Buenos Aires-2 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. El presidente Javier Milei inauguró este domingo el 144° período de sesiones ordinarias del Congreso con un discurso de tono triunfalista, marcado por promesas de reformas de gran alcance, una defensa cerrada de la apertura económica y una sucesión de cruces, ironías y chicanas con la oposición peronista y la izquierda dentro del recinto. El mensaje, que se esperaba de unos 45 minutos, se extendió por más de una hora y media en un clima de interrupciones frecuentes, cánticos desde las bandejas y una bancada oficialista que celebró cada pasaje de confrontación.
Envalentonado por los resultados electorales recientes y por lo que en el oficialismo describen como un giro a favor en la relación de fuerzas parlamentarias, Milei presentó la apertura legislativa como el inicio de “el Congreso más reformista de la historia”, aunque evitó brindar detalles concretos sobre el contenido y la letra fina de los proyectos que adelantó. Habló, eso sí, de un volumen inédito de iniciativas: prometió “90 paquetes de reformas” y enumeró títulos de leyes y reformas estructurales que, según dijo, enviará para su debate.
El tramo más áspero del discurso llegó cuando el Presidente se desvió del texto preparado para contestar a los legisladores opositores. En uno de los momentos más calientes, lanzó una frase dirigida a la bancada peronista: “Por algo tienen a su jefa presa”, en alusión a la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner, y agregó acusaciones con referencias a causas como Cuadernos, el Memorándum con Irán y Vialidad, mientras desde las gradas se escuchaban cánticos y alusiones a una “tobillera”. Más adelante, profundizó el registro provocador: “Cucas, me encanta domarlos”, dijo, y apuntó también contra dirigentes y referentes opositores con apodos e ironías. Entre otros blancos, mencionó al dirigente social Juan Grabois, a la diputada Myriam Bregman —a quien llamó “chilindrina troska”— y al gobernador Ricardo Quintela, a quien acusó de “sedición” por declaraciones sobre la continuidad del Gobierno hacia 2027.
En paralelo a la disputa política, Milei volvió a poner el foco en el rumbo económico y comercial. Frente a críticas por una “apertura indiscriminada”, ratificó su plan de mayor liberalización del comercio, defendió la importación como mecanismo para mejorar precios y calidad para los consumidores, y reiteró que la competencia obliga a las empresas locales a ganar productividad. Con un razonamiento de “vasos comunicantes”, afirmó que, si una compañía no logra competir y cae, el ahorro del consumidor al comprar un bien más barato se reasigna a otros consumos y termina generando empleo en sectores más eficientes, con mejores salarios. A la vez, redobló las críticas hacia empresarios industriales y defensores del proteccionismo, a quienes asoció con privilegios y con un “nacionalismo de pacotilla”.
En esa defensa de la apertura, el Presidente citó un dato del Banco Mundial para sostener que la Argentina se ubica casi al final de un ranking de apertura comercial. Y, con esa base, insistió en que su programa apunta a “abrir” una economía que, según planteó, estuvo cerrada durante décadas. La frase con la que buscó sintetizar el choque cultural de su agenda fue directa: describió la discusión como una puja entre competencia y “privilegios de los cazadores del zoológico”.
El discurso combinó ese eje económico con una lectura geopolítica del contexto internacional. Ante la presencia en primera fila de los embajadores Eyal Sela (de Israel) y Peter Lamelas (de Estados Unidos), Milei habló de un “nuevo orden mundial” y sostuvo que la manera en que la Argentina se inserte determinará su destino. En ese tramo, hizo una mención especial a Donald Trump y aseguró que la relación con su administración fue “clave”, al afirmar que, por primera vez y producto de un vínculo “especial”, el gobierno estadounidense “acudió en ayuda” del país. La referencia llegó en momentos de alta tensión internacional por los choques entre Irán y la dupla Estados Unidos–Israel, un telón de fondo que el Presidente aprovechó para reforzar su narrativa de alineamiento estratégico.
Antes de enumerar reformas futuras, Milei repasó logros de gestión, destacó a funcionarios del gabinete y del equipo económico y de seguridad, y buscó instalar la idea de que “lo peor ya pasó”. Mencionó, entre otros, a Patricia Bullrich, Luis Caputo, Santiago Bausili, Pablo Quirno, Sandra Pettovello, Luis Petri y Federico Sturzenegger, a quien elogió con énfasis. En materia de números, afirmó que la economía acumula dos años de crecimiento con una mejora superior al 10% y que la inflación bajó desde niveles cercanos al 200% anual en 2023 a un acumulado cercano al 30% a fines de 2025, aunque evitó reiterar su pronóstico previo de que a mitad de año la inflación entraría en “cero coma algo”.
En la agenda legislativa, listó una batería amplia: reforma del Código Civil y Comercial, cambios en defensa del consumidor y competencia, reformas para profundizar la apertura y los acuerdos comerciales, actualización del Código Aduanero, normas para fortalecer la coordinación entre fuerzas de seguridad e inteligencia, reforma integral del sistema electoral y del financiamiento de partidos, cambios educativos y una reforma del Código Penal, entre otros ejes. Pero no precisó cronogramas ni contenidos específicos.
El escenario político del acto también mostró señales internas. La apertura significó el reencuentro público de Milei con su vicepresidenta Victoria Villarruel, en una relación que el propio clima del recinto exhibió como distante: el saludo fue frío y breve. Mientras tanto, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, quedó como uno de los principales receptores de elogios y vítores del oficialismo. Hubo ausencias destacadas: los senadores de Unión por la Patria decidieron no asistir, mientras que los diputados de ese espacio sí bajaron al recinto y se convirtieron en el blanco central del Presidente. Según el recuento que circuló en los pasillos, asistieron 10 gobernadores.
En el cierre, ya con el oficialismo hablando de una jornada “histórica”, Milei se retiró rumbo a la Quinta de Olivos para cenar con su gabinete, mientras los bloques aliados —clave para construir mayorías— empezaban a calibrar, en conversaciones informales, qué reformas podrían transitar con mayor velocidad y cuáles abrirán una nueva temporada de conflicto parlamentario. El mensaje dejó una certeza política: el Gobierno buscará capitalizar su momento de fortaleza con una ofensiva legislativa ambiciosa, aun al costo de sostener un tono de confrontación que, dentro y fuera del recinto, sigue partiendo aguas.
Fuentes consultadas: Clarín; Infobae; La Nación; TN; El Cronista; Letra P; Noticias Argentinas.





