Buenos Aires, 13 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Una nueva encuesta nacional de la consultora Zuban Córdoba encendió una alarma seria en el oficialismo: un 60,7% de los argentinos dice que no votaría la reelección de Javier Milei en 2027, mientras apenas un 29,4% afirma que sí lo acompañaría para un nuevo mandato. El estudio, realizado sobre 2.200 casos en todo el país durante los primeros días de abril, describe “un deterioro en las condiciones de legitimidad electoral del oficialismo” y deja una conclusión incómoda para la Casa Rosada: el Presidente conserva un núcleo duro, pero ya no exhibe la potencia expansiva que imaginaba para proyectarse sin sobresaltos hacia un segundo período.
El dato más delicado no es solo el rechazo bruto a la reelección, sino el motivo principal de ese desgaste. Entre quienes no volverían a votarlo, un 47,0% atribuye su decisión a la “mala gestión económica”, muy por encima de otras razones como “promesas incumplidas” con 24,7% o los “hechos de corrupción” con 21,5%. Es decir, para esta encuesta el principal problema del Gobierno no pasa hoy por la ideología ni por la pelea cultural, sino por el bolsillo. Y eso golpea justo en el punto donde Milei había prometido que, tras el ajuste, llegaría una mejora palpable para la vida cotidiana.
El sondeo también deja ver que el desgaste ya no es sólo externo. Dentro del electorado original de Milei, un 33,9% reconoce haber reducido o directamente retirado su apoyo, principalmente por la situación económica. Entre los votantes del balotaje de 2023 que hoy se alejaron, un 47,7% menciona justamente la economía como causa central de su decepción, mientras un 18,9% apunta a promesas incumplidas y un 12,7% a casos de corrupción. Son números especialmente sensibles porque muestran que la erosión no proviene solamente del antiperonismo inverso o de opositores tradicionales, sino también de una porción de quienes hace apenas dos años lo llevaron al poder.
Aun así, el trabajo también explica de qué está hecho el núcleo que todavía lo sostiene. Entre quienes sí votarían su reelección, un 47,0% dice confiar en su liderazgo; un 21,6% lo hace por miedo a una alternativa peronista; un 20,2% cree que tiene mejores políticas, y sólo un 7,9% afirma que lo apoyaría porque lo considera honesto. Ese reparto no es un detalle menor: su base aparece sostenida más por el liderazgo personal y por el rechazo al adversario que por una valoración sólida y mayoritaria de su gestión. En otras palabras, Milei sigue reteniendo una identidad política fuerte, pero su respaldo parece cada vez más reactivo y menos entusiasta.
Otro capítulo del informe agrega un dato todavía más inquietante para el oficialismo: crece la demanda de una alternativa. Un 48,2% apoyaría “una alianza entre varios partidos para que le ganen a Milei”, frente a un 37,1% que rechaza esa posibilidad. Además, un 46,0% votaría a un espacio de centro “más moderado” que el actual Gobierno, y un 62,4% cree que la Argentina necesita “un candidato nuevo” no vinculado con ninguno de los partidos actuales. Esa combinación describe un clima de fatiga política que no beneficia automáticamente a ninguna fuerza opositora, pero sí marca que una parte relevante de la sociedad empezó a mirar más allá del esquema binario que hasta ahora le permitió al oficialismo sostener iniciativa.
En el terreno de las alianzas, la encuesta también deja definiciones relevantes. A la pregunta de si Milei debería sumar al PRO, la UCR y partidos provinciales para intentar su reelección, un 39,3% respondió en desacuerdo y un 30,4% a favor. Del otro lado, ante la posibilidad de que el peronismo se alíe con fuerzas provinciales para derrotarlo, un 47,4% se manifestó de acuerdo, contra un 28,9% en desacuerdo. Son números que sugieren dos cosas a la vez: que el oficialismo no tiene cheque en blanco para ampliar su coalición sin costos, y que la sociedad podría ver con buenos ojos un armado opositor más pragmático si éste lograra ofrecer volumen, orden y competitividad.
Como toda encuesta, este relevamiento no es una sentencia ni una profecía cerrada. De hecho, a comienzos de abril otra medición de Isasi-Burdman mostró un cuadro mucho más amable para el Presidente, con 46% a favor de su reelección y 39% en contra. Sin embargo, la foto de Zuban Córdoba no aparece aislada en el mercado: a fines de marzo, el monitor regional de AtlasIntel para Bloomberg ubicó la aprobación de Milei en 36,4% y la desaprobación cerca de 61,6%, su peor registro desde que llegó al poder. Más que una verdad única, lo que emerge es una tendencia: el escenario de 2027 ya no parece despejado para el oficialismo, y el deterioro económico y político empezó a perforar la idea de una reelección asegurada.
Para la Casa Rosada, el mensaje de fondo es claro. El Presidente mantiene un piso competitivo, pero el rechazo a una continuidad ya se volvió mayoritario en esta encuesta y se combina con señales de cansancio entre votantes propios, búsqueda de moderación y deseo de renovación política. Si el Gobierno no logra traducir el orden macroeconómico en mejoras visibles para la vida cotidiana, la promesa de un segundo mandato puede empezar a parecer más un deseo del poder que una demanda real de la calle. Y en política argentina, cuando el electorado empieza a oler desgaste antes que futuro, el dato nunca es menor.





