Por Daniel Romero- Director de Total News Agency-
La producción petrolera argentina creció más del 14% interanual y se acerca al millón de barriles diarios, mientras las inversiones no convencionales superan los US$12.000 millones anuales. El RIGI se convirtió en una herramienta decisiva para financiar oleoductos, gasoductos y exportaciones de gas licuado. En ese escenario, Máximo Kirchner anunció que revisará todos los proyectos si el peronismo regresa al poder en 2027, reabriendo el debate sobre la seguridad jurídica de las inversiones estratégicas.
Buenos Aires – 15 Octubre 2026 – Total News Agency – TNA. La transformación energética argentina alcanzó durante 2026 una dimensión inédita, impulsada por el extraordinario crecimiento de Vaca Muerta, que ya aporta siete de cada diez barriles de petróleo producidos en el país y comienza a modificar estructuralmente la balanza comercial. Sin embargo, mientras las empresas aceleran inversiones multimillonarias al amparo del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el diputado kirchnerista Máximo Kirchner volvió a cuestionar ese instrumento y anunció que, si el peronismo regresa al Gobierno en 2027, revisará uno por uno los proyectos aprobados.
El contraste es significativo. Mientras la explotación de hidrocarburos no convencionales demuestra su capacidad para generar divisas, exportaciones y empleo, las declaraciones del referente de La Cámpora buscan introducir un nuevo factor de incertidumbre alrededor de un régimen concebido precisamente para garantizar estabilidad tributaria, aduanera y cambiaria durante 30 años.
En agosto, la producción nacional alcanzó 949.888 barriles diarios, un incremento interanual del 14,1%, según datos oficiales procesados por G&G Energy Consultants. De ese volumen, 669.805 barriles provinieron de explotaciones no convencionales, un crecimiento del 27,2% respecto del año anterior. La participación del shale oil llegó así al 70,6% de la producción nacional, frente al 63% registrado doce meses atrás.
El desempeño coloca a la Argentina a las puertas de superar el millón de barriles diarios antes de finalizar el año, una marca que hace apenas una década parecía lejana. De concretarse, consolidaría su posición entre los principales productores latinoamericanos y ampliaría la capacidad de generación de dólares en un país históricamente condicionado por sus restricciones externas.
Detrás de esa expansión existe un esfuerzo inversor excepcional. Las estimaciones sectoriales indican que durante 2026 se destinarán aproximadamente US$12.305 millones a proyectos no convencionales de la cuenca neuquina, un 31% más que en 2025. En contraste, las inversiones en yacimientos convencionales continúan disminuyendo, reflejando el desplazamiento del centro de gravedad de la industria hacia Vaca Muerta.
Aunque el desarrollo de la formación comenzó mucho antes de la creación del RIGI, la nueva etapa de expansión exportadora está estrechamente vinculada con las garantías ofrecidas por ese régimen, especialmente para obras de infraestructura que demandan desembolsos extraordinarios y plazos prolongados de recuperación.
El ejemplo más representativo es el Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), el oleoducto de 437 kilómetros que conectará la producción neuquina con la costa de Río Negro. El proyecto, incorporado formalmente al RIGI mediante una inversión aprobada cercana a US$2.900 millones, registra un avance de aproximadamente el 75% y contempla comenzar sus operaciones comerciales durante el primer trimestre de 2027. Su desarrollo permitirá ampliar considerablemente la capacidad de transporte y exportación de petróleo.
A esta infraestructura se suma la ampliación Duplicar Plus, de Oldelval, que ya opera a plena capacidad y transporta más de 540.000 barriles diarios hacia Puerto Rosales, en la provincia de Buenos Aires. Ambas iniciativas permiten superar uno de los principales obstáculos históricos de la industria: producir petróleo en cantidades crecientes sin disponer de suficientes instalaciones para trasladarlo hacia los mercados internacionales.
Los resultados comienzan a reflejarse en las cuentas externas. Entre enero y agosto, las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron US$10.667 millones, un incremento cercano al 49% interanual. El superávit energético acumulado ascendió a aproximadamente US$7.834 millones, equivalente al 43% del saldo comercial favorable registrado por el país durante ese período.
Las proyecciones sectoriales estiman que el excedente energético podría aproximarse a US$14.400 millones al cierre de 2026, una transformación considerable frente al déficit de alrededor de US$7.000 millones que registraba la balanza energética en 2013.
El desafío siguiente se concentra en el gas natural. Aunque Vaca Muerta dispone de recursos extraordinarios, la producción enfrenta limitaciones por la capacidad de transporte y por la estacionalidad del consumo interno. Durante el invierno, la demanda argentina puede alcanzar los 180 millones de metros cúbicos diarios, mientras que en los meses de menor consumo desciende a niveles cercanos a 115 o 125 millones.
Para resolver esas restricciones, Transportadora de Gas del Sur (TGS) desarrolla la ampliación del gasoducto Perito Moreno, también incorporada al RIGI, que permitirá sumar 14 millones de metros cúbicos diarios de capacidad. Paralelamente, Southern Energy avanza con sus proyectos de exportación de gas natural licuado desde Río Negro, igualmente beneficiados por el régimen.
En ese marco se inscribe también Argentina LNG, la iniciativa impulsada por YPF, la italiana ENI y XRG, brazo internacional de inversiones energéticas de ADNOC, cuya primera etapa contempla desembolsos estimados en US$29.000 millones. La decisión final de inversión fue anunciada como una posibilidad para el próximo 26 de noviembre.
El desarrollo gasífero tendría además consecuencias directas sobre el gasto público. Mientras en 2014 los subsidios energéticos representaban alrededor del 3,7% del Producto Bruto Interno, para 2026 las estimaciones sectoriales los ubican cerca del 0,7%, una reducción explicada tanto por la actualización tarifaria como por el reemplazo progresivo de combustibles importados mediante producción nacional.
En medio de este panorama, Máximo Kirchner afirmó el miércoles que un eventual gobierno peronista revisará los beneficios otorgados a los grandes inversores. “Habrá que auditar proyecto por proyecto y ver cómo se fue haciendo”, manifestó, al tiempo que calificó al RIGI como una suerte de “estatuto del coloniaje”.
El legislador aclaró que los emprendimientos que cumplan los requisitos legales podrán continuar porque existen derechos adquiridos. Sin embargo, su cuestionamiento político al esquema de beneficios reabre una discusión especialmente sensible para empresas que deben comprometer miles de millones de dólares con horizontes de recuperación de varias décadas.
La preocupación no reside en la posibilidad de realizar controles administrativos, que forman parte de las facultades legales del Estado, sino en la incertidumbre que podría generar una eventual modificación de las condiciones de inversión o una aplicación discrecional de esos controles. El RIGI contempla mecanismos de fiscalización y sanciones por incumplimientos, pero también protege la estabilidad de los proyectos adheridos frente a cambios normativos posteriores.
En ese contexto, las críticas de Kirchner representan un cuestionamiento al instrumento que hoy acompaña algunos de los principales desarrollos exportadores de Vaca Muerta. Su propuesta no equivale, por sí sola, a una derogación anunciada del régimen, aunque deja expuesta la profunda diferencia entre los modelos de política económica que podrían disputar el rumbo energético argentino a partir de 2027. Dado que no existe ninguna denuncia sobre estos contratos, ¿Cabe la acusación de infame traidor a la patria?
Las perspectivas de largo plazo muestran la magnitud de lo que está en juego. El exsecretario de Energía Daniel Montamat proyecta que la producción nacional podría alcanzar 1,5 millones de barriles diarios a comienzos de la próxima década y que las exportaciones energéticas, actualmente cercanas a los US$10.000 millones anuales en períodos anteriores, podrían escalar hasta US$45.000 millones, impulsadas por el petróleo y el gas natural licuado.
La expansión también plantea una cuestión pendiente para el Estado nacional y las provincias productoras: cómo administrar una renta energética creciente, destinada no solamente a reforzar las reservas internacionales y mejorar las cuentas públicas, sino también a financiar infraestructura, diversificación productiva y desarrollo regional.
En definitiva, el crecimiento de Vaca Muerta demuestra que la disponibilidad de recursos naturales puede transformarse en inversiones y exportaciones cuando existe infraestructura suficiente para explotarlos comercialmente. El RIGI ha pasado a desempeñar un papel relevante en esa etapa, y el debate abierto por Máximo Kirchner vuelve a colocar en el centro de la discusión una condición decisiva para los grandes proyectos: la posibilidad de comprometer capital durante décadas sin que cada cambio de gobierno implique volver a discutir las reglas bajo las cuales se decidió invertir.
Fuentes consultadas: Secretaría de Energía de la Nación; INDEC, Intercambio Comercial Argentino, agosto de 2026; G&G Energy Consultants; Montamat & Asociados; Economía y Energía; Ministerio de Economía, resoluciones 302/2025, 559/2025 y 676/2026; Ley 27.742; Agencia Noticias Argentinas, declaraciones de Máximo Kirchner del 14 de octubre de 2026; antecedentes de YPF, VMOS, Oldelval, TGS y Southern Energy.
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