Por Adalberto Agozino
Chile y Cabo Verde han dado un nuevo paso en el acercamiento diplomático a Marruecos al expresar, en septiembre de 2026, su respaldo al plan de autonomía presentado por Rabat para el Sáhara. Las dos decisiones se producen en contextos diferentes, pero convergen con una política marroquí que vincula el apoyo internacional a su posición sobre el territorio con una creciente red de relaciones económicas, comerciales y estratégicas. Santiago prepara un eventual acuerdo de libre comercio con Rabat, mientras Praia profundiza una cooperación que abarca sectores tan diversos como la pesca, la agricultura, la energía, la seguridad y el transporte.
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Buenos Aires – La diplomacia marroquí ha encontrado en Nueva York, durante la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, un escenario particularmente significativo para consolidar una política exterior que desde hace años procura transformar los apoyos políticos al Plan de Autonomía en relaciones bilaterales de mayor densidad económica y estratégica. En apenas dos jornadas, Chile y Cabo Verde han explicitado posiciones favorables a la propuesta marroquí y, al mismo tiempo, han proyectado nuevos espacios de cooperación con Rabat.
El caso chileno posee una particular relevancia por tratarse de un país latinoamericano con una tradición diplomática estrechamente vinculada al multilateralismo y por la dimensión económica que acompaña ahora el giro de sus relaciones con Marruecos. En el comunicado conjunto difundido el 21 de septiembre, Santiago manifestó su apoyo a la soberanía marroquí sobre la totalidad de su territorio, incluida la región del Sáhara, y consideró la propuesta de autonomía presentada por Marruecos en 2007 como una solución política “justa, duradera y mutuamente aceptable”, en el marco de las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad.
La declaración adquiere mayor significado porque coincide con el 65º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Chile y Marruecos. Durante más de seis décadas, los vínculos entre ambos países se han desarrollado bajo una fórmula de amistad y respeto mutuo que ahora busca traducirse en una relación económica más estructurada. En Nueva York, los cancilleres Francisco Pérez Mackenna y Nasser Bourita firmaron los Términos de Referencia que servirán de base para iniciar las negociaciones de un eventual Tratado de Libre Comercio.
El movimiento no surgió de improviso. Durante 2026, Santiago y Rabat habían intensificado el diálogo comercial. En junio, ambos Gobiernos suscribieron una declaración conjunta orientada a establecer las condiciones para negociar un acuerdo comercial que podría convertirse en el primer tratado de libre comercio de Chile con un país africano y, simultáneamente, en el primer acuerdo de esta naturaleza de Marruecos con un país latinoamericano. La Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales chilena destacó entonces el carácter complementario de ambas economías y la posición geográfica de Marruecos como posible puerta de entrada a los mercados africanos.
La aproximación económica también ha comenzado a adquirir contenido sectorial. En agosto, Chile y Marruecos firmaron un mecanismo de cooperación técnica destinado a facilitar el comercio de alimentos y abordar cuestiones sanitarias. Según la información oficial chilena, las exportaciones de Chile a Marruecos poseen un potencial adicional estimado en 48 millones de dólares hacia 2030 si se profundiza el intercambio, con una participación especialmente importante de los productos agrícolas. Una rueda de negocios celebrada en Rabat reunió además a empresas chilenas de los sectores agroalimentario, vitivinícola y pesquero con importadores de Marruecos, África, Europa y Oriente Medio.
Los números permiten comprender la dimensión todavía incipiente de esta relación. En 2025 el intercambio comercial bilateral alcanzó los 80,2 millones de dólares, frente a apenas 10,4 millones en 2003. Chile exportó a Marruecos 16,6 millones de dólares e importó 63,7 millones. Los alimentos representaron el 77% de las exportaciones chilenas hacia ese mercado. La negociación de un tratado comercial pretende, por tanto, convertir una relación todavía modesta en una plataforma de mayor integración económica.
En este contexto, el elemento político y el económico aparecen estrechamente relacionados. Chile no se limitó a expresar su posición sobre el Sáhara, sino que anunció que traducirá ese respaldo al ámbito bilateral mediante la promoción de oportunidades de inversión, comercio y desarrollo productivo en la región. Es una decisión que dota de una dimensión práctica a la declaración diplomática y que puede favorecer la incorporación de empresas chilenas a los proyectos económicos desarrollados en el sur de Marruecos.
La referencia de Santiago a la resolución 2797 del Consejo de Seguridad introduce, sin embargo, una precisión necesaria. Adoptada el 31 de octubre de 2025, la resolución prorrogó hasta el 31 de octubre de 2026 el mandato de la MINURSO y pidió al secretario general y a su enviado personal facilitar negociaciones tomando como base la propuesta de autonomía marroquí, al tiempo que reclamó una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable que contemple la autodeterminación de la población del Sáhara. El texto, por tanto, constituye un elemento relevante del marco diplomático actual, pero no equivale por sí mismo a un reconocimiento jurídico de la soberanía marroquí sobre el territorio.
Cabo Verde, del respaldo diplomático a una asociación multidimensional
La evolución de las relaciones entre Marruecos y Cabo Verde presenta una trayectoria diferente. Praia ha ido estrechando progresivamente sus vínculos con Rabat y ha convertido su respaldo a la posición marroquí en una dimensión visible de su política exterior.
El 21 de septiembre de 2026, el ministro de Asuntos Exteriores y Defensa de Cabo Verde, Manuel Augusto Lima Amante da Rosa, reafirmó en Nueva York el apoyo de su país a la soberanía y la integridad territorial de Marruecos sobre la totalidad de su territorio, incluida la región del Sáhara, así como su respaldo al plan marroquí de autonomía. La declaración se produjo después de una reunión bilateral con Nasser Bourita y fue incorporada a un comunicado conjunto. El Gobierno caboverdiano también expresó su respaldo a la resolución 2797 del Consejo de Seguridad.
La trayectoria diplomática explica la contundencia de esta posición. En agosto de 2022, Cabo Verde inauguró su Consulado General en Dajla, decisión que Rabat considera una manifestación concreta del respaldo a su posición sobre el Sáhara. En aquella ocasión, ambos países suscribieron además una hoja de ruta de cooperación, dos acuerdos y un memorando de entendimiento destinados a ampliar la relación en educación, formación, cooperación técnica y de seguridad, promoción económica, inversión e intercambio de visitas oficiales.
La presencia consular en Dajla tiene, además, una dimensión económica. La apertura de representaciones extranjeras en las provincias del sur se ha convertido para Marruecos en uno de los instrumentos mediante los cuales procura asociar el reconocimiento diplomático a una mayor presencia económica internacional. En el caso caboverdiano, aquella decisión precedió a una etapa de profundización de la cooperación bilateral que ahora entra en una nueva fase.
El siguiente horizonte será la tercera sesión de la Comisión Mixta de Cooperación, prevista para el primer trimestre de 2027. Rabat ha anunciado su disposición a acompañar a Cabo Verde en sectores considerados prioritarios por las dos partes: salud, turismo, pesca marítima, agricultura, economía azul y transición energética.
A ello se suma una dimensión logística que puede adquirir importancia en la consolidación del vínculo atlántico. Royal Air Maroc mantiene vuelos directos entre Casablanca y Praia, con cinco frecuencias semanales, y entre Casablanca y Sal, con dos. Según la documentación aportada, estas conexiones han contribuido a fortalecer los flujos turísticos y comerciales.
La relación también se extiende al ámbito de la defensa. En julio de 2026, las Fuerzas Armadas de Cabo Verde destacaron la cooperación con las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos en materia de formación, ejercicios operacionales y donación de equipamiento, al tiempo que manifestaron su voluntad de profundizar esa cooperación.
Una red atlántica en expansión
Los movimientos de Chile y Cabo Verde deben interpretarse dentro de una estrategia marroquí más amplia, en la que el Atlántico ocupa una posición creciente. Para Rabat, la relación con los países atlánticos africanos no constituye solamente una cuestión de diplomacia territorial. Se vincula también con proyectos de infraestructura, comercio, energía, pesca, seguridad y conectividad que buscan convertir la fachada atlántica africana en un espacio de cooperación.
Cabo Verde ha expresado explícitamente su respaldo a la Iniciativa de los Estados Africanos del Atlántico y a la iniciativa marroquí destinada a facilitar el acceso de los países del Sahel al océano Atlántico. Chile, por su parte, puede aportar una dimensión latinoamericana a esta arquitectura, especialmente si las negociaciones comerciales culminan en un acuerdo que facilite el intercambio entre ambas economías.
La coincidencia temporal de ambas decisiones resulta, por ello, significativa. Mientras Cabo Verde profundiza una asociación africana que ya dispone de instrumentos diplomáticos, consulares, económicos, logísticos y de seguridad, Chile comienza a construir con Marruecos una relación de mayor densidad comercial. En ambos casos, el respaldo al plan de autonomía aparece acompañado por una voluntad declarada de ampliar los vínculos bilaterales.
El resultado es una diplomacia marroquí que procura que la cuestión del Sáhara deje de constituir un asunto aislado de política exterior para integrarse en una arquitectura más amplia de asociaciones internacionales. Chile y Cabo Verde representan, desde espacios geográficos y estratégicos distintos, dos expresiones de ese proceso: uno desde el Pacífico sudamericano y otro desde el Atlántico africano. El desafío para Rabat será ahora transformar esas declaraciones políticas en cooperación económica efectiva y sostenida, mientras para Santiago y Praia el reto consistirá en convertir el acercamiento diplomático en beneficios concretos para sus respectivas economías.
En esa intersección entre diplomacia, comercio y geopolítica se encuentra la principal novedad de septiembre de 2026. El respaldo al plan de autonomía ya no aparece únicamente como una declaración sobre el futuro del Sáhara, sino como una pieza dentro de relaciones bilaterales que Marruecos, Chile y Cabo Verde aspiran a dotar de mayor contenido económico y estratégico.
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