El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, convirtió la homilía central por San Cayetano en una fuerte interpelación al Gobierno, a la dirigencia política y también a la sociedad. Advirtió sobre familias asfixiadas por créditos, trabajadores obligados a sostener dos o más empleos y personas que revuelven la basura para comer, mientras cuestionó la naturalización de aumentos en tarifas, transporte, alquileres y alimentos. El mensaje coincidió con una nueva movilización sindical y social desde Liniers hacia Plaza de Mayo y con datos recientes que muestran un aumento de la pobreza estimada por la UCA, niveles récord de morosidad familiar y una recuperación económica que todavía exhibe fuertes diferencias entre sectores.
Buenos Aires – 7 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA – El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, utilizó este viernes la tradicional celebración de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, para lanzar uno de sus discursos sociales más duros de los últimos meses, con cuestionamientos que alcanzaron directamente a la realidad económica que atraviesan numerosos hogares argentinos y al clima político que rodea al Gobierno del presidente Javier Milei.
Ante los fieles reunidos en el santuario de Liniers, el religioso describió una sociedad atravesada por el cansancio, el deterioro de los ingresos, la discriminación, las disputas políticas y una creciente resignación frente a situaciones que consideró incompatibles con una vida digna.
García Cuerva habló de una sociedad “lisiada” por las heridas del odio y la descalificación y cuestionó los análisis ideológicos que, según señaló, terminan chocando contra la experiencia cotidiana de quienes padecen los problemas económicos todos los días.
El arzobispo avanzó entonces sobre uno de los puntos más sensibles para la administración nacional: el impacto que tienen sobre los ingresos familiares los incrementos de servicios y productos básicos.
“Estamos resignados pasiva y silenciosamente a que las cosas aumenten”, afirmó al enumerar entre esos gastos el transporte público, las tarifas, los alquileres y los alimentos.
La advertencia se produjo el mismo día en que se conoció que la inflación de CABA aceleró desde 1,8% en junio hasta 2,9% en julio, impulsada especialmente por servicios, electricidad, transporte, educación y productos estacionales, un dato que volvió a colocar bajo observación la evolución del costo de vida antes de la publicación del índice nacional de julio.
Pero la frase que adquirió mayor repercusión llegó cuando García Cuerva trasladó su crítica desde los indicadores hacia escenas concretas de la vida cotidiana.
“Mudos cuando no reclamamos pacíficamente que el sueldo no alcanza, y no decimos nada ante hermanos que revuelven la basura para comer”, sostuvo. Luego habló de una sociedad “atragantada de bronca” frente a la sensación de que el bienestar económico prometido no termina de alcanzar al ciudadano común.
El mensaje tuvo una dirección política evidente, aunque el arzobispo no concentró sus cuestionamientos exclusivamente sobre el oficialismo.
También apuntó contra una dirigencia a la que acusó de hablar sobre la pobreza desde posiciones alejadas de la realidad de quienes la padecen.
Según expresó, existe un pueblo “cansado de promesas incumplidas” y de dirigentes que hablan de los pobres pero “no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida”.
El planteo se produjo mientras los indicadores sociales exhiben un escenario contradictorio respecto de la estabilización macroeconómica conseguida durante la gestión libertaria.
Un reciente relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) estimó que la pobreza alcanzó al 30% de la población durante el primer trimestre de 2026, mientras la indigencia llegó al 6,5%. La medición representó una interrupción de la trayectoria descendente observada anteriormente y calculó que alrededor de 1,3 millones de personas habían ingresado nuevamente en situación de pobreza al comparar períodos equivalentes.
La actividad económica también mantiene contrastes. La estabilización cambiaria, la acumulación de reservas, la reducción de la inflación y el fuerte desempeño de sectores exportadores conviven con dificultades en ramas vinculadas con el mercado interno, mientras el desempleo se ubicó en 7,8% y la informalidad laboral alcanzó el 44,2%, según las últimas cifras disponibles.
El propio índice de salarios del INDEC mostró en mayo una suba mensual del 2,2% y un avance interanual del 35,9%, aunque las distintas categorías laborales presentan comportamientos muy diferentes y esos promedios no reflejan de manera homogénea la situación de trabajadores informales, autónomos o sectores con convenios rezagados.
García Cuerva colocó además el endeudamiento familiar dentro de su diagnóstico.
“San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias”, afirmó.
Ese señalamiento coincide con un deterioro pronunciado de la capacidad de pago de los hogares.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) había informado ya en enero que el indicador de irregularidad de las financiaciones a familias alcanzaba el 10,6%, mientras análisis posteriores sobre datos oficiales ubicaron la mora crediticia en niveles récord de la serie histórica iniciada en 2010. En marzo, algunas mediciones basadas en registros del propio organismo situaban la morosidad familiar en 11,5%, con dificultades particularmente elevadas en préstamos personales y tarjetas de crédito.
El discurso de San Cayetano incorporó además una referencia doctrinaria que puede interpretarse como un cuestionamiento directo a uno de los conceptos centrales que Milei utiliza habitualmente en sus intervenciones económicas: la primacía de la libertad individual y económica.
García Cuerva citó la encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XIV, para recordar que la libertad económica “no es absoluta” y debe estar subordinada al bien común y a la dignidad de las personas. La frase figura efectivamente en el punto 157 del documento pontificio, promulgado en mayo pasado.
La encíclica sostiene además que la iniciativa empresarial puede generar riqueza y mejorar la vida social, pero condiciona esa legitimidad a la creación de empleo digno y rechaza que el beneficio económico sea la única variable para evaluar su resultado.
La utilización de ese párrafo en Liniers adquiere especial significado dentro de la discusión argentina porque el Gobierno construyó buena parte de su identidad económica alrededor de la defensa de la libertad de mercado, la reducción de regulaciones y una menor intervención estatal.
La celebración religiosa coincidió además con la tradicional movilización de San Cayetano, que este año volvió a adquirir un fuerte contenido político y sindical.
La CTA Autónoma, la CTA de los Trabajadores y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) habían convocado previamente a marchar este 7 de agosto bajo la consigna “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”, con una columna que partió durante la mañana desde Liniers hacia Plaza de Mayo y sumó organizaciones sindicales, sociales, trabajadores estatales, docentes, jubilados y otros sectores opositores al Gobierno.
Los organizadores presentaron la jornada como una protesta contra las políticas económicas de la administración de Milei, mientras el acto religioso mantuvo formalmente un contenido pastoral y social propio.
La diferencia no impidió que ambos escenarios confluyeran sobre un mismo problema: cuánto de la estabilización macroeconómica está llegando efectivamente a los ingresos y condiciones de vida de los sectores populares y de una parte creciente de la clase media.
En la homilía, García Cuerva insistió precisamente en evitar que las cifras generales oculten la situación concreta de quienes todavía no perciben una mejora.
El arzobispo volvió así a colocar a la Iglesia Católica argentina dentro de la discusión social en un momento en que el Gobierno exhibe como principales logros la baja de la inflación y el ordenamiento fiscal, mientras desde distintos sectores comienza a crecer la discusión sobre salarios, empleo, endeudamiento y el costo de los servicios.
Y lo hizo el día de San Cayetano, una fecha que históricamente reúne en Liniers a miles de personas que llegan para pedir o agradecer trabajo, convirtiendo nuevamente al santuario en una caja de resonancia de las dificultades sociales que atraviesan amplios sectores de la población.
Fuentes consultadas: Agencia Informativa Católica Argentina (AICA), Arzobispado de Buenos Aires, Santa Sede, INDEC, BCRA, Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), CTA Autónoma, Infobae, La Nación, Clarín y antecedentes públicos de la celebración de San Cayetano.





