Buenos Aires-2 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. Javier Milei inauguró este domingo el 144° período de sesiones ordinarias del Congreso con un discurso de tono triunfalista, atravesado por promesas de reformas estructurales, una defensa cerrada de la apertura comercial y una escalada de cruces con el peronismo y la izquierda que convirtió el recinto en un campo de gritos, interrupciones y chicanas. Lo que se proyectaba como una exposición de unos 45 minutos se estiró por más de una hora y media, con la militancia oficialista copando las bandejas y alentando cada pasaje de confrontación.
En el corazón del anuncio legislativo, el Presidente aseguró que el oficialismo enviará durante el año “diez paquetes de reformas estructurales” elaborados por los distintos ministerios, con la idea de presentar un paquete por mes para ser tratado por este Congreso. “Lo que determinará nuestra agenda parlamentaria es cuán rápido vamos, y cuán lejos llegamos”, afirmó, y definió el período como “el año calendario de la reforma”, con “nueve meses ininterrumpidos” de cambios destinados —según su formulación— a rediseñar la arquitectura institucional de la “nueva Argentina”. En paralelo, y sin ofrecer precisiones de contenido, también habló de decenas de iniciativas y de un volumen de reformas que buscó presentar como inédito, reforzando un mensaje de avance sostenido y acumulativo.
La enumeración incluyó ejes que el Gobierno busca instalar como columna vertebral de los próximos dos años: reformas del Código Civil y el Código Comercial; una reforma tributaria orientada a “menos impuestos” y a modificar el esquema impositivo; profundización de la apertura económica y de los acuerdos comerciales, con cambios en el Código Aduanero; una reforma del Código Penal para avanzar “sin pruritos” hacia penas más duras y más prisión efectiva bajo la consigna “el que la hace la paga”; reformas en educación inicial, primaria y secundaria, con énfasis en “herramientas” para el futuro y críticas al “adoctrinamiento”; y un capítulo de fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, con modernización de equipamiento y la idea de que el país “no puede ser indefenso” en un escenario internacional más exigente.
También dedicó un tramo a la Justicia, donde afirmó que el sistema acusatorio ya se implementó “en el 65% del país” y que hacia fin de año estará en todo el territorio, con una promesa de acelerar procesos que antes demandaban años. Sumó además el objetivo de incorporar el juicio por jurados en la justicia federal, presentado como una práctica de responsabilidad ciudadana y respeto por la ley.
En materia económica, Milei insistió en que la apertura no es un capricho sino un mecanismo para mejorar calidad y precios para los consumidores. Admitió que la competencia puede empujar a empresas locales a quebrar y despedir, pero sostuvo que el ahorro del consumidor se vuelca luego a otros bienes y servicios, generando empleo en sectores “más productivos” y con mejores salarios. En la misma línea, volvió a cargar contra empresarios industriales y defensores del proteccionismo: habló de “nacionalismo de pacotilla”, cuestionó el control de capitales y la brecha cambiaria y sostuvo que se defienden privilegios. Para ilustrarlo, citó un dato atribuido al Banco Mundial sobre el nivel de cierre de la economía argentina y lo presentó como prueba de que el país debe “sentarse en la mesa del comercio internacional”.
El discurso, sin embargo, quedó marcado tanto por el programa de reformas como por el tono. En uno de los momentos más tensos, apuntó contra la bancada peronista con una frase que encendió el recinto: “Por algo tienen a su jefa presa”, en referencia a Cristina Fernández de Kirchner, y la vinculó con causas como Cuadernos, el memorándum con Irán y Vialidad, mientras desde las bandejas se escuchaban cánticos. Más tarde, profundizó la retórica de choque con expresiones dirigidas a los “cucas”, y lanzó descalificaciones contra Juan Grabois, Myriam Bregman y el gobernador Ricardo Quintela, a quien acusó de “sedición” por declaraciones sobre la continuidad del Gobierno hacia 2027.
En clave internacional, y ante la presencia de los embajadores Eyal Sela (de Israel) y Peter Lamelas (de Estados Unidos), Milei afirmó que “se configura un nuevo orden mundial” y que el modo en que la Argentina se inserte definirá su destino. En ese marco, mencionó a Donald Trump y dijo que su gobierno actuó como “aliado clave” y “acudió en ayuda” del país, en un pasaje que buscó reforzar el alineamiento estratégico del Ejecutivo en medio de la tensión regional e internacional.
La escena política de la noche dejó, además, señales internas: fue el reencuentro público de Milei con su vicepresidenta Victoria Villarruel, con quien la relación aparece deteriorada. El saludo fue frío y breve. En el oficialismo, en cambio, los vítores se concentraron en el titular de Diputados, Martín Menem. Hubo ausencias de peso: los senadores de Unión por la Patria no asistieron, mientras que los diputados sí estuvieron en el recinto y se convirtieron en el principal blanco de los cruces. Asistieron, según el recuento que circuló en los pasillos, diez mandatarios provinciales.
Cuando el Presidente se retiró rumbo a la Quinta de Olivos para cenar con su gabinete, en el oficialismo ya hablaban de una apertura “histórica”. La apuesta quedó planteada con nitidez: una ofensiva legislativa ambiciosa, sostenida mes a mes, y un estilo político que combina épica reformista con confrontación abierta. La gran incógnita, hacia adelante, no es solo cuántas reformas llegan al recinto, sino cuántas logran atravesarlo sin que el clima, cada vez más áspero, se lleve puesta la discusión de fondo.





