Berlín – 2 julio 2026 – Total News Agency – TNA-. La investigación por el sabotaje a los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2 ingresó en una etapa decisiva y políticamente explosiva. La Fiscalía Federal de Alemania acusó formalmente a un ciudadano ucraniano, identificado bajo las reglas de privacidad alemanas como Serhii K., por su presunta participación en la operación que destruyó parte de la infraestructura energética submarina que unía a Rusia con Alemania a través del mar Báltico.
El dato más sensible de la acusación no está solamente en la imputación individual. Los fiscales alemanes sostienen que Serhii K. y otros integrantes del grupo habrían actuado “a petición” de autoridades ucranianas o entidades estatales vinculadas a Ucrania, en una acción destinada a inutilizar los gasoductos y cortar una fuente clave de ingresos para Moscú en plena guerra. La acusación representa el señalamiento judicial más directo hasta ahora sobre una posible conexión ucraniana con uno de los sabotajes energéticos más graves ocurridos en Europa desde el fin de la Guerra Fría.
Serhii K., sin embargo, niega haber participado. Su defensa sostiene que no integró el comando que colocó los explosivos y que, al momento de los hechos, se encontraba en Ucrania, donde habría cumplido funciones como comandante militar. El acusado fue detenido en Italia en agosto de 2025, extraditado a Alemania en noviembre de ese mismo año y permanece bajo custodia mientras se prepara el juicio. Su abogado en Italia afirmó que la defensa espera un debate oral público para discutir las pruebas y establecer los hechos.

La imputación incluye cargos por complicidad en crimen de guerra, ataque contra infraestructura energética civil, perturbación de servicios públicos, provocar una explosión y destruir estructuras de importancia estratégica. Para la fiscalía alemana, el objetivo de la operación habría sido impedir de manera duradera el suministro de gas ruso hacia Europa y reducir la capacidad del Kremlin de financiar su esfuerzo bélico mediante exportaciones energéticas.
Según la hipótesis de los investigadores, el grupo habría utilizado el velero Andromeda, alquilado en Alemania con documentación falsa, para trasladar explosivos militares hacia la zona cercana a la isla danesa de Bornholm. Allí, un equipo integrado por buzos, un patrón de embarcación y un especialista en explosivos habría colocado las cargas en el fondo del Báltico. Las detonaciones se produjeron el 26 de septiembre de 2022 y dañaron gravemente los ductos submarinos.
Los tribunales alemanes consideran que el caso entra bajo jurisdicción de Alemania porque los gasoductos terminaban en Lubmin, en el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, y su destrucción afectó directamente la seguridad energética y la seguridad interna del país. El expediente quedó radicado ante un tribunal regional de Hamburgo, donde Serhii K. podría enfrentar un proceso de alto impacto geopolítico.
El sabotaje de Nord Stream ocurrió siete meses después de la invasión rusa a Ucrania y en medio de una crisis energética que sacudió a Europa, especialmente a Alemania, históricamente dependiente del gas ruso. Nord Stream 1 era una de las principales rutas de abastecimiento hacia el mercado alemán, mientras que Nord Stream 2 había quedado paralizado antes de entrar en funcionamiento, luego de que Berlín suspendiera su certificación tras el inicio de la guerra.
Desde el comienzo, el caso estuvo rodeado de sospechas cruzadas. Rusia acusó a Estados Unidos y a sus aliados de estar detrás del ataque, mientras Washington negó cualquier responsabilidad. Ucrania también rechazó en distintas ocasiones haber participado en el sabotaje. Ahora, la acusación alemana coloca al gobierno de Kiev frente a un problema diplomático delicado: hasta el momento no existe reconocimiento oficial de responsabilidad, pero la fiscalía de Alemania afirma que la operación habría sido ejecutada en beneficio estratégico ucraniano y por encargo de autoridades de ese país.
La administración de Volodímir Zelenski evitó por ahora una respuesta de fondo. Funcionarios ucranianos indicaron que no cuentan con detalles suficientes para pronunciarse y que esperan más información sobre el expediente. Ese silencio contrasta con la satisfacción que sectores ucranianos expresaron en su momento por la pérdida de una infraestructura vista como instrumento de presión económica rusa sobre Europa.
El juicio promete abrir un escenario incómodo para Berlín. Alemania es uno de los principales sostenes políticos, financieros y militares de Ucrania frente a la invasión rusa, pero ahora su propia justicia afirma que una operación atribuida a estructuras ucranianas dañó infraestructura crítica vinculada a la seguridad nacional alemana. La causa, además, podría reactivar reclamos económicos, debates sobre responsabilidad estatal y tensiones dentro de la alianza occidental.
Por ahora, el expediente tiene un acusado formal, una hipótesis que apunta hacia Ucrania y una defensa que rechaza todos los cargos. Serhii K. niega haber formado parte del sabotaje. La fiscalía alemana, en cambio, sostiene que fue uno de los coordinadores de una operación clandestina destinada a cortar el cordón energético entre Rusia y Europa.




