Kiev – 18 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, lanzó una de sus advertencias más duras contra Rusia luego del mayor ataque ucraniano con drones contra Moscú en al menos dos años. La ofensiva alcanzó una importante refinería de petróleo en la capital rusa, provocó columnas de humo visibles desde distintos puntos de la ciudad, obligó a cerrar aeropuertos durante horas y expuso la creciente capacidad de Kiev para golpear infraestructura estratégica dentro del territorio ruso.
“Nosotros no queremos esta guerra y jamás la hemos querido. Pero si Ucrania arde, su Moscú también arderá”, afirmó Zelenski en un mensaje de audio difundido a la prensa, en el que buscó vincular los ataques ucranianos con la continuidad de los bombardeos rusos contra ciudades e infraestructura civil de su país.
El mandatario ucraniano sostuvo que el objetivo político de la ofensiva es que la población rusa empiece a sentir el costo directo de la guerra impulsada por Vladimir Putin. “Lo más importante es que el pueblo ruso empieza a sentir que es un hombre, Putin, quien libra esta guerra, mientras que la gente ordinaria paga el precio”, señaló.
La agencia estatal rusa TASS calificó el ataque como el mayor contra Moscú en al menos dos años. Según el alcalde de la capital rusa, Serguéi Sobianin, las defensas antiaéreas abatieron cerca de 180 drones que se aproximaban a la ciudad. El Ministerio de Defensa ruso elevó la cifra y aseguró haber interceptado más de 500 drones ucranianos en distintas regiones del país durante la madrugada.
Pese a esas afirmaciones, varios aparatos lograron atravesar las defensas rusas. Uno de los blancos principales fue la refinería moscovita MNPZ, ubicada en la zona de Kapotnia, al sudeste de la capital. El ataque provocó incendios y grandes columnas de humo negro, mientras los servicios de emergencia trabajaban para controlar las llamas.
La instalación atacada es clave para el abastecimiento de combustibles de la región de Moscú. Fuentes del sector energético citadas por medios internacionales indicaron que la planta ya había sido golpeada durante la semana y que una unidad relevante para la producción debió detener operaciones. El impacto no sólo tiene valor militar y simbólico: apunta a la red de refinación que alimenta parte del aparato económico y logístico ruso.
La ofensiva también paralizó por varias horas la actividad aérea. El aeropuerto de Sheremétievo, el más importante de Moscú, evacuó pasajeros a “lugares seguros” durante el ataque y recién pudo reanudar operaciones cerca de las 11 de la mañana, hora local. Otros aeropuertos de la capital también sufrieron restricciones, cancelaciones y demoras, afectando cientos de vuelos.
El ataque ucraniano coincidió con la presencia de Putin en la ciudad de Kazán, a unos 700 kilómetros al este de Moscú, donde mantenía reuniones con líderes del sudeste asiático. La sincronía reforzó el mensaje político de Kiev: incluso mientras el Kremlin intenta exhibir normalidad diplomática, la guerra ya golpea instalaciones sensibles dentro de la Federación Rusa.
En la región de Moscú, un dron se estrelló contra un edificio de apartamentos en la zona de Zhukovski, mientras restos de otro aparato provocaron un incendio en un centro comercial, según informó el gobernador regional Andréi Vorobiov. Las autoridades rusas denunciaron daños materiales y acusaron a Ucrania de atacar zonas civiles, aunque Kiev insiste en que sus blancos prioritarios son instalaciones energéticas, militares y logísticas vinculadas al esfuerzo de guerra ruso.
La escalada se produjo un día después del cierre de la cumbre del G7, donde las principales potencias occidentales acordaron aumentar la presión sobre Rusia para forzar el fin de la guerra. Zelenski venía reclamando más sanciones contra los sectores energético y militar rusos, además de mayor provisión de sistemas de defensa aérea y capacidades de largo alcance para responder a los ataques de Moscú.
En ese contexto, la ofensiva sobre la capital rusa forma parte de una doctrina que Kiev define como “sanciones de largo alcance”: ataques contra refinerías, depósitos de combustible, puertos, centros logísticos y nodos industriales que sostienen la maquinaria militar rusa. El objetivo es elevar el costo interno de la invasión, reducir ingresos energéticos, alterar la provisión de combustibles y obligar al Kremlin a dispersar defensas lejos del frente.
La campaña ya comenzó a generar efectos dentro de Rusia. En las últimas semanas se reportaron restricciones de combustible, subas de precios en algunas estaciones de servicio y preocupación de autoridades regulatorias rusas por aumentos abruptos en el mercado minorista. Aunque Moscú intenta minimizar el impacto, la repetición de ataques contra refinerías evidencia una vulnerabilidad creciente.
El Kremlin, por su parte, sostiene que sus defensas interceptan la mayoría de los drones y acusa a Ucrania de terrorismo. Sin embargo, cada penetración exitosa sobre Moscú debilita la narrativa de invulnerabilidad que el régimen ruso construyó durante años alrededor de su capital.
La frase de Zelenski marca un cambio de tono. Ya no se trata sólo de pedir más armas o sanciones a Occidente, sino de advertir que Rusia no podrá mantener la guerra como un fenómeno lejano, confinado a ciudades ucranianas. Si Putin continúa bombardeando Kiev, Járkov, Odesa o Dnipro, la respuesta ucraniana buscará que Moscú también sienta la guerra en su cielo, sus aeropuertos, sus refinerías y su vida cotidiana.
La guerra entra así en una etapa de mayor profundidad territorial. Ucrania demuestra que puede golpear el centro político y económico ruso; Rusia promete represalias; y Occidente observa una escalada que puede acercar una negociación o abrir una fase todavía más peligrosa del conflicto.
Por ahora, Zelenski dejó formulado el mensaje sin eufemismos: Ucrania no eligió la guerra, pero si el Kremlin insiste en quemarla, Moscú ya no estará a salvo de las llamas.





