Kiev, 2 de junio de 2026 – Total News Agency – TNA–Rusia lanzó durante la madrugada de este martes uno de los ataques aéreos más violentos contra Ucrania desde el inicio de la invasión ordenada por Vladimir Putin en febrero de 2022. La ofensiva combinó 73 misiles y 656 drones de largo alcance, golpeó a Kiev, Dnipró, Járkov, Zaporiyia y Poltava, y dejó al menos 18 muertos y más de 100 heridos, según los reportes ucranianos actualizados.
La magnitud del ataque volvió a mostrar la decisión del Kremlin de sostener una campaña de desgaste contra la infraestructura civil y estratégica ucraniana, mientras el frente militar permanece trabado y Moscú intenta compensar sus limitados avances terrestres con bombardeos cada vez más amplios sobre centros urbanos.
En Kiev, las explosiones sacudieron distintos distritos durante la noche y obligaron a miles de personas a refugiarse en estaciones de subte, garajes, sótanos y espacios subterráneos. Las columnas de humo cubrieron parte de la capital ucraniana después de los impactos, mientras los equipos de emergencia trabajaban entre incendios, edificios dañados, vehículos destruidos y cortes de electricidad.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, informó que varias personas murieron en la capital y decenas resultaron heridas, entre ellas menores de edad. La ofensiva alcanzó viviendas, comercios, instalaciones médicas y sectores de infraestructura crítica, en una escena que los vecinos describieron como una noche de terror bajo sucesivas oleadas de drones y misiles.
La situación más dramática se registró en Dnipró, donde parte de un edificio residencial quedó destruido. Allí murieron al menos una docena de personas, incluidos niños, y decenas fueron hospitalizadas con traumatismos, fracturas, quemaduras y heridas de metralla. Los rescatistas continuaban buscando sobrevivientes bajo los escombros, mientras las autoridades advertían que el número de víctimas podía aumentar.
La Fuerza Aérea de Ucrania informó que las defensas antiaéreas lograron destruir o neutralizar 602 drones y 40 misiles, aunque decenas de objetivos fueron alcanzados. El dato vuelve a desnudar una vulnerabilidad central para Kiev: sin suficientes sistemas occidentales de defensa aérea, especialmente Patriot, las ciudades ucranianas quedan expuestas a ataques combinados con misiles balísticos, drones de saturación y armamento hipersónico.
El presidente Volodímir Zelenskyy reclamó nuevamente asistencia militar adicional de Estados Unidos y Europa, con especial énfasis en interceptores y baterías Patriot. Para Kiev, ese sistema es clave porque permite enfrentar misiles balísticos y reducir el impacto de ataques masivos como el de este martes. La escasez de municiones antiaéreas se convirtió en uno de los puntos más sensibles de la guerra, en momentos en que Rusia aumenta la presión sobre ciudades y redes energéticas.
Zelenskyy sostuvo que la ofensiva rusa dejó un mensaje claro: si Ucrania no recibe más protección contra misiles balísticos y drones de largo alcance, los ataques continuarán. Su gobierno insiste en que la defensa aérea no sólo protege infraestructura, sino que salva vidas civiles y evita que Putin utilice el terror urbano como herramienta de negociación.
El Ministerio de Defensa de Rusia, por su parte, confirmó la operación y afirmó que los ataques estuvieron dirigidos contra empresas del complejo militar-industrial ucraniano, depósitos de combustible, infraestructura de transporte y aeródromos militares. Moscú sostuvo que utilizó armas de largo alcance lanzadas desde aire, tierra y mar, además de drones y misiles hipersónicos, y aseguró que “todos los objetivos fueron alcanzados”.
La explicación rusa fue presentada como una represalia por supuestos ataques ucranianos contra territorio controlado por Moscú. El Kremlin viene anunciando desde fines de mayo una campaña de golpes sistemáticos contra lo que denomina “centros de decisión” de Ucrania, una fórmula que en la práctica vuelve a colocar a grandes ciudades bajo amenaza directa.
La ofensiva también tuvo impacto en otras regiones. Járkov, Zaporiyia y Poltava reportaron daños y heridos tras el paso de drones y misiles. En paralelo, autoridades rusas informaron la muerte de un civil en la región fronteriza de Kursk por un ataque atribuido a Ucrania, y un incendio en la refinería de Ilski, en la región de Krasnodar, luego de una incursión de drones.
El ataque de este martes se inscribe en una fase de escalada aérea cada vez más intensa. Rusia incrementó en las últimas semanas el uso de drones de largo alcance y misiles de mayor costo, mientras Ucrania profundizó sus ataques contra refinerías, depósitos de combustible e instalaciones militares dentro de territorio ruso. La guerra, lejos de acercarse a una salida diplomática, parece entrar en una etapa de golpes cruzados sobre infraestructura crítica.
Para Putin, la ofensiva busca enviar una señal de fuerza después de meses de desgaste militar y de escasos avances decisivos en el frente. Para Ucrania, en cambio, confirma que Rusia mantiene una estrategia basada en castigar a la población civil, quebrar la moral social y forzar concesiones bajo presión.
El nuevo bombardeo vuelve a dejar a Europa frente a una pregunta incómoda: si está dispuesta a sostener a Ucrania con la velocidad y el volumen de ayuda militar que exige la guerra real, o si seguirá reaccionando después de cada tragedia, cuando los muertos ya están bajo los escombros.
A más de cuatro años del inicio de la invasión rusa, la ofensiva de este martes confirma que Moscú no muestra señales de reducir su agresión. Por el contrario, el uso simultáneo de cientos de drones, misiles balísticos, armas hipersónicas y ataques sobre ciudades marca un endurecimiento del conflicto y vuelve a ubicar a Kiev ante una urgencia estratégica: recibir más defensa aérea antes de que la próxima madrugada vuelva a convertirse en una cacería sobre civiles.





