El escenario electoral en Perú, a escasos doce días del debate presidencial del 31 de mayo, presenta un cuadro de alta volatilidad donde las estructuras tradicionales de movilización electoral parecen haber llegado a un punto de saturación. Con un empate técnico que sitúa a Keiko Fujimori (39,2%) y Roberto Sánchez (38,6%) prácticamente en la misma línea de partida —datos que se desprenden del reciente tracking realizado por Black Folder | 5trategic Info Group—, la elección se ha transformado en un juego de suma cero donde la capacidad de retención del electorado propio vale más que cualquier intento de captar votos del segmento contrario. El escenario se explica a través de tres ejes críticos identificados por la consultora:
La inercia de la abstención diferencial: Existe una asimetría marcada en el comportamiento de los electorados. Mientras que la base de Keiko Fujimori exhibe una disciplina de voto consolidada —con una participación proyectada del 89% en su segmento de mayor edad—, la candidatura de Roberto Sánchez enfrenta un riesgo estructural de abstención del 29%. Este fenómeno es particularmente agudo en el electorado joven (18-29 años), donde la volatilidad y la propensión al voto en blanco alcanzan niveles preocupantes, lo que le otorga a Fujimori una ventaja técnica de entre 3 y 4 puntos porcentuales en el cómputo del voto emitido.

La fragmentación del voto conservador: El electorado de Rafael López Aliaga se ha convertido en el componente más disruptivo de esta segunda vuelta. La falta de una directiva política clara ha derivado en una dispersión donde solo el 59% se inclina por Fujimori, mientras que un porcentaje significativo (30%) se refugia en el voto blanco o la abstención técnica. Esta “fuga” representa para el espacio opositor una pérdida neta de 4 a 5 puntos porcentuales en comparación con un escenario de consolidación de voto.
La vulnerabilidad judicial como factor determinante: El entorno judicial de Roberto Sánchez introduce un elemento de incertidumbre exógena que los modelos predictivos de Black Folder | 5IG subrayan como crítico. Con un 28% de su electorado en estado de “indecisión latente”, cualquier novedad en su proceso penal podría precipitar un corrimiento de 5 a 8 puntos de intención de voto hacia el espacio de Fujimori, alterando el equilibrio precario actual.
El debate del 31 de mayo no debe ser interpretado como una oportunidad de persuasión masiva, sino como un evento de contención de riesgos. La probabilidad de que se mantenga el empate técnico ante un desempeño parejo es del 45%. Sin embargo, el riesgo de un “error fatal” (10% de probabilidad) o de una victoria contundente por parte de cualquiera de los candidatos mantiene el margen de maniobra en un terreno de extrema sensibilidad.
En definitiva, la elección se define en el segmento de los “indecisos latentes” y en la capacidad de los candidatos para activar ese 9% de voto oculto que, históricamente, suele decantarse por opciones de orden en la etapa final. La estrategia de cara al cierre de campaña debería enfocarse menos en el crecimiento expansivo y más en la mitigación de los factores que podrían erosionar la base actual: la cuestión judicial para Sánchez y la gestión del voto conservador no movilizado para Fujimori.





