Por Daniel Romero
Teherán-22 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA- Irán se prepara para un escenario de confrontación directa con Estados Unidos aun cuando continúan las negociaciones para contener su programa nuclear. Según versiones recogidas por Total News Agency en base a fuentes reservadas de analistas de alto nivel, Teherán interpreta que un ataque estadounidense podría ser inminente y, en consecuencia, elevó al máximo el estado de alerta de sus fuerzas, con movimientos defensivos y de disuasión que incluyen el posicionamiento de lanzadores de misiles en zonas estratégicas cercanas a Irak y el Golfo. La señal es doble: hacia afuera, advertir que cualquier golpe tendría costos inmediatos; hacia adentro, sostener una narrativa de unidad y preparación en un momento en que la tensión regional vuelve a crecer.

El endurecimiento de la postura militar llega en paralelo a un carril diplomático que, al menos en los papeles, sigue abierto. Omán, mediador habitual entre ambos países, confirmó que habrá una nueva ronda de contactos en Ginebra esta semana. En Washington, el Gobierno estadounidense sostiene que la puerta a un acuerdo no está cerrada, pero mantiene demandas duras sobre el alcance y las verificaciones del programa nuclear y misilistico. En Teherán, en cambio, la conducción política insiste en su “derecho” al enriquecimiento con fines civiles y reclama alivio sustantivo de sanciones antes de hacer concesiones irreversibles. El resultado es un clima de negociación bajo presión, con el lenguaje de la diplomacia superpuesto al de la amenaza.
La percepción iraní de una ofensiva cercana se alimenta de varios factores. Por un lado, la acumulación de señales militares en la región y el incremento de advertencias públicas desde Estados Unidos sobre la posibilidad de acciones limitadas si el proceso no avanza. Por otro, la lectura en Teherán de que las conversaciones podrían estar siendo usadas como ventana táctica mientras se ajustan capacidades operativas. En ese marco, fuentes citadas por agencias internacionales señalaron que Irán ordenó a sus fuerzas elevar la preparación y desplegar activos con la intención de responder rápido a cualquier ataque, en especial contra bases y posiciones estadounidenses en el entorno regional.
En las últimas semanas, además, trascendieron detalles sobre los puntos de fricción que traban el diálogo. Los contactos se concentran en el expediente nuclear, pero Estados Unidos presiona para discutir también el componente misilístico y el comportamiento regional de Irán, algo que la diplomacia iraní rechaza de plano o busca relegar a etapas posteriores. De acuerdo con reportes a los que accedio TNA, incluso se habrían producido momentos de máxima tensión en la mesa, con propuestas que Teherán se negó a considerar. La combinación de desconfianza y urgencia, en este contexto, explica por qué ambos países pueden sentarse a hablar mientras preparan simultáneamente planes para un choque.
En paralelo, un alto funcionario iraní citado por medios internacionales describió fórmulas posibles para destrabar el conflicto: desde exportar parte del uranio altamente enriquecido y diluir otra porción, hasta ampliar el monitoreo del OIEA como medida de confianza, a cambio de un levantamiento gradual —pero creíble— de sanciones. Ese mismo enfoque, sin embargo, choca con la línea dura de Washington, que exige garantías mayores y límites estrictos sobre el enriquecimiento. Para Irán, aceptar un congelamiento total sin beneficios inmediatos equivale a quedar expuesto; para Estados Unidos, habilitar alivios amplios sin cambios verificables sería repetir errores del pasado.
El trasfondo de este episodio es más amplio que una negociación técnica. En Irán, la conducción enfrenta tensiones internas y el régimen interpreta cualquier concesión como un riesgo político. En Estados Unidos, el costo de aparecer “blando” ante Teherán también pesa, especialmente en un tablero donde Israel y socios regionales piden definiciones. Por eso, más allá del ida y vuelta diplomático, la lógica de la disuasión volvió a ocupar el centro: cada movimiento militar está pensado para influir en la negociación, y cada frase en la negociación está pensada para prevenir —o justificar— la próxima escalada.
En las calles de Teherán y en las capitales del entorno, el mensaje que deja esta nueva fase es inquietante por su simpleza: se habla de paz mientras se acomodan piezas para la guerra. Y cuando la palabra “inminente” empieza a circular en boca de altos funcionarios y mandos de seguridad, las ventanas para evitar el peor escenario suelen volverse más estrechas.





