Amán – 9 julio 2026 – Total News Agency – TNA – Irán lanzó este jueves una nueva represalia militar contra instalaciones utilizadas por Estados Unidos en Jordania y el Golfo Pérsico, después de otra ronda de bombardeos norteamericanos sobre territorio iraní que, según Teherán, incluyó impactos en la provincia de Bushehr, cerca de la central nuclear administrada con asistencia rusa.
La escalada se produjo en uno de los momentos más delicados del conflicto entre Washington y Teherán, con el alto el fuego prácticamente colapsado y las rutas energéticas del estrecho de Ormuz otra vez bajo amenaza. Según un comunicado de los Guardianes de la Revolución Islámica, Irán disparó 10 misiles balísticos contra la base militar jordana de Azraq, utilizada por fuerzas estadounidenses. Jordania informó previamente que interceptó ocho misiles lanzados desde Irán, sin víctimas ni daños materiales, de acuerdo con su agencia estatal de noticias. Reuters reportó el ataque y la confirmación jordana de las intercepciones.
La base de Azraq, ubicada al este de Amán, es un punto sensible porque alberga presencia militar y aeronaves vinculadas a operaciones de Estados Unidos en la región. Las sirenas se activaron en territorio jordano durante el ataque y las autoridades mantuvieron el alerta ante la posibilidad de nuevos proyectiles. El mensaje de Teherán fue explícito: las bases estadounidenses en Oriente Medio serán atacadas si se repite la “agresión estadounidense”.
La represalia no se limitó a Jordania. Irán también afirmó haber atacado objetivos en Baréin, Kuwait y Qatar, países que albergan infraestructura militar clave de Estados Unidos. En Baréin se encuentra el cuartel general de la Quinta Flota de la Marina norteamericana; en Qatar, Washington opera desde instalaciones estratégicas para su despliegue aéreo regional; y en Kuwait mantiene posiciones militares asociadas a defensa antimisiles y logística. Reuters informó que Irán dijo haber golpeado activos estadounidenses en esos países, mientras Estados Unidos confirmó que previamente había atacado alrededor de 90 objetivos iraníes.
De acuerdo con medios estatales iraníes, el Ejército de Irán utilizó drones de ataque unidireccionales contra instalaciones militares en el Golfo. La versión de Teherán sostiene que los drones impactaron un sistema interceptor Patriot en Kuwait, un sistema de alerta temprana en Qatar y tanques de combustible en Baréin. Las autoridades de Kuwait reportaron al menos un herido por caída de escombros, mientras Baréin informó que interceptó proyectiles entrantes, aunque sin ofrecer detalles completos sobre daños o bajas.
La nueva oleada de ataques iraníes llegó después de que el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) anunciara la reanudación de operaciones contra Irán. Washington justificó los bombardeos como respuesta a ataques atribuidos a Teherán contra buques comerciales en el estrecho de Ormuz, paso por donde circula una porción decisiva del petróleo y el gas natural licuado que abastece a los mercados mundiales. CBS News informó que CENTCOM reconoció una nueva ronda de ataques con el argumento de “hacer rendir cuentas” a Irán por su “agresión injustificada”.
El punto más delicado de la jornada fue Bushehr. La agencia estatal iraní IRNA citó al funcionario local Ehsan Jahanian, quien acusó a Estados Unidos de lanzar ataques cerca de la central nuclear de la provincia. Según esa versión, varios puntos de Bushehr fueron alcanzados, incluido el perímetro de la instalación nuclear, aunque Teherán no informó daños directos al reactor. The Guardian reportó que los ataques estadounidenses de las últimas 48 horas incluyeron infraestructura próxima a Bushehr, puentes ferroviarios y otros objetivos, con un saldo iraní de 14 muertos y 78 heridos.
La central de Bushehr es una instalación de especial sensibilidad geopolítica. Fue construida con asistencia rusa y opera bajo parámetros que la hacen central en el programa nuclear civil iraní. Cualquier ataque cerca de ese complejo eleva el riesgo de un incidente radiológico, aun cuando no se produzca un impacto directo sobre el reactor. Durante fases anteriores del conflicto, Teherán ya había denunciado explosiones en zonas cercanas, mientras Estados Unidos evitó confirmar públicamente operaciones específicas sobre instalaciones nucleares.
La crisis expone la fragilidad del alto el fuego establecido originalmente en abril y deteriorado durante las últimas semanas. La Casa Blanca sostiene que Irán violó los compromisos al permitir o ejecutar ataques contra embarcaciones en Ormuz. Teherán responde que Estados Unidos utiliza esos incidentes como pretexto para destruir infraestructura militar, portuaria y logística iraní. La consecuencia inmediata es una dinámica de represalias cada vez más amplia: ataques estadounidenses dentro de Irán y ataques iraníes contra bases o intereses de Washington en terceros países.
La situación también compromete a aliados regionales de Estados Unidos que intentan evitar quedar atrapados en una guerra abierta. Jordania, Qatar, Kuwait y Baréin dependen de garantías de seguridad norteamericanas, pero al mismo tiempo quedan expuestos a misiles y drones iraníes. La interceptación de proyectiles sobre territorio jordano y del Golfo muestra que el conflicto ya dejó de ser bilateral y amenaza con arrastrar a toda la arquitectura militar regional.
El impacto económico es igualmente inmediato. Cada nueva amenaza sobre Ormuz presiona los precios del petróleo, encarece seguros marítimos y obliga a navieras y petroleras a revisar rutas y cargas. Reuters señaló que la región vive una interrupción severa de mercados energéticos desde el inicio de la guerra y que el estrecho se mantiene como foco central de presión iraní.
En paralelo, la diplomacia intenta recuperar margen. Qatar, Omán, Turquía y Pakistán impulsan canales de desescalada, aunque el margen se reduce con cada ronda de fuego. La muerte del líder supremo iraní Alí Khamenei en un ataque previo, mencionada por reportes internacionales como un factor de radicalización interna, también empujó a los sectores más duros del régimen a exigir represalias directas contra Washington.
Por ahora, Estados Unidos no informó bajas propias por los ataques iraníes de este jueves. Tampoco confirmó daños relevantes en las bases afectadas. Pero la capacidad de Irán para lanzar misiles y drones de manera simultánea contra varios países aliados de Washington refuerza la advertencia de que cualquier nuevo bombardeo sobre territorio iraní puede derivar en respuestas regionales de mayor alcance.
El conflicto queda así en una fase de altísimo riesgo. Si Washington profundiza sus ataques dentro de Irán, especialmente cerca de zonas sensibles como Bushehr, Teherán podría ampliar sus blancos hacia más bases estadounidenses y eventualmente hacia infraestructura energética del Golfo. Si Irán vuelve a atacar Ormuz o causa víctimas norteamericanas, la administración de Donald Trump tendrá mayores incentivos para responder con una ofensiva más amplia.
La jornada dejó una certeza: el alto el fuego ya no funciona como barrera de contención. Irán golpeó Jordania y el Golfo; Estados Unidos atacó cerca de instalaciones críticas iraníes; y los países de la región vuelven a quedar en la primera línea de una guerra que amenaza con desbordar todos los canales diplomáticos.





