Bagdad-12 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- El ataque contra dos petroleros extranjeros en aguas iraquíes, frente a la costa sur del país, volvió a colocar a Irak en el centro de la crisis regional y encendió una nueva alarma sobre la seguridad de las rutas energéticas. El episodio dejó al menos un tripulante muerto, varios desaparecidos y obligó a las autoridades iraquíes a suspender las operaciones en todas sus terminales petroleras, en una decisión que expone la fragilidad del sistema de exportación de crudo en medio de la escalada en Medio Oriente.
Según informaron autoridades de seguridad y del sistema portuario iraquí, la agresión alcanzó a dos buques que operaban en la zona marítima del sur del país. El jefe de la Célula de Seguridad de Irak, teniente general Saad Maan, indicó que una persona de la tripulación murió como consecuencia del ataque y que decenas de marinos pudieron ser rescatados. En paralelo, el director de la Compañía General de Puertos de Irak (GCPI), Farhan al Fartousi, confirmó la paralización total de las operaciones en las terminales petroleras, aunque aclaró que los puertos comerciales continúan funcionando con normalidad.
La reacción de Bagdad fue inmediata. El Gobierno calificó el bombardeo como una “violación de su soberanía” y un acto de sabotaje en un momento especialmente delicado para la región. De acuerdo con reportes oficiales, uno de los buques dañados cargaba combustibles provistos por la estatal Organización Estatal de Comercialización de Petróleo (SOMO) y se encontraba realizando maniobras de transferencia entre barcos, conocidas como STS, cuando fue alcanzado. También se confirmó que una de las embarcaciones navegaba con bandera de Malta. Reportes coincidentes identificaron a los buques afectados como el Zefyros, de bandera maltesa, y el Safesea Vishnu, con bandera de Islas Marshall.
El trasfondo del episodio no puede separarse del cuadro general de la guerra regional. En los últimos días se multiplicaron las acciones contra buques, terminales y activos vinculados al transporte de combustibles en torno al Golfo Pérsico y al estrecho de Ormuz, una arteria decisiva para el comercio mundial de hidrocarburos. La interrupción de operaciones en puertos iraquíes profundiza ese escenario de incertidumbre y alimenta el temor a nuevos cuellos de botella en la oferta global.
El impacto económico fue inmediato. En la plaza asiática, el petróleo volvió a superar la barrera de los 100 dólares por barril, una referencia psicológica y financiera que no pasa inadvertida para importadores, refinadoras y mercados. El repunte se inscribe en una tendencia alcista sostenida por los temores a un deterioro aún mayor de la infraestructura energética regional y por el riesgo de que la crisis derive en una interrupción más extensa del flujo marítimo de crudo. La reacción de los mercados reflejó, una vez más, hasta qué punto cada incidente en la zona puede trasladarse de manera casi automática a los precios internacionales.
Para Irak, el golpe es doble. Por un lado, enfrenta una agresión ocurrida dentro de su área de soberanía marítima; por otro, debe administrar el costo económico y político de detener parcialmente su engranaje exportador en un momento de máxima sensibilidad internacional. El episodio confirma que la guerra regional ya no se limita a objetivos militares convencionales, sino que avanza sobre la logística energética y sobre el corazón mismo del comercio petrolero. Y cuando eso ocurre en una zona como el sur iraquí, el impacto deja de ser local para convertirse en un problema global.





