Buenos Aires, 2 de junio de 2026 – Total News Agency – TNA-La decisión de Javier Milei de retirar el pliego de María Verónica Michelli como candidata a jueza federal desató una nueva crisis interna en La Libertad Avanza y dejó al bloque oficialista del Senado en estado de deliberación. El conflicto escaló al punto de que Patricia Bullrich, jefa de la bancada libertaria en la Cámara alta, le ofreció al Presidente su renuncia a la conducción del bloque, aunque el mandatario decidió rechazarla.
El caso golpea de lleno en la arquitectura política del oficialismo porque combina tres factores altamente sensibles: la relación de Milei con el periodismo que investiga al Gobierno, la autoridad de Karina Milei sobre el armado legislativo y la creciente autonomía política de Bullrich, que volvió a marcar diferencias públicas con una decisión de la Casa Rosada.
El pliego de Michelli, postulada para el Tribunal Oral Criminal Federal N° 3 de La Plata, fue objetado por el Gobierno luego de que trascendiera que la candidata es cuñada de Hugo Alconada Mon, periodista de La Nación que investigó el caso $LIBRA y otros asuntos sensibles para la administración libertaria. La explicación política del veto generó ruido inmediato: la aspirante no fue cuestionada por su trayectoria judicial, sino por un parentesco indirecto con un periodista crítico del poder.
La reacción de Bullrich fue contundente. La senadora anunció que no acompañará el retiro del pliego y anticipó que apelará a una suerte de objeción de conciencia. Su argumento, transmitido a legisladores del bloque antes de hacerlo público, fue que existe “todo un electorado que necesita gestos republicanos” y que vetar a una postulante por ser familiar de un periodista no ayuda en un momento en el que el oficialismo necesita reconstruir confianza y levantar su imagen.
Ese razonamiento cayó como una bomba dentro del mileísmo duro. En sectores cercanos a Karina Milei interpretan que Bullrich no sólo desafió una instrucción presidencial, sino que además dejó expuesta una debilidad política del Gobierno: el temor a la prensa crítica y la decisión de convertir un vínculo familiar en una causa de veto institucional. Para los aliados de la secretaria general de la Presidencia, la jugada de la senadora confirma que ya no se limita a conducir el bloque, sino que empieza a construir un perfil propio por fuera de la disciplina vertical libertaria.
La conversación entre Bullrich y Milei habría sido pacífica en las formas, pero no estuvo exenta de tensión. Según reconstrucciones legislativas, la jefa del bloque puso su renuncia a disposición del Presidente al explicar que no estaba dispuesta a votar contra sus principios. Milei no aceptó la dimisión y, por ahora, no hay señales de una salida inmediata de la senadora de la conducción de la bancada.
El problema es que el daño interno ya está hecho. Desde el lunes, el bloque oficialista quedó en estado de deliberación. Algunos senadores apoyaron la postura de Bullrich, otros marcaron diferencias y varios optaron por el silencio, conscientes de que el episodio puede abrir una pregunta incómoda: si la jefa de bloque tiene libertad para votar contra una decisión de la Casa Rosada, ¿también la tendrán los demás legisladores en otros temas sensibles?
Esa duda recorre ahora la bancada. Un sector advierte que La Libertad Avanza no puede funcionar como una suma de voluntades individuales si pretende sostener una agenda legislativa compleja. Otros, en cambio, creen que el Gobierno cometió un error al transformar el caso Michelli en una demostración de poder contra una candidata que ya había reunido avales suficientes en comisión.
La situación de la Comisión de Acuerdos es clave. El pliego de Michelli tenía las firmas necesarias para avanzar hacia el recinto, pero el presidente de la comisión, Juan Carlos Pagotto, senador de La Libertad Avanza por La Rioja, no oficializó el dictamen. En el oficialismo señalan que Pagotto actuó alineado con Karina Milei, que buscaba frenar el trámite antes de que la nominación llegara al pleno del Senado.
La decisión de retener el dictamen también generó reproches internos. Algunos legisladores libertarios sostienen que, si el despacho se hubiera presentado a tiempo, el Gobierno no habría quedado atrapado en esta crisis. Otros apuntan contra el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, a quien responsabilizan por no haber revisado previamente los antecedentes políticos y familiares de los candidatos antes de enviar los pliegos al Senado.
El caso exhibe una falla de coordinación entre la Casa Rosada, el Ministerio de Justicia y la conducción parlamentaria. Primero se impulsó una candidatura; luego se advirtió un vínculo familiar incómodo; finalmente se intentó retirar el pliego cuando ya estaba en condiciones de avanzar. El resultado fue una tormenta política que pudo haberse evitado con una revisión previa más rigurosa.
La oposición dialoguista observa el conflicto con atención. Radicales, senadores del PRO y bloques provinciales habían mostrado disposición a acompañar distintos proyectos del Gobierno, pero el veto a Michelli por su parentesco con un periodista puede intoxicar esa relación. Para esos sectores, el episodio deja una señal preocupante sobre la relación del oficialismo con la independencia judicial y con la prensa.
El fiscal federal Guillermo Marijuan incluso pidió investigar si la exclusión de Michelli pudo constituir un acto discriminatorio. Más allá del recorrido judicial que pueda tener esa presentación, el dato agrega presión institucional sobre un Gobierno que ya viene enfrentando cuestionamientos por el caso $LIBRA, la causa patrimonial de Manuel Adorni y las tensiones internas entre los distintos polos de poder libertario.
En el entorno de Bullrich leen el episodio como una defensa de la institucionalidad y no como una ruptura. La senadora entiende que acompañar el retiro del pliego implicaría avalar un criterio peligroso: que un postulante judicial pueda ser vetado no por su idoneidad, sino por el trabajo periodístico de un familiar político. Para una dirigente que busca sostener un perfil de orden, autoridad y republicanismo, ese costo podía resultar demasiado alto.
Sin embargo, en el karinismo la lectura es distinta. Allí ven una nueva muestra de autonomía de Bullrich, que ya había incomodado al Gobierno cuando reclamó a Manuel Adorni que anticipara su declaración jurada patrimonial en medio de la investigación por presunto enriquecimiento ilícito. Aquel movimiento fue interpretado como una crítica indirecta a la decisión de Karina Milei de sostener al jefe de Gabinete contra viento y marea.
La acumulación de gestos empieza a preocupar al núcleo presidencial. Bullrich no rompe con Milei, pero tampoco acepta quedar reducida a una ejecutora silenciosa de las órdenes de la Casa Rosada. Su peso político, su experiencia y su vínculo con sectores del electorado de seguridad y antikirchnerismo duro le dan un margen propio que otros legisladores libertarios no tienen.
Dentro del bloque, los apoyos a Bullrich habrían llegado de senadores como Carmen Álvarez Rivero y Luis Juez, ambos con historia o afinidad política con el espacio que lideró la ex ministra. En la vereda opuesta aparecen los legisladores más leales a los hermanos Milei, entre ellos Nadia Márquez, María Emilia Orozco y Joaquín Benegas Lynch, identificados con el sector de mayor obediencia al Presidente y a Karina Milei.
La composición de la Comisión de Acuerdos también quedó bajo debate. Algunos libertarios cuestionan que, por buscar equilibrios con provinciales, radicales y dirigentes del PRO, el oficialismo haya terminado dejando mayoría de hecho en manos de la oposición dialoguista. Esa ingeniería permitió que el pliego de Michelli reuniera apoyos suficientes y dejó al Gobierno ante la necesidad de frenar el proceso por la vía política.
La crisis tiene, además, una proyección electoral. En sectores del oficialismo creen que Bullrich no sólo está discutiendo un pliego judicial, sino enviando una señal hacia 2027. Su mensaje busca mostrarla como una dirigente capaz de acompañar a Milei sin renunciar a posiciones propias, especialmente en temas institucionales que impactan sobre votantes republicanos, moderados o desencantados con el estilo más áspero de la Casa Rosada.
Para Milei, el dilema es evidente. Necesita a Bullrich dentro del esquema oficialista porque aporta gobernabilidad, votos, experiencia parlamentaria y llegada a sectores que no provienen del libertarianismo puro. Pero también necesita preservar la autoridad de Karina Milei, que controla el armado político, las lealtades internas y buena parte de la arquitectura territorial de La Libertad Avanza.
La oferta de renuncia revela hasta qué punto la interna dejó de ser un ruido menor. Si la jefa del bloque oficialista pone su cargo a disposición del Presidente por un pliego judicial, el conflicto ya no puede ser presentado como una simple diferencia táctica. Es una señal de que la coalición libertaria todavía no logró resolver cómo se toman las decisiones, quién impone la disciplina y qué margen tienen las figuras con volumen propio.
El episodio también afecta el vínculo del Gobierno con el Senado, una cámara donde el oficialismo necesita acuerdos permanentes para avanzar. Si los dialoguistas interpretan que la Casa Rosada puede vetar candidaturas judiciales por razones personales o políticas, la confianza legislativa puede resentirse. Y si los propios senadores libertarios empiezan a preguntarse si tienen libertad de acción, la conducción del bloque queda debilitada.
La decisión sobre Michelli abrió una grieta institucional y política que amenaza con extenderse más allá del pliego. El Gobierno quiso evitar el ascenso de una candidata por su parentesco con un periodista incómodo. Bullrich convirtió ese veto en un límite republicano. Karina Milei lo leyó como un desafío. Y el bloque libertario quedó atrapado entre la obediencia al Presidente y la necesidad de no pagar todos los costos de una decisión difícil de defender.
En la superficie, el conflicto gira alrededor de una jueza. En el fondo, vuelve a mostrar la disputa por el poder real dentro de La Libertad Avanza. Milei conserva la centralidad absoluta, Karina exige disciplina, los Menem intentan ordenar el dispositivo político y Bullrich recuerda que tiene juego propio. La crisis del pliego Michelli es apenas el último síntoma de una coalición que ganó poder, pero todavía no aprendió a administrarlo sin lastimarse.





