Por Daniel Romero
Nueva Jersey, 3 de junio de 2026-Total News Agency-TNA-Adam Hishan Hamawy, cirujano plástico, veterano del Ejército de Estados Unidos y referente del ala progresista pro palestina del Partido Demócrata, ganó las primarias demócratas en el Distrito 12 de Nueva Jersey y quedó encaminado a disputar en noviembre una banca en el Congreso por un distrito considerado ampliamente favorable para los demócratas.
La victoria de Hamawy, sin embargo, abrió una fuerte controversia política y de seguridad en Estados Unidos. No se trata de cuestionar su fe musulmana, sino de un dato mucho más delicado: su pasado aparece atravesado por contactos y actividades vinculadas a ambientes islamistas radicales, entre ellas su trabajo como voluntario en una organización benéfica musulmana que años después fue clausurada y sancionada por sus lazos con Al Qaeda, además de su cercanía juvenil con Omar Abdel Rahman, el llamado “Jeque Ciego”, clérigo terrorista condenado en Estados Unidos por conspiraciones vinculadas al primer atentado contra el World Trade Center y otros objetivos en Nueva York.
El resultado electoral tiene una carga simbólica difícil de soslayar. En un país marcado por los atentados del 11 de septiembre de 2001, y en una región —Nueva York y Nueva Jersey— donde la memoria del terrorismo islamista no pertenece a los libros de historia sino a la experiencia directa de miles de familias, el ascenso político de figuras como Hamawy vuelve a exponer la deriva de una parte del progresismo norteamericano. La pregunta que surge, inevitablemente, es cómo sectores del electorado demócrata terminan premiando candidaturas rodeadas de antecedentes incómodos y respaldadas por el mismo entramado ideológico que suele relativizar el terrorismo, demonizar a Israel y presentar a los grupos radicalizados de Medio Oriente como simples actores de resistencia.
Hamawy se impuso en una primaria muy concurrida para suceder a la congresista demócrata Bonnie Watson Coleman, que se retira de la banca. En noviembre enfrentará al republicano Greg Mele, aunque el distrito históricamente favorece al Partido Demócrata, por lo que su triunfo en la interna lo coloca en una posición privilegiada para llegar al Capitolio.
El aspecto más sensible de su biografía es su paso por Benevolence International Foundation, una entidad que se presentaba como organización humanitaria, pero que luego fue identificada por autoridades estadounidenses e internacionales como estructura asociada a Al Qaeda. Hamawy habría trabajado como voluntario en Bosnia en 1994, cuando el conflicto balcánico se había convertido también en un punto de atracción para redes islamistas y combatientes extranjeros. Años después, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos designó a esa fundación y a entidades relacionadas como financiadoras del terrorismo. La ONU también incluyó a Benevolence International Foundation en su listado vinculado a Al Qaeda, Osama bin Laden y redes asociadas.
La controversia se agrava por el antecedente de Omar Abdel Rahman, el “Jeque Ciego”, una de las figuras más oscuras del islamismo radical en territorio estadounidense. Abdel Rahman fue condenado en 1995 por conspiración sediciosa y por planes de ataques contra objetivos de alto impacto en Nueva York, incluidos túneles, puentes, edificios federales y la sede de Naciones Unidas. El Departamento de Justicia lo señaló como jefe de una red que buscaba ejecutar una campaña de terrorismo urbano contra Estados Unidos.
Según publicaciones periodísticas norteamericanas, Hamawy mantuvo contacto con Abdel Rahman en los años noventa, viajó con él, actuó como traductor en una conferencia de prensa y declaró como testigo en su juicio. El hoy candidato demócrata minimizó ese vínculo y sostuvo que se trató de hechos ocurridos tres décadas atrás, cuando el clérigo era una figura conocida dentro de ciertos círculos comunitarios. También afirmó que condena todo extremismo y toda violencia.
Su defensa se apoya en su trayectoria posterior: Hamawy sirvió más de dos décadas en el Ejército de Estados Unidos, llegó al rango de teniente coronel, prestó servicios médicos en Irak y es mencionado por haber participado en la atención que salvó la vida de la actual senadora Tammy Duckworth. Además, su entorno remarca que asistió a víctimas tras los atentados del 11 de septiembre en la zona cero de Nueva York. Para sus defensores, los cuestionamientos actuales forman parte de una campaña de ataques por su identidad musulmana y por su posición crítica frente a Israel.
Pero esa explicación no alcanza para despejar el problema político. En el clima actual de Estados Unidos, donde universidades, sindicatos, ONG y sectores del Partido Demócrata adoptaron un discurso cada vez más hostil hacia Israel y más indulgente con narrativas pro palestinas radicalizadas, la candidatura de Hamawy aparece como una nueva señal de corrimiento ideológico. Su campaña recibió apoyo de referentes de la izquierda demócrata como Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Rashida Tlaib y Ro Khanna, todos ellos ubicados en el sector más crítico de la política exterior tradicional estadounidense y, en muchos casos, muy duros contra el Estado de Israel.
También se lo vincula políticamente con Linda Sarsour, activista conocida por su militancia pro palestina y por sus posiciones polémicas dentro del progresismo estadounidense. Ese respaldo refuerza la lectura de que Hamawy no es apenas un candidato local de Nueva Jersey, sino parte de una corriente nacional que busca consolidar poder dentro del Partido Demócrata desde posiciones de izquierda identitaria, antiisraelíes y fuertemente críticas de la política de seguridad de Estados Unidos.
El caso adquiere mayor sensibilidad porque no ocurre en un distrito alejado de la memoria del terrorismo, sino en el área metropolitana que sufrió primero el atentado de 1993 contra el World Trade Center y luego el ataque masivo de Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001. Para amplios sectores conservadores, resulta incomprensible que el progresismo norteamericano promueva candidatos con antecedentes tan controvertidos en una región que todavía carga con la memoria de las Torres Gemelas y de las redes islamistas que operaron en suelo estadounidense.
La cuestión no es religiosa. Estados Unidos garantiza libertad de culto y participación política a todos sus ciudadanos. El punto es otro: qué grado de indulgencia está dispuesto a aceptar el Partido Demócrata frente a trayectorias que rozan organizaciones y figuras ligadas al terrorismo islamista, y por qué esos antecedentes no bloquean sino que, en algunos círculos, parecen incluso ser absorbidos como parte de una épica militante.
En noviembre, Adam Hishan Hamawy buscará transformar su victoria interna en una banca federal. Si lo consigue, no sólo será un triunfo electoral del ala progresista demócrata. También será una señal inquietante sobre la velocidad con la que ciertas advertencias de seguridad, memoria histórica y sentido común político parecen diluirse en la nueva cultura electoral de la izquierda estadounidense.
No deja de acudir a la memoria la serie Homeland, sin que esto sea un juicio de valor, donde se narra la historia de un sargento de la Marina estadounidense (Nicholas Brody) que regresa a Estados Unidos tras estar ocho años prisionero en Irak. Es recibido como un héroe nacional, pero una brillante y obsesiva agente de la CIA (Carrie Mathison) sospecha que en realidad fue convertido por terroristas y es una amenaza. pero sin duda Hollywood es Hollywood.





