Buenos Aires, 5 de junio de 2026-Total News Agency-TNA--La muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari, a los 77 años, provocó una conmoción inmediata en el mundo del rock argentino y abrió una investigación judicial para determinar con precisión qué ocurrió durante sus últimas horas en su casa de Parque Leloir, en el partido bonaerense de Ituzaingó, donde fue hallado sin vida en cercanías de una pileta interna.
El histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una de las figuras más influyentes y enigmáticas de la cultura popular argentina, fue encontrado este viernes por la mañana por su cuidadora, quien llegó al domicilio alrededor de las 8 para comenzar su jornada laboral. Al advertir la situación, la mujer dio aviso al servicio de emergencia médica privada, que se trasladó hasta la vivienda pero no logró reanimar al músico.
Según informó la Fiscalía General de Morón, el aviso formal se registró aproximadamente a las 8.30. El cuerpo de Solari fue encontrado “en cercanías de una pileta interna” de su domicilio, una zona de la casa que el artista utilizaba como parte de sus rutinas de cuidado físico, en medio del cuadro de Parkinson que padecía desde hacía una década.
El fiscal de turno Lucio Rivero, de la Unidad Funcional de Instrucción N° 2 descentralizada de Ituzaingó, se presentó en el lugar y ordenó las primeras medidas de rigor. Entre ellas, dispuso la intervención de peritos de la Policía Científica de la Policía Bonaerense y la realización de la autopsia médico-legal para establecer la causa de muerte y despejar si el deceso se produjo por una descompensación, una caída o algún episodio vinculado al uso de la pileta.
Fuentes vinculadas al caso señalaron que, por el momento, no existen indicios de intervención de terceras personas ni sospechas contra quienes asistían al músico en su vida cotidiana. La causa quedó bajo análisis judicial como averiguación de causales de muerte, una práctica habitual cuando un fallecimiento ocurre en un domicilio particular y bajo circunstancias que deben ser certificadas por peritos.
La vivienda de Solari, ubicada sobre la calle Rubén Darío al 4200, fue rápidamente rodeada por móviles policiales, personal judicial y efectivos de apoyo. También trabajaron en la zona agentes de tránsito del municipio de Ituzaingó, ante la llegada de fanáticos que comenzaron a acercarse al barrio para despedir al artista. En pocas horas, el silencio habitual de Parque Leloir se transformó en una postal de duelo ricotero, con seguidores que llegaron para dejar flores, mensajes y cantar fragmentos de canciones que marcaron a varias generaciones.
La salud de Indio Solari venía siendo motivo de atención pública desde marzo de 2016, cuando durante un show en Tandil confirmó ante una multitud que padecía Parkinson. “Mr. Parkinson me está pisando los talones”, dijo entonces, con la mezcla de ironía y crudeza que caracterizó muchas de sus intervenciones públicas. Desde ese momento, su exposición se volvió cada vez más medida y su presencia en los escenarios comenzó a espaciarse.
Su último gran recital presencial fue en Olavarría, en 2017, una convocatoria multitudinaria que terminó también atravesada por la tragedia, con dos muertos y una fuerte polémica por la organización. Después de aquel episodio, Solari se retiró de los escenarios masivos, aunque continuó activo a través de grabaciones, mensajes, participaciones virtuales y el trabajo junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la banda que lo acompañó en su etapa posterior a Los Redondos.
En los últimos años, el músico había construido una vida mucho más reservada en su casa de Parque Leloir, donde tenía un estudio de grabación, espacios de rehabilitación y una pileta climatizada que utilizaba para aliviar dolores y mantener cierta actividad física. En entrevistas recientes había definido esa propiedad como una suerte de “pequeño resort” armado a su medida, con comodidades pensadas para su salud y su rutina artística.
La muerte de Solari sacude a una parte central de la memoria musical argentina. Nacido el 17 de enero de 1949, fue la voz, el letrista y uno de los cerebros creativos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, banda nacida en la escena alternativa de La Plata y convertida con los años en un fenómeno cultural de masas. Con discos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado, Lobo suelto, cordero atado, Luzbelito y Momo Sampler, el grupo construyó una identidad propia, alejada de las reglas de la industria tradicional y sostenida por una fidelidad popular pocas veces vista en la música argentina.
Tras la separación de Los Redondos en 2001, Solari inició una carrera solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, con trabajos como El tesoro de los inocentes, Porco Rex, El perfume de la tempestad, Pajaritos, bravos muchachitos y El ruiseñor, el amor y la muerte. Su figura, siempre esquiva frente a los medios, combinó mística, poesía urbana, crítica social y una relación casi ritual con sus seguidores.
En mayo de este año, la Universidad de Buenos Aires le otorgó el título de Doctor Honoris Causa, la máxima distinción de esa casa de estudios, en reconocimiento a su trayectoria y a su aporte a la cultura popular. Solari no participó presencialmente del acto por sus problemas de salud, pero envió un mensaje de agradecimiento que terminó funcionando, sin que nadie lo supiera entonces, como una de sus últimas apariciones públicas.
La autopsia será clave para cerrar la reconstrucción judicial de sus últimas horas. Mientras tanto, la noticia ya excede el expediente y ocupa otro lugar: el de la despedida colectiva a un artista que, con una obra cargada de imágenes, frases y símbolos, atravesó generaciones enteras y dejó una marca difícil de encasillar en la historia del rock nacional.





