Buenos Aires, 25 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- Rusia elevó este lunes la presión militar y diplomática sobre Kyiv al advertir que prepara nuevos ataques contra la capital ucraniana y al reclamar la evacuación de personal extranjero y misiones diplomáticas, en una señal de escalada que vuelve a exponer el carácter cada vez más riesgoso de la guerra lanzada por Vladimir Putin contra Ucrania. Rusia usó un misil hipersónico Oreshnik*, que, según Moscú, puede viajar a diez veces la velocidad del sonido y tiene capacidad para portar ojivas nucleares.
La amenaza fue transmitida por el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, durante una conversación telefónica con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. Según informó la Cancillería rusa, Lavrov llamó la atención sobre una comunicación oficial de Moscú en la que se recomendó a Estados Unidos y a otros países con representaciones diplomáticas en Kyiv garantizar la evacuación de su personal y de sus ciudadanos ante la posibilidad de nuevos bombardeos.
El mensaje ruso no fue una advertencia menor. Moscú afirmó que comenzará ataques “sistemáticos” contra instalaciones vinculadas al aparato militar ucraniano y contra centros de decisión en Kyiv, bajo el argumento de responder a presuntos ataques ucranianos contra civiles e infraestructura en territorio controlado por Rusia. Ucrania, por su parte, rechazó la acusación rusa vinculada a Lugansk y sostuvo que sus operaciones apuntaron contra objetivos militares.
La ofensiva verbal llegó después de un fin de semana de ataques masivos contra la capital ucraniana y otras regiones del país. Rusia lanzó drones, misiles de crucero, misiles balísticos y armamento hipersónico contra Kyiv, dejando muertos, decenas de heridos y daños en edificios residenciales, infraestructura urbana y espacios públicos. La magnitud del ataque volvió a mostrar que el Kremlin no busca sólo golpear objetivos militares, sino instalar un clima de terror sobre la población civil y sobre la presencia internacional en la capital ucraniana.
Entre las armas utilizadas o exhibidas en esta nueva etapa de presión aparece el misil hipersónico Oreshnik, un misil balístico de alcance intermedio con capacidad para portar carga nuclear, según reportes internacionales y descripciones técnicas difundidas sobre el sistema. El arma, presentada por Moscú como difícil de interceptar y capaz de volar a velocidades hipersónicas, tiene un evidente valor militar, pero también un fuerte componente psicológico: es un mensaje dirigido no sólo a Kyiv, sino también a Washington, Bruselas y las capitales europeas que sostienen a Ucrania.
La utilización o amenaza de uso del Oreshnik introduce un elemento de gravedad adicional. No se trata de un misil convencional más dentro del arsenal ruso, sino de una plataforma diseñada para proyectar poder estratégico. Aunque pueda emplearse con carga convencional, su capacidad nuclear lo convierte en una herramienta de intimidación. En la práctica, Putin utiliza la amenaza hipersónica como parte de una guerra psicológica destinada a quebrar la voluntad ucraniana y advertir a las potencias occidentales sobre el costo de mantener el apoyo a Volodímir Zelensky.
La reacción de Putin también debe leerse en el marco del desgaste ruso en el frente. Tras más de cuatro años de guerra abierta desde la invasión de febrero de 2022, Rusia no logró imponer una victoria rápida ni quebrar la estructura estatal ucraniana. Cada fracaso operativo, cada ofensiva empantanada y cada golpe ucraniano sobre posiciones rusas alimentan la lógica de represalia del Kremlin, que busca compensar sus límites militares con ataques de alto impacto político y simbólico.
En ese contexto, la conversación entre Lavrov y Rubio funcionó como una advertencia directa. Rusia no sólo informó que evalúa o prepara nuevos ataques: además intentó trasladar la responsabilidad de eventuales consecuencias sobre los países que mantengan personal diplomático en Kyiv. Es una forma de presión diplomática y militar al mismo tiempo: si las embajadas permanecen, deberán hacerlo bajo la amenaza explícita del fuego ruso.
El pedido de evacuación ya había sido utilizado por Moscú a comienzos de mayo, cuando amenazó con ataques masivos si Ucrania interfería con los actos militares rusos en la Plaza Roja. La reiteración de esa advertencia confirma que el Kremlin incorporó la amenaza contra Kyiv como instrumento regular de coerción, buscando condicionar no sólo al gobierno ucraniano, sino también a las representaciones extranjeras que permanecen en la capital.
Desde una mirada occidental, el mensaje ruso confirma que Putin sigue apostando a una escalada calculada: golpear con fuerza, instalar miedo, agitar la sombra nuclear y medir la reacción de Estados Unidos y de Europa. Pero esa estrategia encierra un riesgo creciente. Cada ataque contra Kyiv, cada amenaza contra diplomáticos y cada uso de armamento con capacidad nuclear empuja el conflicto hacia una zona de mayor imprevisibilidad.
La posición de Estados Unidos queda ahora sometida a una presión adicional. Marco Rubio recibió de manera directa la advertencia rusa, en un momento en que los esfuerzos de mediación y negociación aparecen trabados. Moscú intenta instalar que sus ataques son represalias defensivas; sin embargo, el patrón de bombardeos contra ciudades ucranianas, el daño civil y la intimidación a misiones diplomáticas muestran una conducta mucho más cercana a la coerción estratégica que a una respuesta militar limitada.
Para Ucrania, la amenaza rusa implica reforzar defensas aéreas, proteger infraestructura crítica y sostener la presencia internacional en Kyiv como señal política. La salida masiva de diplomáticos sería leída por el Kremlin como una victoria psicológica. Por eso, varios aliados occidentales han insistido en mantener apoyo a Ucrania y no ceder ante lo que consideran una política de chantaje militar ruso.
El mensaje de Putin es feroz y deliberado: si Kyiv continúa resistiendo y si Occidente mantiene su respaldo, Rusia amenaza con intensificar los golpes sobre la capital. La inclusión del Oreshnik en esta ecuación no es casual. El Kremlin busca recordar que dispone de armamento capaz de elevar dramáticamente el costo de la guerra y de proyectar temor más allá del territorio ucraniano.
La guerra vuelve así a ingresar en una fase de máxima tensión. Rusia no consiguió doblegar a Ucrania en el campo de batalla y ahora intenta quebrarla con una combinación de bombardeos masivos, presión diplomática y amenaza estratégica. Pero el uso del miedo como instrumento de política exterior revela también una debilidad: cuando una potencia necesita advertir a embajadas extranjeras que abandonen una capital antes de atacarla, ya no está enviando sólo un mensaje militar; está admitiendo que su guerra depende cada vez más de la intimidación.
El número exacto de misiles balísticos de alcance intermedio con capacidad hipersónica Oreshnik (también conocido como Oréshnik o Avellano) que posee la Federación de Rusia es información clasificada de alto secreto. Sin embargo, los servicios de inteligencia occidentales y de Ucrania manejan estimaciones muy precisas debido a la naturaleza experimental y reciente del arma.
*Misil Oreshnik:
Reservas y arsenal estimado
De acuerdo con los informes de la inteligencia militar ucraniana (HUR) y analistas de defensa, el inventario operativo actual es extremadamente reducido:
- Arsenal estimado: Entre 3 y 4 unidades operativas en total.
- Capacidad de producción: Aunque el presidente Vladímir Putin ordenó y anunció el inicio de la producción en serie (iniciada formalmente a mediados de 2025 tras su primer uso en combate en noviembre de 2024 contra la planta de Dnipro), la fabricación de estos sistemas es lenta debido a las sanciones sobre componentes tecnológicos clave y el alto costo de sus materiales.
- Uso en combate: Se tiene registro de al menos dos lanzamientos operativos o de prueba en condiciones de conflicto contra territorio ucraniano (incluyendo objetivos en Dnipro y Lviv).
Naturaleza del arma
La razón de su bajo número radica en que el Oreshnik no es un misil de crucero táctico convencional de producción masiva (como los Kalibr o Kh-101), sino un misil balístico de alcance intermedio (IRBM) derivado del proyecto del misil intercontinental RS-26 Rubezh.
Está diseñado principalmente como un arma de disuasión estratégica y teatro político-militar. Cada unidad cuenta con ojivas múltiples de reentrada independiente (MIRV) capaces de desplegar hasta 36 submuniciones a velocidades que superan el Mach 10 (unos 12.300 km/h), lo que los hace virtualmente inmunes a los sistemas de defensa aérea actuales europeos.
Dada su escasez y alto costo, las fuerzas estratégicas de Rusia los reservan para objetivos de altísimo valor estratégico o como herramientas de presión diplomática hacia la OTAN.




