3 puntos, frente a 45,2 registrados en julio, una pérdida de 6,9 unidades que desplazó la evaluación del universo empresario desde la categoría de “Señales Mixtas” hacia la de “Riesgo Elevado”.
La cifra más inquietante aparece cuando se observa la cantidad de compañías alcanzadas. Las 57.045 firmas con irregularidades representan casi el 12% de aproximadamente 480.000 empresas activas. Desde enero, el número aumentó 18,7%, pero la comparación interanual muestra una aceleración considerablemente mayor: 56,5%.
No todos los sectores atraviesan la misma situación. Servicios concentra 25.308 empresas morosas y Comercio otras 15.718, por lo que ambas actividades reúnen conjuntamente el 71,9% del total. Detrás aparecen el agro, con 5.273 casos; manufactura, con 5.080; y construcción, con 4.759.
Pero la fotografía sectorial cambia cuando se analiza la velocidad del deterioro. Comercio registró una expansión interanual de empresas morosas cercana al 78%, la industria manufacturera avanzó 76,3% y el agro 65,6%, cifras que muestran que el problema ya no se limita a actividades marginales o empresas estructuralmente insolventes.
El fenómeno refleja una brecha cada vez más visible entre determinados indicadores macroeconómicos y la economía cotidiana de las compañías. La inflación de agosto fue del 1,7%, pero la estabilización de precios no produjo automáticamente una recuperación equivalente de ventas, márgenes y capacidad de pago.
La industria constituye una de las señales más claras. El Índice de Producción Industrial Manufacturero del INDEC registró en julio una caída desestacionalizada del 5% respecto de junio, mientras la utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 58,2%, ligeramente por debajo del nivel de julio de 2025.
La debilidad industrial impacta directamente sobre la estructura financiera de las compañías. Cuando una fábrica vende menos, los costos fijos continúan, los salarios deben abonarse, los impuestos vencen, los proveedores reclaman sus pagos y el capital de trabajo necesita financiamiento. Si ese crédito resulta caro o difícil de obtener, la pérdida de liquidez comienza a trasladarse hacia toda la cadena.
Allí aparece uno de los mecanismos más peligrosos del actual escenario. Una empresa que demora el pago a su proveedor no mantiene el problema dentro de sus balances: lo exporta hacia otra compañía. Esa firma posterga a su vez compromisos, renegocia cheques, reduce compras o necesita recurrir al sistema financiero para cubrir el agujero.
La mora empresaria comienza entonces a convertirse en cadena de pagos tensionada.
Los datos oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA) confirman el deterioro crediticio, aunque permiten dimensionarlo con una metodología diferente. El último Informe sobre Bancos disponible mostró que en junio la irregularidad de las financiaciones a empresas alcanzó el 3,5% de la cartera, después de haber registrado apenas 1,4% en agosto de 2025.
La diferencia con las 57.045 empresas informadas por Fidelitas no constituye una contradicción. El índice privado contabiliza firmas que presentan irregularidades, mientras el BCRA mide qué proporción del dinero prestado se encuentra en situación irregular. Una empresa puede aparecer dentro de las 57.045 y mantener impaga solamente una fracción de sus obligaciones financieras.
Existe además otra diferencia relevante: la situación de las familias es todavía más delicada. El BCRA registró en junio una irregularidad del 12,8% en los préstamos a hogares, mientras el conjunto del crédito al sector privado mostraba un índice del 7,6%.
El deterioro empresario, por lo tanto, se desarrolla simultáneamente con dificultades financieras de los consumidores. Esa combinación puede retroalimentarse: familias con menor capacidad de pago restringen consumo; empresas venden menos; la caída de ventas reduce caja y empleo; y una menor actividad vuelve a afectar los ingresos familiares.
El escenario, sin embargo, no implica hasta el momento una crisis bancaria. El Banco Central señaló expresamente que las entidades mantienen elevados niveles de cobertura frente al riesgo de crédito y que la probabilidad de default estimada para el saldo total de préstamos al sector privado se redujo en junio al 2,6%.
La distinción resulta esencial. El problema actual aparece concentrado en la capacidad de pago de empresas y familias, no en la solvencia inmediata de los bancos. Las entidades poseen previsiones y capital destinados precisamente a absorber eventuales pérdidas provenientes de créditos incobrables.
Eso no disminuye el impacto sobre la economía real. Antes de convertirse en una amenaza sistémica para un banco, una deuda impaga puede provocar consecuencias severas para una pyme: pérdida del acceso al crédito, refinanciaciones más caras, reducción de personal, suspensión de inversiones o cierre.
Los cheques constituyen otra señal de tensión. El informe SERF registra un volumen de rechazos que permanece en niveles elevados y advierte que durante los primeros ocho meses del año se acumuló una cantidad equivalente a prácticamente todo 2025. El instrumento continúa siendo especialmente importante dentro del financiamiento comercial argentino porque funciona como mecanismo de pago y, simultáneamente, como crédito entre empresas.
Cuando un cheque es rechazado, el daño puede extenderse rápidamente. El proveedor que esperaba cobrarlo quizá ya lo había utilizado para respaldar otra operación, descontarlo en una entidad financiera o comprometer pagos propios. Un incumplimiento puede propagarse entonces a varios eslabones.
El contraste con los sectores exportadores más dinámicos agrega otra dimensión. Mientras una parte del entramado productivo enfrenta problemas de caja, Vaca Muerta, hidrocarburos, minería y determinados grandes exportadores mantienen perspectivas de inversión y acceso a mercados financieros internacionales.
Los números del comercio exterior muestran esa otra Argentina. Durante julio, las exportaciones alcanzaron US$8.854 millones, un incremento interanual del 14,1%, mientras las importaciones sumaron US$6.739 millones. El resultado fue un superávit comercial de US$2.115 millones.
Entre enero y julio las exportaciones acumularon US$58.365 millones, con un crecimiento interanual del 22,9%, mientras las importaciones retrocedieron 3,5%. La balanza externa, por lo tanto, exhibe una fortaleza que contrasta con las dificultades observadas en segmentos orientados principalmente al consumo doméstico.
La economía comienza así a mostrar velocidades diferentes. Empresas relacionadas con recursos naturales y mercados externos pueden beneficiarse de mayores exportaciones, inversiones y disponibilidad de financiamiento, mientras industrias, comercios, constructoras y prestadores dependientes del mercado interno enfrentan márgenes más reducidos y mayores dificultades para trasladar costos.
El crédito podría funcionar como puente entre la estabilización macroeconómica y una recuperación posterior de la actividad, pero únicamente si las empresas pueden afrontar su costo. Cuando una compañía toma financiamiento para ampliar producción, la deuda puede convertirse en inversión. Cuando lo utiliza para pagar salarios, impuestos o proveedores porque las ventas no alcanzan, el mismo crédito comienza a funcionar como mecanismo de supervivencia.
Por eso, el crecimiento de la mora merece ser observado no solamente por la cantidad de empresas afectadas sino por su evolución durante los próximos meses. Si la actividad se recupera y mejora el flujo de caja, parte de esas irregularidades puede normalizarse. Si las ventas continúan debilitadas, la acumulación de intereses y refinanciaciones puede transformar problemas temporales de liquidez en insolvencias permanentes.
La radiografía de septiembre muestra precisamente esa frontera. El sistema bancario conserva capacidad para absorber pérdidas y el sector externo genera divisas, pero debajo de esos indicadores existe un universo de decenas de miles de empresas que empieza a financiar con demoras aquello que ya no consigue cubrir normalmente con sus ingresos.
El próximo dato relevante llegará con la evolución de la actividad, el consumo y la mora durante el último trimestre. Allí podrá observarse si las 57.045 empresas representan el punto máximo de un deterioro que comienza a estabilizarse o apenas una estación intermedia. La diferencia será decisiva porque una cadena de pagos no se rompe necesariamente cuando cae una gran compañía: puede deteriorarse silenciosamente cuando miles de pequeñas y medianas empresas comienzan, simultáneamente, a pagar cada vez más tarde.
Fuentes consultadas: Sistema de Evaluación de Riesgo Financiero (SERF) de Fidelitas; Banco Central de la República Argentina; Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC); Informe sobre Bancos del BCRA; estadísticas oficiales de producción industrial, utilización de capacidad instalada y comercio exterior.
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