Buenos Aires-4 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA— La Unión Industrial Argentina (UIA) salió a responderle al presidente Javier Milei tras su discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso, con un mensaje que buscó combinar respaldo a algunas reformas con una advertencia política y social: “Sin industria no hay Nación”, citando al expresidente Carlos Pellegrini, una figura histórica asociada, además, a los orígenes de la propia entidad empresaria.
El comunicado, difundido por la UIA en redes y luego de una reunión entre las uniones industriales del Norte y el Comité Ejecutivo, expuso un clima de inquietud en el corazón productivo del país. La central fabril dijo expresar “preocupación por la situación de diversos sectores industriales y de distintas provincias” y advirtió que la transición hacia el nuevo esquema económico que impulsa el Gobierno “implica un proceso de adaptación profundo que no es homogéneo ni inmediato”.
El mensaje no se limitó a una crítica general: la UIA apuntó a la situación cotidiana de las empresas, especialmente de las PyMEs, al afirmar que atraviesan un momento “crítico”, con bajo nivel de actividad, alta presión fiscal, dificultades para acceder al financiamiento y caída del empleo. En el trasfondo, el pronunciamiento buscó poner en palabras lo que muchas fábricas sienten en el mostrador y en la línea de producción: que el ajuste macro, aun cuando ordene variables, puede dejar a sectores enteros sin aire si el puente hacia la recuperación no llega a tiempo.
Uno de los ejes del documento fue el diagnóstico federal. La entidad describió un panorama particularmente duro en el Norte argentino —Catamarca, Chaco, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumán— al señalar que esa región concentra aproximadamente una cuarta parte de la población del país y exhibe el peor poder adquisitivo, con una falta de inversiones privadas que se refleja en el bajo nivel de empleo registrado en el sector privado. Ese cuadro, sostuvo la organización, termina empujando a un elevado empleo público, en una dinámica que para el empresariado industrial agrava el estancamiento y la dependencia de los presupuestos provinciales.
Para sustentar su reclamo, la UIA colocó cifras sobre la mesa y buscó recordar el peso real del sector en la economía diaria. Según detalló, la industria produce el 19% del PBI y aporta el 27% de la recaudación fiscal nacional. Además, genera de manera directa el 19% del empleo formal del país, con aproximadamente 1.200.000 trabajadores, y moviliza otros 2.400.000 empleos formales indirectos a lo largo de la cadena productiva. En total, más de 3.600.000 trabajadores dependen directa o indirectamente de la actividad industrial. La entidad remarcó que detrás de cada fábrica “se encuentra un capital social construido por empresarios y trabajadores”, en un tono que intentó acercar el debate económico a las historias concretas de familias que viven del salario industrial o de la rueda de proveedores.
El texto también incluyó un tramo de reconocimiento al rumbo macroeconómico. La UIA, presidida por Martín Rapallini, destacó avances vinculados al “equilibrio fiscal” y la decisión oficial de encarar “reformas estructurales largamente postergadas”, mencionando la baja de la inflación, la actualización del marco laboral y el proceso de integración internacional, junto con medidas orientadas a mejorar la competitividad del sector productivo nacional.
Sin embargo, el corazón político del comunicado estuvo en dos advertencias. La primera: que la industria compite “de manera directa con el mundo” y por eso necesita condiciones comparables en presión impositiva, infraestructura y costos financieros. La segunda: que el clima de confrontación pública puede ser un boomerang para la inversión. En ese punto, la entidad salió en defensa de un empresario que fue cuestionado duramente por Milei durante su exposición en el Congreso, al señalar que “no diseñó el marco económico previo ni es responsable de las distorsiones estructurales acumuladas durante décadas”.
La frase más filosa, por su carga simbólica y por su intención de marcar un límite, llegó casi como una línea roja: “En esta etapa de transformación, queremos ser claros: el respeto es condición básica del desarrollo”. La UIA pidió respeto “hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país” y lo definió como “el punto de partida para reconstruir la confianza” que necesita la Argentina, tanto internamente como frente al mundo.
Hacia el cierre, la entidad reafirmó su voluntad de trabajar junto al Gobierno, los trabajadores y la sociedad para construir “una economía productiva, moderna e integrada al mundo”. Y sintetizó su postura con una idea que busca plantarse como contrapunto del discurso antiestatal sin caer en una defensa del pasado: “La industria es parte de la solución”.




