Villa Domínico – 7 de junio de 2026 – Total News Agency – TNA– Una multitud despidió este domingo a Carlos Alberto “Indio” Solari en el Polideportivo José María Gatica, en Villa Domínico, donde el velorio público del exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se transformó en una ceremonia popular atravesada por el llanto, las banderas, las remeras, las flores y las canciones que marcaron a varias generaciones de argentinos.
El músico, fallecido el viernes 5 de junio a los 77 años, fue despedido por miles de fanáticos que llegaron desde distintos puntos del país para darle el último adiós. La fila se extendió por más de 7 kilometros, desde Villa Domínico hacia Sarandí, en una postal que recordó, por su dimensión emocional y humana, la liturgia ricotera que durante décadas convirtió cada recital en una peregrinación.
Dentro del polideportivo, el escenario fue sobrio y contundente: telas negras, una pantalla con la palabra “Indio”, la inscripción “1949 – ∞”, un cajón brillante y una alfombra improvisada de banderas, flores y remeras. Allí, frente a la certeza física de la muerte, muchos de los seguidores que habían esperado durante horas terminaron quebrándose. Algunos se persignaron, otros levantaron banderas, otros abrazaron a sus hijos y muchos apenas pudieron decir “gracias” antes de salir en silencio.
Afuera, la música funcionó como sostén emocional. Los parlantes hicieron sonar temas de Los Redondos y de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, mientras la multitud alternaba entre el canto y el llanto. En algunos momentos, la tristeza parecía imponerse; en otros, bastaba que sonara una canción reconocible para que la fila volviera a cantar como si se tratara de una última misa ricotera.
El fenómeno Solari excedió siempre lo musical. Con Los Redondos, banda que formó junto a Skay Beilinson, construyó una de las experiencias culturales más independientes y convocantes de la historia argentina. Sin apoyarse en los grandes circuitos tradicionales de promoción, el grupo logró una relación directa con su público, basada en la autogestión, la poesía críptica, el misterio y una identidad colectiva que atravesó clases sociales, generaciones y geografías.
Tras la separación de la banda en 2001, Solari continuó su carrera con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, mantuvo una convocatoria masiva y consolidó un vínculo casi religioso con sus seguidores. En 2016 hizo público que padecía Parkinson, enfermedad que lo llevó a alejarse progresivamente de los escenarios después de su última presentación en vivo en 2017, aunque siguió ligado a proyectos musicales y apariciones especiales.
La despedida también mostró la dimensión federal del fenómeno. Hubo fanáticos que viajaron desde La Pampa, Corrientes, Catamarca, Tucumán, Misiones, Mar del Plata, José C. Paz y otros puntos del país. Muchos llevaron flores, otros banderas gastadas por años de ruta y recitales, y otros simplemente una remera como marca de pertenencia a una comunidad que encontró en las canciones del Indio una forma de contar su propia vida.
El operativo incluyó personal de Defensa Civil, emergencias médicas, bomberos, agentes municipales y organismos de salud, con el objetivo de ordenar el ingreso y evitar amontonamientos peligrosos. Pese a la magnitud de la convocatoria, la jornada transcurrió con un clima general de respeto, emoción y dolor compartido.
La muerte del Indio Solari golpeó a la cultura argentina porque se fue una figura incómoda, hermética, masiva y profundamente popular. Fue poeta de una multitud que aprendió a leer sus letras como claves personales, políticas y existenciales. Su figura unió el rock, la calle, la ruta, el aguante y una forma de resistencia cultural que ningún manual de marketing hubiera podido fabricar.
Este domingo, en Villa Domínico, quedó claro que el adiós al Indio no fue solamente el velorio de un músico. Fue la despedida de un símbolo argentino. Y también la confirmación de que, para sus seguidores, algunas ausencias sólo pueden llorarse cantando.





