Washington-1 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA – Con el Medio Oriente en máxima tensión y un nuevo capítulo de escalada abierta, el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) difundió este fin de semana detalles sobre el inicio de la Operación Furia Épica (Operation Epic Fury), la ofensiva ordenada por el presidente Donald Trump y ejecutada en coordinación con Israel. Según la cronología oficial, la primera ola comenzó el sábado a la 1:15 de la madrugada (hora del Este) —3:15 en Argentina— con un objetivo declarado: desmantelar el aparato de seguridad del régimen iraní, priorizando blancos considerados una amenaza “inminente”.

En su comunicado, el CENTCOM describió el despliegue como “la mayor concentración regional de poderío militar estadounidense en una generación”. La definición no es menor: apunta a dejar en claro que no se trató de una acción puntual sino de un operativo de escala, con planificación multinivel y con capacidades desplegadas en distintos dominios —aire, mar y tierra— para sostener el ritmo de ataques y, a la vez, proteger bases y aliados ante la respuesta iraní.

De acuerdo con la explicación oficial, “las primeras horas” incluyeron municiones de precisión lanzadas desde plataformas aéreas, terrestres y navales. El detalle que más llamó la atención fue otro: la Fuerza Operativa Scorpion Strike del CENTCOM empleó por primera vez en combate drones de ataque de bajo costo y de un solo uso, un recurso pensado para saturar defensas, ampliar el abanico de blancos y mantener presión operativa sin depender exclusivamente de vectores más caros o complejos.

El listado de objetivos difundido por el mando estadounidense incluyó instalaciones de comando y control del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), capacidades de defensa aérea, bases de lanzamiento de misiles y drones, y aeródromos militares. En términos sencillos, la lógica fue “quitarle ojos, escudo y puños” al sistema: cegar nodos de mando, abrir corredores aéreos degradando defensas, y reducir la capacidad de disparo —especialmente desde el oeste iraní— contra Israel y contra instalaciones estadounidenses y aliadas en la región.

Tras esa ola inicial, el CENTCOM afirmó que sus fuerzas “defendieron con éxito” cientos de ataques iraníes con misiles y drones. En el mismo reporte, sostuvo que no hubo bajas entre el personal militar estadounidense y que los daños en instalaciones norteamericanas fueron “mínimos” y no afectaron las operaciones. El mensaje buscó transmitir control de situación: que el golpe se ejecutó, que la respuesta fue contenida, y que la capacidad de combate permanece intacta.

La conducción del CENTCOM, a cargo del almirante Brad Cooper, reforzó ese encuadre con una frase destinada tanto a la opinión pública como a los aliados regionales: el presidente, dijo, “ordenó una acción audaz” y las fuerzas estadounidenses —soldados, marinos, aviadores, infantes de marina, guardianes y guardacostas— “están respondiendo a la llamada”. En la gramática de los comunicados militares, esa declaración funciona como respaldo político a la decisión y como aviso de continuidad operativa.
En paralelo, desde Israel, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que ejecutaron “el mayor ataque en la historia de la Fuerza Aérea israelí”: alrededor de 200 aviones de combate participaron de una ofensiva amplia contra el arsenal de misiles y los sistemas de defensa en el oeste y el centro de Irán. La cifra que difundieron fue contundente: unos 500 objetivos alcanzados, incluyendo defensas aéreas y lanzamisiles atacados de manera simultánea en varios puntos del país.
Las FDI explicaron que golpear defensas permitió ampliar la superioridad aérea sobre el espacio iraní y, sobre todo, dañar la principal capacidad ofensiva que atribuyen al régimen: las bases de lanzamiento en el oeste iraní. En ese marco, señalaron un sitio atacado en la zona de Tabriz, utilizado —según su versión— por una unidad de misiles tierra-tierra desde la cual se planeaba lanzar decenas de proyectiles hacia la retaguardia israelí. La mención de Tabriz apuntó a justificar el carácter “preventivo” de parte del operativo, en un contexto donde el debate internacional sobre proporcionalidad y riesgo de escalada crece hora a hora.
El primer ministro Benjamín Netanyahu sumó definiciones políticas al cuadro militar. En declaraciones públicas, sostuvo que Israel atacó el lugar donde se encontraba el ayatolá Ali Khamenei y afirmó que fueron abatidos “varios líderes importantes” del programa nuclear iraní. Esa línea discursiva se alinea con el objetivo más ambicioso que ya se deja ver en los mensajes de Washington y Jerusalén: no solo degradar capacidades, sino golpear la cúpula de decisión y acelerar un quiebre interno en Teherán.
Con ambos frentes —militar y político— en movimiento, la región entra en un terreno resbaladizo: cada parte intenta instalar su relato, sostener su capacidad de disuasión y, al mismo tiempo, preparar el próximo paso. En ese juego, los detalles técnicos del inicio de la operación —hora, medios empleados, blancos priorizados y balance de daños— no son solo información: son señales. Y en Medio Oriente, las señales suelen ser el prólogo de nuevas rondas.





