
“No se trata de apretar un botón”, dijo el responsable de las operaciones de la sala de control del LHC, Rende Steerenberg. “Esto conlleva una cierta sensación de tensión, de nerviosismo”, abundó.
Entre los posibles escollos se encuentran el descubrimiento de una obstrucción, la contracción de los materiales debido a una oscilación de la temperatura de casi 300 grados y las dificultades con los miles de imanes que ayudan a mantener miles de millones de partículas en un haz apretado mientras rodean el túnel del colisionador bajo la frontera suizo-francesa.
Steerenberg dijo que el sistema tiene que funcionar “como una orquesta”: “Para que el haz de partículas dé la vuelta, todos estos imanes tienen que tocar las funciones correctas y las cosas correctas en el momento adecuado”, dijo.
El conjunto de colisiones del LHC observadas en el CERN entre 2010 y 2013 aportó la prueba de la existencia de la largamente buscada partícula del bosón de Higgs que, junto con su campo de energía vinculado, se cree vital para la formación del universo tras el Big Bang hace 13.700 millones de años.
Los físicos esperan que la reanudación de las colisiones les ayude en su búsqueda de la llamada “materia oscura”, que se encuentra más allá del universo visible. Se cree que la materia oscura es cinco veces más frecuente que la materia ordinaria, pero no absorbe, refleja o emite luz. Hasta ahora, las búsquedas no han dado resultado.
“Vamos a aumentar drásticamente el número de colisiones y, por tanto, también la probabilidad de nuevos descubrimientos”, dijo Steerenberg, quien añadió que el colisionador funcionará hasta otra parada programada desde 2025 a 2027.
Un acelerador de partículas consiste en un artefacto que utiliza campos electromagnéticos para acelerar partículas cargadas a velocidades extremadamente elevadas, y así, hacerlas colisionar entre ellas.
Fuente Ambito





