Rosario – 21 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-.La diputada nacional de La Libertad Avanza (LLA) Lilia Lemoine protagonizó un violento episodio en pleno centro de Rosario, cuando le dio un cachetazo a una mujer que la insultó y le escupió en la cara durante la visita oficial por el Día de la Bandera, en una escena que volvió a exhibir el nivel de crispación callejera que rodea al oficialismo desde que estallaron los escándalos inmobiliarios y patrimoniales del jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
El hecho ocurrió en la intersección de Rioja y Buenos Aires, a pocas cuadras del Monumento Nacional a la Bandera, donde el presidente Javier Milei encabezó los actos oficiales del 20 de junio. Lemoine caminaba por la zona junto a la diputada María Celeste Ponce cuando fue increpada por una mujer que circulaba en bicicleta.
Según los videos que se viralizaron en redes sociales y fueron difundidos por distintos medios, la mujer comenzó a insultar a la legisladora libertaria desde la calle. Entre los gritos se escucharon expresiones como “facha de mierda”, “puta” y “yegua”. La situación escaló cuando la agresora se acercó al rostro de Lemoine y le escupió.
La diputada reaccionó con un cachetazo en la cabeza de la mujer y le recriminó: “¿Cómo me vas a escupir, hija de puta?”. La escena fue grabada por Ponce, quien acompañaba a Lemoine en la recorrida oficial. La agresora se retiró luego en bicicleta, mientras la legisladora quedó visiblemente alterada por el episodio.
Minutos después, Lemoine hizo un descargo en su cuenta de X, donde sostuvo que la agresión verbal y el intento de amedrentarla fueron incluso más graves que el escupitajo. “Que les quede claro, no les tengo miedo, les tengo asco”, escribió la diputada, en un mensaje que profundizó la confrontación política y recibió apoyos y críticas en redes sociales.
El episodio no puede leerse como un hecho aislado. Hasta hace pocos meses, los dirigentes libertarios solían moverse con un alto nivel de aceptación en actos públicos, especialmente entre sectores movilizados contra la política tradicional. Sin embargo, desde que el caso Adorni comenzó a golpear al corazón del Gobierno, las apariciones callejeras de figuras oficialistas quedaron atravesadas por un clima más hostil, con insultos, escraches y escenas de tensión que antes no formaban parte habitual de la dinámica pública libertaria.
El escándalo alrededor de Adorni modificó el escenario. El jefe de Gabinete quedó bajo presión por presuntas inconsistencias patrimoniales, propiedades, viajes, pagos en efectivo y explicaciones cambiantes sobre el origen de sus fondos. La investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito, sumada a su admisión de haber tenido dinero no declarado y a las revelaciones sobre operaciones inmobiliarias, instaló una crisis ética que erosionó el discurso oficial contra la “casta”.
Entre los puntos más sensibles aparecen los pagos en efectivo por refacciones, las propiedades vinculadas a su entorno, la compra de inmuebles en condiciones cuestionadas, los viajes al exterior y la utilización de una explicación basada en inversiones en Bitcoin para justificar fondos que no habían sido declarados previamente. El caso se convirtió en el mayor frente de desgaste político para el Gobierno de Milei y abrió una grieta incluso con aliados parlamentarios.
En ese contexto, Lemoine quedó expuesta en Rosario a una reacción de rechazo directo. La agresión de la mujer no justifica el escupitajo ni los insultos, pero el episodio muestra que el oficialismo ya no transita la calle con la comodidad de los primeros tiempos. El clima cambió. La crisis por Adorni dejó de ser sólo un expediente judicial o una disputa parlamentaria: empezó a convertirse en un factor de tensión social alrededor de los dirigentes libertarios.
La escena también tuvo un fuerte impacto simbólico por el lugar y el momento. Ocurrió durante el Día de la Bandera, en una ciudad donde Milei buscaba mostrar autoridad política, unidad institucional y presencia federal. En cambio, la jornada quedó marcada por una imagen de crispación: una diputada oficialista insultada, escupida y respondiendo con un golpe en plena vía pública.
El oficialismo intentó presentar el episodio como una muestra de intolerancia opositora contra una dirigente de LLA. Sectores críticos, en cambio, lo interpretaron como otra expresión del deterioro del vínculo entre el Gobierno y una parte de la sociedad, especialmente después de que el discurso anticorrupción libertario quedara golpeado por las acusaciones contra uno de los funcionarios más cercanos al Presidente.
La tensión llega además en momentos en que Adorni enfrenta pedidos de interpelación, cuestionamientos de la oposición y dudas dentro de los propios aliados del Gobierno. El caso amenaza con convertirse en una moción de censura política contra la administración libertaria, no sólo por las sospechas patrimoniales sino por el modo en que Milei decidió sostenerlo pese al costo público.
El cachetazo de Lemoine no explica por sí solo el malestar social, pero lo expone de manera brutal. La escena concentra varios elementos del momento libertario: confrontación permanente, funcionarios bajo presión, militancia defensiva, rechazo callejero y un Gobierno que empieza a pagar en la calle el costo de sus propias contradicciones.
La agresión a una legisladora debe ser condenada. Pero también debe ser leído el contexto político que la rodea. Estas situaciones no se registraban con la misma intensidad antes de los escándalos inmobiliarios de Adorni. Desde entonces, la moral anticasta que llevó a LLA al poder quedó bajo sospecha, y cada aparición pública de sus figuras más visibles se mueve en un terreno más inflamable.




