Buenos Aires-22 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- La economía argentina volvió a encender una señal de alarma en febrero, cuando el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC registró una caída de 2,6% frente a enero en la medición desestacionalizada y una baja de 2,1% contra el mismo mes del año pasado. El retroceso no sólo quebró el envión positivo con el que había arrancado 2026, sino que además se convirtió en la peor contracción mensual desde diciembre de 2023, una sacudida que vuelve a poner bajo la lupa la consistencia de la recuperación que el Gobierno venía exhibiendo.
El dato oficial también golpeó porque quedó bastante por debajo de lo que esperaba el mercado. Un sondeo entre analistas había estimado para febrero una mejora interanual promedio de 0,4%, pero el número final terminó mostrando una caída de 2,1%. Esa brecha entre expectativa y realidad expone que, más allá de la estabilización macro y del freno a la inflación respecto de los picos previos, la actividad real sigue ofreciendo una foto mucho más frágil, especialmente en los sectores más vinculados al consumo, la producción industrial y la vida económica urbana.
El informe del INDEC dejó en claro que el desplome no fue uniforme. Ocho de los quince sectores relevados mostraron subas interanuales en febrero, con avances destacados en Pesca (14,8%) y en Explotación de minas y canteras (9,9%). También traccionó Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que avanzó 8,4%. Entre minería y agro aportaron 0,8 puntos porcentuales a la variación interanual del indicador general. Esa radiografía confirma una característica que ya se viene repitiendo: la mejora se concentra en ramas muy puntuales, con fuerte peso del sector primario y de actividades de menor intensidad laboral, mientras el resto de la economía sigue sin encontrar un piso firme.
La otra cara del informe es bastante más dura. Industria manufacturera se hundió 8,7% interanual y Comercio mayorista, minorista y reparaciones cayó 7%, dos rubros clave que por sí solos le restaron 2,2 puntos porcentuales al EMAE. También hubo bajas en ramas de servicios, con retrocesos en Transporte y comunicaciones, Intermediación financiera y otras actividades ligadas al circuito cotidiano de producción y consumo. El acumulado del primer bimestre ya quedó en terreno negativo, con una merma de 0,2% frente al mismo período de 2025. Eso implica que el año empezó con una economía dividida entre nichos que empujan y un núcleo más amplio que todavía no logra reaccionar.
El cuadro encaja con otros indicadores que ya venían anticipando dificultades. La propia Reuters había relevado en la previa que la industria seguía atravesando un febrero muy flojo, con una caída de 8,7% interanual en la producción manufacturera y una baja mensual de 4%, mientras el consumo daba señales apenas tenues. De hecho, el indicador de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) mostró para febrero un alza interanual de apenas 0,5% y una mejora de 0,9% contra enero, un movimiento todavía demasiado débil como para compensar el freno industrial y comercial que terminó pesando sobre el EMAE.
En el Gobierno buscarán aferrarse a un dato que permite moderar la lectura más pesimista: el componente tendencia-ciclo del EMAE avanzó 0,1% en febrero. Eso sugiere que, más allá del tropiezo puntual, todavía no se consolidó una reversión total del sendero de fondo. Pero políticamente el golpe existe y es fuerte, porque el número oficial llega en un momento en que la administración de Javier Milei necesita mostrar que la estabilización no se traduce sólo en orden fiscal y desinflación, sino también en crecimiento palpable para empresas, comercios y familias. El problema es que el rebote sigue siendo muy desigual y, cuando se pinchan industria y comercio, la sensación de recuperación se esfuma con rapidez.
El dato de febrero deja así una conclusión incómoda. La economía argentina no está frente a un derrumbe generalizado como el de la etapa más aguda de la recesión, pero tampoco exhibe una recuperación sólida y homogénea. El agro y la minería siguen aportando oxígeno, pero el corazón del mercado interno continúa bajo presión. Y mientras ese desequilibrio persista, cada mala cifra como la de febrero volverá a poner en evidencia que el rebote todavía está lejos de sentirse de manera amplia en la calle.





